Puntos importantes
El crédito en Argentina cerró octubre con una caída del 1,1% real y acumula seis meses consecutivos en baja. Ocurre justo en el primer mes del trimestre en el que las entidades habían anticipado al Banco Central que esperaban una recuperación de la demanda de las familias.
El caso es que no hubo repunte. Hubo otra caída. Y del lado de los dólares, el sistema sumó apenas u$s186 millones en préstamos mientras acumulaba depósitos por casi u$s43.000 millones.
Incluso los números del mes muestran que el deterioro no se concentró en una sola línea sino que atravesó todo el crédito a las familias. La baja se da después de retrocesos del 1,7% en mayo, 0,8% en junio, 1,2% en julio, 0,9% en agosto y 0,5% en septiembre. El único mes positivo del período fue abril, con una suba del 0,1%.
Dentro de octubre, el peor desempeño fue el de las tarjetas de crédito, que cayeron 2,1%, seguidas por los préstamos personales con una baja del 0,1%. Las líneas con garantía real fueron las únicas que crecieron, con un avance del 2,3% impulsado por los hipotecarios. En el total, los préstamos en pesos a familias retrocedieron 0,3%.
El informe de First Capital Group sobre los mismos datos agrega la dimensión anual y ahí el cuadro es todavía más severo:
- El stock de tarjetas de crédito llegó a $25,5 billones (-12,2% interanual real)
- Préstamos personales se ubicaron en $22,5 billones (-8,3% interanual). Bajas reales en 12 de los últimos 13 meses
- Los prendarios, en $6,8 billones (-10,4%) por la debilidad de la venta de autos
El consumo masivo confirma esa lectura. Scentia midió una caída del 1,2% interanual en las cantidades vendidas durante septiembre y del 2,7% en los primeros nueve meses. NielsenIQ registró un retroceso del 5,8% interanual en el bimestre agosto y septiembre, contra el 1,6% del bimestre anterior.
La mejora que entusiasmó a los bancos
A fines de octubre, el ecosistema financiero local tenía motivos para el optimismo. La Encuesta de Condiciones Crediticias del Banco Central del tercer trimestre había mostrado que las entidades esperaban un aumento de la demanda de crédito de las familias para el cuarto trimestre, y los indicadores de mora empezaban a darles la razón.
La probabilidad de default de los hogares había bajado a 3,71% en agosto, su menor nivel en doce meses y el tercer descenso mensual consecutivo. La morosidad general de los bancos había caído a 12,8%, con un retroceso de 0,13 puntos porcentuales respecto de julio y la primera baja en veinte meses. Ese escenario fue el que llevó a que las entidades y las billeteras digitales salieran a dar más créditos ante la caída del riesgo de mora futura.
El tema es que, según la consultora 1816, la mejora se explica por una caída del saldo en mora, no por un aumento del crédito. Las refinanciaciones llegaron al 3,9% del crédito a familias en septiembre, un máximo de toda la serie. A eso se suma que parte del descenso del saldo irregular proviene de castigos contables, que son bajas de cartera y no significan que las deudas se hayan pagado.
Es decir, el indicador mejoró porque los bancos limpiaron los balances, no porque los deudores se recuperaran. El hogar que refinanció sigue endeudado y el que fue castigado sigue sin poder tomar crédito. Esa es la razón por la que la expectativa de más demanda no se tradujo en el primer mes del trimestre. La capacidad de pago no cambió, lo que se modificó fue la contabilidad.
El antecedente de este círculo ya está documentado, porque hace meses que los los bancos y las billeteras frenan los préstamos mientras priorizan bajar la morosidad, y el reparto del deterioro no fue parejo entre unos y otros, con la mora récord frenando en los bancos y disparándose en las billeteras.
Los dólares que el sistema no presta
A todo este panorama sumamente complejo hay que agregarle que el stock de préstamos en moneda extranjera pasó de u$s26.166 millones a u$s26.352 millones. Esto significa que en todo octubre se agregaron u$s186 millones. Se trata del menor monto mensual del año y también la menor tasa de crecimiento, con un avance del 0,7% que contrasta con el 44,3% interanual que todavía exhibe la serie.
El financiamiento con tarjeta de crédito en dólares cayó 12,5% en el mes y quedó en u$s752 millones. Los préstamos comerciales, que representan el 74,3% de la deuda en esa moneda, subieron 0,9% mensual y 45,9% interanual, así que el freno no vino de las empresas.
Mientras tanto, las colocaciones en dólares tocaron un récord cercano a los u$s43.000 millones después de crecer más de u$s900 millones en el mes. Puestos uno al lado del otro, los números dicen que el sistema tiene depósitos en dólares por u$s43.000 millones y presta u$s26.352 millones.
Eso deja alrededor de u$s16.650 millones que entraron al sistema y no salieron como crédito. Dicho de otro modo, por cada dólar depositado el sistema presta unos 61 centavos.
Desde los bancos describieron el freno como una pausa normal y previsible, aunque sin una causa clara. Las líneas y las tasas no cambiaron de manera significativa y el dólar subió apenas 0,8% en el mes, por debajo de la inflación.
La única línea que crece
El contrapunto a todo lo anterior está en los hipotecarios. El stock de préstamos para vivienda, incluidos los UVA, llegó a $9,6 billones en octubre, con una suba real del 3,3% mensual y del 23,7% interanual. En términos nominales el salto es del 64,3% anual. "Es la única línea del crédito argentino que crece con fuerza descontando la inflación", advierte a iProUP el economista Marcos Nanini.
El motor no es la demanda privada espontánea sino el fondeo oficial. El Gobierno canalizó recursos de la ANSES hacia las entidades para sostener esas líneas, en una operación por la que los bancos recibieron $200.000 millones de ANSES para créditos hipotecarios UVA.
El esquema podría ampliarse porque el organismo evalúa extender el fondeo hipotecario y ofrecer créditos más largos. En paralelo, los créditos UVA para vivienda bajaron sus tasas y cambiaron requisitos, lo que ayudó a sostener el flujo.
Por lo tanto, el único segmento del crédito que se expande en términos reales es el que el Estado financia. Todo lo que depende de la decisión autónoma de un banco de prestarle a una familia está cayendo.
Finalmente, los préstamos comerciales en pesos llegaron a $38 billones en octubre, con una suba real del 1% mensual y del 4,2% interanual. Es la línea que mejor se comporta después de los hipotecarios y la única del segmento empresario que crece sin apoyo estatal.
Un informe de First Capital Group ofrece una explicación. Atribuye ese rebote del crédito empresario en pesos a una mayor percepción de incertidumbre cambiaria, en un contexto de suba del riesgo país. Traducido, las compañías se están endeudando en moneda local no porque vean oportunidades de inversión sino porque prefieren no tomar deuda en dólares si creen que el tipo de cambio puede moverse.
Ese comportamiento tiene su contracara en el financiamiento externo. Entre octubre de 2025 y octubre de 2026 las empresas colocaron u$s19.400 millones en deuda, de los cuales alrededor de u$s15.700 millones ya habían ingresado al país y unos u$s3.800 millones seguían pendientes de liquidación ante el Banco Central.
Qué pasa si los bancos siguen cobrando y no prestando
El Banco Central sostiene que el problema ya no está de su lado. En su último informe de política monetaria, la entidad planteó que "la política monetaria ya no representa un obstáculo para la recuperación de la actividad económica".
El argumento tiene respaldo en los números. La base monetaria dejó atrás la contracción y su promedio móvil de tres meses pasó de caídas del 2,9% en enero, 1,8% en abril y 2,2% en julio a subas del 0,2% en agosto, 1,4% en septiembre y 1,8% en octubre. Las tasas nominales de corto plazo se mantienen en torno al 20% anual desde marzo y las tasas pasivas reales son negativas.
Vladimir Werning, vicepresidente del Banco Central, y Santiago Bausili, presidente de la entidad, anticiparon que la recuperación del crédito va a ser más lenta que la de 2024 y principios de 2025. Pero la expansión de la base no alcanzó, y ese patrón tiene antecedente reciente, porque ya ocurrió que el BCRA emitió pesos para comprar dólares y ninguno llegó a la economía real.
Desde el sector fintech el diagnóstico apunta a otro lado. María Paula Arregui, presidenta de la Cámara Argentina Fintech y COO de Mercado Pago, sostuvo que "el principal problema que sigue teniendo Argentina no es de mora sino de no acceso al crédito". El dato que respalda esa posición es estructural, porque el crédito al sector privado representa alrededor del 13% del PBI argentino contra un promedio latinoamericano cercano al 53%.
Para Diego Kupferberg, fundador de API Hub de Negocios, hay que reparar en el riesgo concreto de la estrategia actual. El referente enfatiza sobre dos errores posibles, acelerar mal, prestando de manera agresiva para recuperar volumen, que fue lo que generó la ola de mora anterior, y frenar demasiado, dedicándose solo a cobrar y no a prestar, lo que empuja a los deudores hacia el crédito informal. El escenario de octubre se parece bastante al segundo.
Hay un pedido concreto de la industria que sigue sin respuesta y que afecta directamente esa evaluación. Los bancos y las billeteras le solicitaron al Banco Central acortar el retraso de la Central de Deudores, que hoy es de 60 días. Con esa demora, cualquier entidad que quiera prestar está decidiendo con información de dos meses atrás sobre un deudor cuya situación pudo haber cambiado por completo.
Para quien está del lado del mostrador y necesita financiarse, la recomendación práctica es comparar antes de firmar, porque el costo varía mucho entre entidades y conviene revisar cuánto cuesta pedir un préstamo personal y qué banco cobra la tasa más baja antes de tomar una decisión.