La inteligencia artificial empieza a ocupar un lugar central en el análisis económico estadounidense y abre cuatro grandes interrogantes sobre crecimiento, tokens, productividad y distribución de beneficios.
En su discurso del 28 de agosto, Kevin Warsh planteó estas cuestiones mientras la Reserva Federal intenta determinar cuánto puede transformar la IA la economía y sus decisiones futuras.
¿Cuánto dinero mueve la inteligencia artificial?
El primer interrogante tiene una respuesta concreta en el mercado de tokens, cuyo crecimiento permite dimensionar la magnitud que alcanzó el negocio de los modelos de inteligencia artificial.
Aquí, "token" no significa criptomoneda, sino una unidad de texto procesada o generada por un modelo cuando empresas y usuarios utilizan sus servicios mediante aplicaciones o APIs.
Según Warsh, las ventas anualizadas de tokens de los dos principales laboratorios podrían superar los 100.000 millones de dólares, después de crecer más del 500% durante un año.
La estimación surge de informes citados por el funcionario y no de balances detallados publicados por la Fed, por lo que no representa una cifra oficial calculada por la institución.
La expansión del negocio coincide con una fuerte aceleración de las inversiones empresariales, cuyos gastos en equipamiento y activos inmateriales aumentaron cerca de un 9% durante el último año.
Ese crecimiento representa el ritmo más elevado desde 2021 y más de la mitad del incremento estaría vinculado con infraestructuras relacionadas con inteligencia artificial, según la evaluación presentada por Warsh.
¿Puede la IA convertirse en un factor de producción?
El segundo interrogante apunta al crecimiento: Warsh considera posible que los avances de la inteligencia artificial sostengan una expansión económica mucho mayor, aunque todavía no existe evidencia suficiente para confirmarlo.
La tercera cuestión está estrechamente relacionada y es más profunda: la Fed analiza si la IA puede convertirse en un nuevo factor de producción, junto con los tradicionales capital y trabajo.
Si la tecnología consigue elevar la eficiencia de manera sostenida, la economía podría producir más bienes y servicios utilizando los recursos disponibles, sin provocar necesariamente un aumento equivalente de la inflación.
Ese escenario modificaría el trabajo de la Reserva Federal, porque subestimar las ganancias de productividad podría llevarla a mantener tasas demasiado elevadas, mientras sobreestimarlas podría impulsar excesivamente la demanda.
Warsh no afirmó que esa transformación ya se haya producido y señaló que todavía debe determinarse cuándo sus efectos serán visibles en los datos sobre productividad y actividad económica.
Un grupo de expertos de la Fed estudia actualmente empleo y productividad, pero sus conclusiones todavía no influyen sobre las decisiones actuales de política monetaria.
¿Quién se quedará con los beneficios de la IA?
El cuarto interrogante todavía no tiene una respuesta definida: nadie sabe si el mayor valor generado por la IA terminará principalmente en manos de determinados sectores de la cadena tecnológica.
Entre los posibles beneficiarios aparecen los laboratorios, fabricantes de chips, proveedores de energía y empresas cloud, cuyos activos pueden convertirse en recursos estratégicos ante una adopción cada vez mayor.
Las compañías que incorporen inteligencia artificial también podrían capturar parte de ese valor mediante menores costos o una mayor producción, mientras los usuarios accederían a servicios potencialmente más baratos y eficientes.
El mercado laboral agrega otra dimensión, porque los modelos pueden complementar determinados trabajos y también reemplazar tareas humanas, dependiendo de los sectores, las habilidades requeridas y la velocidad de adopción.
La Fed observará además "la segunda derivada" de las inversiones, es decir, si su velocidad de crecimiento se acelera o desacelera, porque ese movimiento puede revelar cambios en las expectativas empresariales.
Una desaceleración podría indicar que las compañías están revisando sus perspectivas de rentabilidad, mientras una aceleración mostraría que la apuesta económica por la IA continúa ganando fuerza.
Por ahora, la Reserva Federal reconoce el potencial macroeconómico de esta tecnología, pero todavía no cuenta con estadísticas suficientes para medir con precisión sus efectos sobre crecimiento, empleo y tasas.