Uno de los futuros distópicos con los que más se especula sitúa a los robots por encima de los humanos. Las máquinas, al parecer, sustituirán a las personas en muchos aspectos, incluido el laboral.
Lo que podría ser ficción puede acabar siendo realidad al menos en parte: un estudio del World Economic Forum apunta al 2025 como el año en habrá un reparto del 50% de tareas entre humanos y robots.
Sin duda, es indiscutible que la tecnología cada vez tiene más peso en nuestras vidas. Tanto, que la inteligencia artificial puede ir adquiriendo conocimientos para dar la información que se le pida o controlar los dispositivos domésticos del hogar para que las personas no tengan que hacerlo.
Llegados a este punto la Inteligencia Artificial ya es capaz de determinar qué persona es útil y cual no en el trabajo. Así es como la empresa rusa Xsolla, que se dedica a los servicios de pago en videojuegos y ha colaborado con Steam o Twitch, ha aligerado su plantilla.
La tecnología de la empresa ha monitorizado a sus empleados para recoger su actividad en "Jira, Confluence, Gmail, chats, documentos y dashboards" y según los datos obtenidos los ha categorizado como útiles o prescindibles. Así den segunod despidió a 150 de los 450 empleados de la plantilla.
Aleksandr Agapitov, CEO y fundador de la empresa, no ha dudado en desprenderse de buena parte de sus trabajadores a la vista de los datos obtenidos. Además, ha utilizado sus redes sociales para justificar esta forma de proceder.
Los empleados descartados por improductivos recibieron una carta, que al menos estaba redactada por Agapitov, en la que se les informaba de su despido: "Muchos estaréis sorprendidos, pero realmente creo que Xsolla no es para vosotros"
A modo de compensación los trabajadores cesados se marcharon con una carta de recomendación y con la promesa de que Xsolla les iba a ayudar a encontrar un nuevo puesto de trabajo. Algo es algo.
Otros casos
Existe al menos un precedente muy llamativo. En 2019, Amazon, la madre de todas las empresas disruptivas de nuevo cunÌo, ya llamoÌ la atencioÌn de la revista Bloomberg por su tendencia a despedir a su personal basaÌndose en criterios informaÌticos. En aquella ocasioÌn, uno de los damnificados, Stephen Normandin, fue entrevistado por la cabecera y se convirtioÌ en siÌmbolo de esta manera de proceder en apariencia geÌlida y deshumanizada.
Normandin, veterano del EjeÌrcito estadounidense de 63 anÌos residente en Phoenix, estado de Arizona, llevaba varios meses ejerciendo de repartidor en plantilla para la companÌiÌa de Jeff Bezos cuando recibioÌ un correo electroÌnico en el que se le informaba, sin maÌs, de la extincioÌn de su contrato. El algoritmo de rastreo de su actividad cotidiana le habiÌa considerado no apto. Una maÌquina acababa de despedirle.
Normandin, que en la revista se definiÌa a siÌ mismo como "un tipo de la vieja escuela", con una eÌtica laboral "a prueba de bombas", se lo tomoÌ como una afrenta personal. En su opinioÌn, se trataba de un despido "desconsiderado y abusivo", ademaÌs de inmerecido. Nadie se dirigioÌ a eÌl para explicarle cuaÌles eran los criterios que habiÌan llevado a la inteligencia artificial a cuestionar su compromiso y su nivel de competencia: "He hecho turnos de 12 horas diarias en un comedor comunitario para refugiados vietnamitas en Arkansas", explicaba. "He demostrado en muÌltiples ocasiones que soy una persona disciplinada y responsable, no me merezco que se prescinda de miÌ sin escucharme, atender a mis circunstancias o darme explicaciones". En su opinioÌn, el algoritmo le despidioÌ por su edad, sin tener en cuenta factores como sus ganas de trabajar y su oÌptimo estado de salud fiÌsica y mental, pero sus intentos de demostrarlo acudiendo a un tribunal de arbitraje resultaron infructuosos.
Spencer Soper, que escribioÌ aquel artiÌculo, opina que la de Normandin contra la maÌquina es "una guerra perdida", fruto de un "siniestro equiÌvoco": "Hombres como eÌl siguen apelando a la cultura del esfuerzo y la dignidad del trabajo, mientras companÌiÌas como Amazon basan su modelo en una creciente automatizacioÌn de los procesos productivos y las rutinas laborales que excluye casi por completo el factor humano".
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Amazon es otra empresa que tiene la costumbre de confiar demasiado en loas decisiones de los algoritmos e inteligencia artificial
Frank Pasquale, profesor de la Brooklyn Law School de Nueva York, aborda estas cuestiones en su libro New Laws of Robotic. En opinioÌn de este intelectual que se define como "un humanista con competencias tecnoloÌgicas", la inteligencia artificial no debe suplantar nunca a la experiencia y la capacidad de raciocinio humanas en "aÌmbitos que tengan claras implicaciones eÌticas". Es decir, una maÌquina nunca puede decidir a quieÌn se dispara, a quieÌn se atropella ni a quieÌn se despide, porque lo haraÌ atendiendo exclusivamente a criterios de eficiencia. Decisiones asiÌ no pueden automatizarse. No se pueden disociar de un proceso de "reflexioÌn responsable", una herramienta exclusivamente humana. Para el profesor Pasquale, el "jefe digital" siempre seraÌ un tirano, porque deshumaniza a las personas al tratarlas como si no lo fueran, "al convertirlas en meras herramientas y negarles su condicioÌn de criaturas racionales y libres".
El dique de contencioÌn contra los algoritmos que despiden a personas tiene que ser, seguÌn reclama la UnioÌn General de Trabajadores (UGT) en su documento de trabajo Las relaciones algoriÌtmicas en las relaciones laborales, una regulacioÌn clara que obligue, en primer lugar, a dar a conocer cuaÌles son los criterios que maneja la inteligencia artificial utilizada. Lo dice el responsable de DigitalizacioÌn del sindicato, JoseÌ Varela: "Hay que aplicar el principio de precaucioÌn". Porque los algoritmos, como cualquier producto de la inteligencia humana, se equivocan. Y, ademaÌs, no se preocupan de si sus decisiones tienen un impacto negativo sobre "la seguridad de las personas o sus derechos fundamentales". Es decir, que si a usted va a despedirle un algoritmo exijaÌmosle que nos demuestre, en primer lugar, que sabe lo que hace.
Fuente: El país / La Vanguardia