Un problema en ciernes: cada vez más empleados son despedidos por algoritmos e inteligencia artificial

Un problema en ciernes: cada vez más empleados son despedidos por algoritmos e inteligencia artificial
El ser despedido de una empresas es parte de la cotidaniedad, pero que lo haga una inteligencia artificial con la frialdad de una máquina, no es lo mismo
Por iProUP
10.10.2021 14.40hs Innovación

Uno de los futuros distópicos con los que más se especula sitúa a los robots por encima de los humanos. Las máquinas, al parecer, sustituirán a las personas en muchos aspectos, incluido el laboral.

Lo que podría ser ficción puede acabar siendo realidad al menos en parte: un estudio del World Economic Forum apunta al 2025 como el año en habrá un reparto del 50% de tareas entre humanos y robots

Sin duda, es indiscutible que la tecnología cada vez tiene más peso en nuestras vidas. Tanto, que la inteligencia artificial puede ir adquiriendo conocimientos para dar la información que se le pida o controlar los dispositivos domésticos del hogar para que las personas no tengan que hacerlo. 

Llegados a este punto la Inteligencia Artificial  ya es capaz de determinar qué persona es útil y cual no en el trabajo. Así es como la empresa rusa Xsolla, que se dedica a los servicios de pago en videojuegos y ha colaborado con Steam o Twitch, ha aligerado su plantilla. 

La tecnología de la empresa ha monitorizado a sus empleados para recoger su actividad en "Jira, Confluence, Gmail, chats, documentos y dashboards" y según los datos obtenidos los ha categorizado como útiles o prescindibles. Así den segunod despidió a 150 de los 450 empleados de la plantilla.

Aleksandr Agapitov, CEO y fundador de la empresa, no ha dudado en desprenderse de buena parte de sus trabajadores a la vista de los datos obtenidos. Además, ha utilizado sus redes sociales para justificar esta forma de proceder. 

 

Los empleados descartados por improductivos recibieron una carta, que al menos estaba redactada por Agapitov, en la que se les informaba de su despido: "Muchos estaréis sorprendidos, pero realmente creo que Xsolla no es para vosotros"

A modo de compensación los trabajadores cesados se marcharon con una carta de recomendación y con la promesa de que Xsolla les iba a ayudar a encontrar un nuevo puesto de trabajo. Algo es algo. 

Otros casos

Existe al menos un precedente muy llamativo. En 2019, Amazon, la madre de todas las empresas disruptivas de nuevo cuño, ya llamó la atención de la revista Bloomberg por su tendencia a despedir a su personal basándose en criterios informáticos. En aquella ocasión, uno de los damnificados, Stephen Normandin, fue entrevistado por la cabecera y se convirtió en símbolo de esta manera de proceder en apariencia gélida y deshumanizada.

Normandin, veterano del Ejército estadounidense de 63 años residente en Phoenix, estado de Arizona, llevaba varios meses ejerciendo de repartidor en plantilla para la compañía de Jeff Bezos cuando recibió un correo electrónico en el que se le informaba, sin más, de la extinción de su contrato. El algoritmo de rastreo de su actividad cotidiana le había considerado no apto. Una máquina acababa de despedirle.

Normandin, que en la revista se definía a sí mismo como "un tipo de la vieja escuela", con una ética laboral "a prueba de bombas", se lo tomó como una afrenta personal. En su opinión, se trataba de un despido "desconsiderado y abusivo", además de inmerecido. Nadie se dirigió a él para explicarle cuáles eran los criterios que habían llevado a la inteligencia artificial a cuestionar su compromiso y su nivel de competencia: "He hecho turnos de 12 horas diarias en un comedor comunitario para refugiados vietnamitas en Arkansas", explicaba. "He demostrado en múltiples ocasiones que soy una persona disciplinada y responsable, no me merezco que se prescinda de mí sin escucharme, atender a mis circunstancias o darme explicaciones". En su opinión, el algoritmo le despidió por su edad, sin tener en cuenta factores como sus ganas de trabajar y su óptimo estado de salud física y mental, pero sus intentos de demostrarlo acudiendo a un tribunal de arbitraje resultaron infructuosos.

Spencer Soper, que escribió aquel artículo, opina que la de Normandin contra la máquina es "una guerra perdida", fruto de un "siniestro equívoco": "Hombres como él siguen apelando a la cultura del esfuerzo y la dignidad del trabajo, mientras compañías como Amazon basan su modelo en una creciente automatización de los procesos productivos y las rutinas laborales que excluye casi por completo el factor humano".

Amazon es otra empresa que tiene la costumbre de confiar demasiado en loas decisiones de lso algoritmos e inteligencia artificial
Amazon es otra empresa que tiene la costumbre de confiar demasiado en loas decisiones de los algoritmos e inteligencia artificial

Frank Pasquale, profesor de la Brooklyn Law School de Nueva York, aborda estas cuestiones en su libro New Laws of Robotic. En opinión de este intelectual que se define como "un humanista con competencias tecnológicas", la inteligencia artificial no debe suplantar nunca a la experiencia y la capacidad de raciocinio humanas en "ámbitos que tengan claras implicaciones éticas". Es decir, una máquina nunca puede decidir a quién se dispara, a quién se atropella ni a quién se despide, porque lo hará atendiendo exclusivamente a criterios de eficiencia. Decisiones así no pueden automatizarse. No se pueden disociar de un proceso de "reflexión responsable", una herramienta exclusivamente humana. Para el profesor Pasquale, el "jefe digital" siempre será un tirano, porque deshumaniza a las personas al tratarlas como si no lo fueran, "al convertirlas en meras herramientas y negarles su condición de criaturas racionales y libres".

El dique de contención contra los algoritmos que despiden a personas tiene que ser, según reclama la Unión General de Trabajadores (UGT) en su documento de trabajo Las relaciones algorítmicas en las relaciones laborales, una regulación clara que obligue, en primer lugar, a dar a conocer cuáles son los criterios que maneja la inteligencia artificial utilizada. Lo dice el responsable de Digitalización del sindicato, José Varela: "Hay que aplicar el principio de precaución". Porque los algoritmos, como cualquier producto de la inteligencia humana, se equivocan. Y, además, no se preocupan de si sus decisiones tienen un impacto negativo sobre "la seguridad de las personas o sus derechos fundamentales". Es decir, que si a usted va a despedirle un algoritmo exijámosle que nos demuestre, en primer lugar, que sabe lo que hace.

Fuente: El país / La Vanguardia

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