La historia del dinero experimentó una metamorfosis constante y fascinante. Desde los tiempos del trueque y el dinero mercancía, hasta llegar al dinero fiduciario (fiat) emitido por los Estados, la humanidad siempre creyó que el papel moneda representaba el último escalón en esta larga evolución.
Sin embargo, la irrupción de la tecnología ha demostrado que el ecosistema financiero aún tiene mucho espacio para la innovación, dando lugar a los activos digitales.
En este nuevo escenario, las monedas estables, o "stablecoins", emergieron como una pieza fundamental, planteando simultáneamente soluciones innovadoras y profundos dolores de cabeza para los reguladores de todo el mundo.
Qué son las stablecoins y cómo funcionan
Para comprender este fenómeno, primero es necesario entender la base tecnológica. Los activos virtuales son, en esencia, registros o unidades de cuenta que se almacenan en una base de datos distribuida y descentralizada conocida como blockchain.
Se transfieren utilizando criptografía asimétrica, mediante la cual cada usuario posee claves públicas y privadas para garantizar la seguridad de las operaciones.
Según explica en diálogo con iProUP Santiago J. Mora, abogado, Magíster en Derecho y Economía, y Head del área Fintech y Nuevas Tecnologías en GPG Advisory Partners, el primer gran caso de uso de esta tecnología fue el Bitcoin.
A diferencia del dinero tradicional, Bitcoin no cuenta con un emisor centralizado ni obliga a nadie a aceptarlo; su valor se basa enteramente en un acuerdo de voluntades espontáneo, en la adopción del público y en la escasez generada por su propio software.
No obstante, la principal característica de Bitcoin, que es su precio dictado puramente por la oferta y la demanda, lo convierte en un activo de altísima volatilidad.
Para quienes buscan operar sin sufrir estos bruscos altibajos, surgieron nuevas propuestas de valor en el mercado cripto: las stablecoins.
Estas monedas estables son divisas virtuales cuyo valor está vinculado directamente al precio de un activo tradicional, generalmente el billete estadounidense, razón por la cual se las suele llamar "criptodólares".
Regulación de criptomonedas: el gran desafío global
El debate sobre la regulación de estos activos está en el centro de la escena internacional. La principal dificultad radica en que existen variantes infinitas de activos virtuales.
Al abordar cómo se debe legislar este ecosistema, Mora sostiene que no se debe regular la tecnología en sí misma (la blockchain o la criptografía), sino el "negocio subyacente".
Como existen variantes infinitas de tokens (que pueden representar desde una botella de vino hasta una acción de una empresa), la ley debe enfocarse en lo que el activo representa y cómo funciona.
Además –aclara Mora en un sentido más amplio, referido a la regulación y al riesgo en general, incluyendo ámbitos tradicionales como la actividad bancaria– advierte que ninguna regulación puede eliminar el riesgo por completo.
Por lo tanto, el objetivo debe ser encontrar un equilibrio eficiente entre contener el riesgo y no imponer costos tan altos que terminen prohibiendo o asfixiando la actividad.
A nivel global, impulsados por organismos como el GAFI (Grupo de Acción Financiera Internacional), los países comenzaron a exigir sistemas de registro o licencias para los Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (PSAV).
Sin embargo, los enfoques sobre los activos en sí mismos varían drásticamente. Europa, conocida por su fuerte tendencia reguladora, ha implementado la normativa MiCA (Markets in Crypto-Assets).
El enfoque europeo es extremadamente rígido, equiparando las stablecoins con el dinero electrónico y exigiendo estrictos requisitos de colateralización.
Esta severidad otorga a los reguladores el derecho de prohibir stablecoins si alcanzan volúmenes muy grandes, lo que actualmente impide que gigantes como USDT operen libremente en esa jurisdicción.
Este escenario genera temores de que Europa repita errores del pasado, como cuando en 2001 sobrereguló el dinero electrónico y asfixió el negocio por casi una década.
En contraste, Estados Unidos parece estar adoptando una postura más flexible y estratégica.
Más allá de proteger a los usuarios, existe un innegable interés geopolítico: empresas emisoras de stablecoins, como Tether, se convirtieron en algunos delos mayores tenedores de bonos del Tesoro estadounidense, convirtiéndolos en actores fundamentales para la macroeconomía de ese país.
Criptomonedas en Argentina: regulación, impuestos y uso cotidiano
Sorprendentemente, en un país históricamente caracterizado por regulaciones asfixiantes, Argentina se posicionó como un modelo a seguir en el ecosistema cripto.
La Comisión Nacional de Valores (CNV) ha diseñado un sistema de registro para los PSAV que es motivo de orgullo y referencia internacional, logrando un equilibrio prudente que contiene los riesgos sin prohibir la actividad.
Además, estos proveedores operan como sujetos obligados ante la UIF (Unidad de Información Financiera), realizando controles de lavado de dinero con el mismo rigor que los bancos tradicionales.
No obstante, el ecosistema local enfrenta un obstáculo mayúsculo: la política fiscal. El régimen impositivo argentino actual es extremadamente duro y no se encuentra adaptado para el impacto de estos nuevos modelos de negocio, lo que dificulta la operatividad de las empresas que cumplen con todos los requisitos de inscripción.
Para el ciudadano argentino de a pie, sin embargo, el debate trasciende lo técnico y se vuelve una cuestión de supervivencia económica.
En un contexto histórico de altísima inflación y fuertes restricciones para acceder al mercado de cambios tradicional, las stablecoins dejaron de ser un mero activo especulativo para convertirse en una infraestructura financiera cotidiana y en un refugio de valor indispensable.
Mora define que las monedas estables no son un activo meramente especulativo, sino una herramienta de resguardo de valor.
Ante un escenario de alta inflación y restricciones para acceder al mercado de cambios oficial, convertir el dinero sobrante a fin de mes en "criptodólares" se convirtió en una necesidad cotidiana.
Tipos de stablecoins: centralizadas, colateralizadas y algorítmicas
Existen diversas formas de lograr esta estabilidad. El modelo que más se ha impuesto es el centralizado y colateralizado, donde un emisor identificado recibe dinero fiduciario (por ejemplo, dólares) y a cambio emite la stablecoin, comprometiéndose a mantener un respaldo equivalente en cuentas bancarias o bonos del Tesoro. Un ejemplo paradigmático de esto es USDT, emitido por la empresa Tether.
Por otro lado, existen también monedas estables descentralizadas o "algorítmicas", como DAI, cuyo colateral está compuesto por otras criptomonedas gestionadas a través de contratos inteligentes.
A medida que estas herramientas ganaron popularidad, las instituciones financieras tradicionales comenzaron a notar sus ventajas. Frente a sistemas como SWIFT para transferencias internacionales, que pueden ser lentos y costosos, la tecnología blockchain permite enviar valor de forma casi instantánea y a costo cero.
Esto ha derribado muchos prejuicios, incluyendo el mito de que las criptomonedas facilitan el lavado de dinero por su supuesta falta de trazabilidad.
En realidad, Bitcoin y la mayoría de las redes blockchain son 100% trazables, ya que cada movimiento queda registrado de manera pública, a diferencia del dinero en efectivo que es verdaderamente opaco.
El mundo financiero está cambiando a una velocidad vertiginosa. Encontrar el punto de equilibrio donde la regulación mitigue los riesgos sin destruir la innovación será el factor determinante para el futuro del dinero digital.