Argentina volvió a colarse entre los diez países más difíciles del mundo para hacer negocios. Así lo refleja la 13ª edición del Global Business Complexity Index (GBCI) 2026 de TMF Group, firma de servicios administrativos y cumplimiento normativo, que cada año evalúa el entorno operativo de 81 jurisdicciones que representan más del 90% de la economía mundial.
En esta edición, el país escaló dos posiciones respecto de 2025 –cuando ocupaba el puesto 11– y se instaló en el 9° lugar, consolidando su reputación como uno de los mercados más complejs para la inversión extranjera directa.
El "ascenso negativo": qué hace tan compleja a la Argentina
El informe, que analiza 292 indicadores por jurisdicción en tres áreas clave –contabilidad e impuestos, gestión global de entidades y nómina y recursos humanos–, pone a Argentina en compañía incómoda: seis de los 18 países latinoamericanos estudiados se ubican en el top 10 global de mayor complejidad, junto a México (2°), Brasil (3°), Colombia (6°), Bolivia (7°) y Perú (10°). En el extremo opuesto, Dinamarca, Hong Kong y los Países Bajos lideran entre las jurisdicciones más simples para operar.
El GBCI no mide el atractivo macroeconómico de un país, sino el costo operativo real de cumplir con sus marcos normativos. Y en ese terreno, Argentina sigue acumulando puntos negativos.
El informe destaca que los reguladores locales continúan introduciendo cambios imprevisibles, que las actualizaciones legales frecuentes obligan a las empresas a revisar constantemente sus procesos internos y que los controles cambiarios persisten como uno de los principales obstáculos para quienes operan en el mercado local.
A esto se suma una carga fiscal en evolución permanente: el fortalecimiento de mecanismos como la contabilidad electrónica apunta hacia un modelo de mayor supervisión por parte de las autoridades, lo que eleva las exigencias de cumplimiento.
En 2026, el 58% de las jurisdicciones del estudio ya exigen que al menos algunas empresas emitan facturas electrónicas, frente al 54% del año anterior y muy lejos del 38% de 2020.
Argentina no es ajena a esta tendencia, pero la transición digital local se superpone, al menos temporalmente, a requisitos antiguos –como la presencia física o las certificaciones manuales– creando capas adicionales de complejidad en lugar de simplificar.
Jorge Sodano, Country Head de Argentina, Chile, Paraguay y Uruguay de TMF Group, pone el dato en perspectiva sin restar urgencia al diagnóstico: "El posicionamiento de Argentina en este ranking coincide con un momento de transformación profunda".
"Las reformas impulsadas por el gobierno, en materia de desregulación, apertura cambiaria y simplificación administrativa, están sentando las bases para un entorno de negocios mucho más predecible y competitivo. Para las empresas internacionales que sepan leer este momento, Argentina representa hoy una oportunidad de entrada privilegiada antes de que la mejora del clima de inversión se refleje plenamente en los rankings", completa.
El contexto geopolítico global tampoco ayuda. El GBCI 2026 advierte que la creciente inestabilidad internacional está dificultando los negocios transfronterizos en todo el mundo: el proteccionismo, los aranceles y los cambios normativos están revirtiendo muchos de los avances logrados con la globalización.
Ante este escenario, las compañías se adaptan mediante la subcontratación, la reducción de personal, el cierre de oficinas o salida de países (55%) y la congelación de contrataciones (51%).
"La fragmentación política global y la dispersión económica están llevando a las empresas a incorporar más jurisdicciones en sus cadenas de suministro, lo que incrementa la complejidad de su gobernanza", señaló Mark Weil, CEO de TMF Group.
Las señales de cambio que el ranking aún no puede capturar
Pese a la foto negativa, el GBCI 2026 identifica factores que podrían revertir la tendencia en el mediano plazo. Tras las elecciones legislativas de 2025, el informe registra una voluntad política para flexibilizar ciertos requisitos regulatorios: la unificación cambiaria, la reducción del gasto público y el avance hacia la desregulación son señales que el mercado ya empieza a procesar.
Si a esto se le suma la caída sostenida de la inflación observada desde 2024/25, las condiciones para una revalorización del clima de negocios local están tomando forma.
"Argentina está viviendo un punto de inflexión. Las empresas que ingresen o amplíen su presencia ahora estarán posicionadas para capturar el upside de una economía que está retomando el camino del crecimiento con reglas de juego más claras y estables", amplió Sodano.
Esta lectura no es exclusiva de los actores locales. A nivel global, el GBCI muestra que las jurisdicciones que invierten en claridad regulatoria, digitalización y orientación práctica –como los Emiratos Árabes Unidos, que saltó del puesto 39 al 18 en cuatro años– logran mejorar su posicionamiento de forma sostenida.
El índice, de hecho, fue concebido también como un incentivo para que los gobiernos eliminen trámites burocráticos innecesarios y mejoren su calificación año a año.
En ese sentido, el ranking también registra avances globales concretos. El 86% de las jurisdicciones ya implementaron las regulaciones BEPS de la OCDE, el nivel más alto desde que se mide el índice. Y la proporción de países donde la digitalización es percibida como un factor simplificador creció del 23% en 2025 al 32% en 2026.
En América del Sur, en cambio, solo el 40% de las jurisdicciones coincide en que la tecnología está reduciendo la complejidad, contra un 100% en Asia-Pacífico y un 81% en la región EMEA: una brecha que habla de una transformación digital que avanza, pero de manera desigual.
El panorama para Argentina, en síntesis, es el de un país que sigue pagando el costo de años de volatilidad normativa y cambiaria, pero que acumula condiciones para iniciar un ciclo de mejora. La clave estará en si las reformas en curso se consolidan con consistencia suficiente.