La acción de SpaceX acaba de cumplir su primer mes como empresa cotizante y el balance inicial está lejos de la euforia con la que debutó en Wall Street. Después de salir al mercado a u$s135 por acción, el papel llegó a superar los u$s225 durante junio, pero desde entonces corrigió con fuerza y la semana pasada perforó incluso el precio de colocación inicial.
La caída ya supera el 30% desde el máximo y reabrió el debate que suele acompañar a las grandes ofertas públicas iniciales (IPO): ¿se trata de una decepción o simplemente de un comportamiento normal para una empresa que recién comienza a cotizar?
Precisamente esa pregunta había sido anticipada semanas atrás por Gastón Lentini, asesor de inversiones, y su equipo en el Informe de la Independencia 2026 que envió a sus clientes. Allí sostuvieron que la salida a bolsa de SpaceX debía analizarse más como un fenómeno de mercado que como una señal sobre la calidad del negocio.
El trabajo advertía que las IPO suelen coincidir con momentos de máxima euforia inversora y que, históricamente, la paciencia suele ser una mejor estrategia que comprar el primer día.
Una historia que se repite
El informe de Lentini recuerda que, tras una IPO, los primeros meses suelen estar dominados por el entusiasmo de los compradores, pero que ese efecto tiende a disiparse rápidamente.
"La paciencia nos paga", resume el documento al analizar decenas de salidas a bolsa históricas. Según ese estudio, muchas empresas terminan cotizando entre 30% y 80% por debajo del precio inicial durante su primer año antes de encontrar un piso de valuación. La experiencia de SpaceX, por ahora, encaja casi perfectamente en ese patrón.
La compañía debutó alrededor de u$s135, escaló hasta u$s225 impulsada por la euforia inicial y luego regresó rápidamente a la zona del precio de salida.
El antecedente de Meta
Los datos históricos parecen darle la razón a esa visión planteada por Lentini.
Según una base elaborada por Jay Ritter, profesor de Finanzas de la Universidad de Florida y uno de los mayores especialistas mundiales en IPO, el 44,5% de las grandes ofertas públicas realizadas entre 1975 y 2021 cotizaban por debajo de su precio de salida tres años después.
Si se consideran todas las salidas a Bolsa de la base, la probabilidad asciende al 56,1%. Sin embargo, eso no implica necesariamente que la inversión termine siendo un fracaso.
El ejemplo paradigmático es Meta Platforms. Cuando Facebook salió a bolsa en mayo de 2012, la acción perdió cerca del 54% respecto de su precio de colocación durante sus primeros meses de cotización.
Quienes dieron por terminada la historia demasiado rápido terminaron equivocándose: desde entonces, el papel acumula una ganancia cercana al 1.700%, equivalente a un rendimiento anualizado de aproximadamente 23%.
La enseñanza es que un mal comienzo no determina el desenlace de una empresa con buenos fundamentos.
El principal riesgo del primer año
Uno de los factores que más preocupa hoy al mercado no tiene que ver con el negocio espacial sino con la estructura accionaria.
SpaceX colocó apenas 4% del capital durante la IPO, dejando un flotante muy reducido. A partir de agosto, luego de la presentación de los resultados del segundo trimestre, los primeros accionistas internos podrán comenzar a vender parte de sus participaciones.
Ese aumento potencial de la oferta podría ejercer presión bajista sobre el precio durante los próximos meses, independientemente de la evolución operativa de la compañía. Ese riesgo también había sido destacado por el informe de Lentini.
El trabajo explica que inicialmente sólo comenzó a negociarse alrededor del 5% de las acciones existentes, por lo que cualquier liberación posterior de títulos puede modificar significativamente el equilibrio entre oferta y demanda.
Incluso identifica junio de 2027 como una fecha especialmente relevante, cuando quedará habilitada la negociación de aproximadamente 46% del capital actualmente bloqueado, aunque aclara que eso no implica que todos esos accionistas decidan vender.
La caída del primer mes: ¿es una señal de alarma?
La baja de SpaceX durante su primer mes en Bolsa no sorprendió a los analistas. Para Leandro Monnittola, asesor de inversiones y en charla con iProUP, se trata de un comportamiento habitual en las grandes IPO, donde la expectativa inicial suele inflar los precios antes de dar paso a una corrección.
El experto explica que el FOMO (miedo a quedarse fuera) llevó a muchos inversores a comprar a cualquier valor, impulsando la acción hasta los u$s225, para luego retroceder cerca de 40% desde ese máximo y volver a ubicarse apenas por encima del precio de colocación.
En la misma línea, Piedad Ortiz, economista y MBA en Finanzas, sostiene que la acción acumula una caída de 11,5% en lo que va desde su debut porque el mercado comenzó a cuestionar la diferencia entre la valuación y los verdaderos motores del negocio.
Según analiza, hoy el principal sostén operativo sigue siendo Starlink, mientras que otras unidades que justifican buena parte del valor de mercado "todavía generan pérdidas".
El verdadero desafío: justificar una valuación exigente
Más allá del movimiento bursátil, ambos especialistas consultados por este medio coinciden en que el foco debe estar puesto en los fundamentos.
Ortiz advierte que la compañía enfrenta un desafío importante para alcanzar la rentabilidad. Señala que hoy presenta un margen operativo de -21,1% y un nivel de inversión muy elevado: "Solo en 2025 destinó unos u$s20.700 millones a gasto de capital, cinco veces más que apenas dos años atrás".
Ese esfuerzo financiero responde al desarrollo de Starship, satélites, centros de datos para inteligencia artificial en órbita y otras iniciativas que todavía tardarán tiempo en traducirse en ganancias.
Monnittola coincide en que el problema no pasa por la calidad de los activos. Destaca que SpaceX posee negocios únicos como Starlink, Starship y xAI, pero remarca que el interrogante central es "cuánto valen realmente esos proyectos hoy y cuánto crecimiento ya está descontando el mercado".
Los riesgos que el mercado sigue de cerca
Los dos especialistas también ponen el foco sobre los factores que pueden mantener la volatilidad durante los próximos meses.
Ortiz considera que el próximo gran evento será la publicación de los resultados trimestrales de agosto, cuando además comenzará el desbloqueo de acciones de insiders. A su juicio, esa mayor oferta de papeles podría generar nuevos movimientos en la cotización.
Monnittola señala el mismo riesgo. Explica que la liberación gradual de acciones que permanecen bajo el período de lock-up suele aumentar la presión vendedora en empresas que recién comienzan a cotizar, prolongando el proceso de descubrimiento de precios.
Las oportunidades de largo plazo
Pese a las dudas de corto plazo, ninguno de los dos descarta el potencial de la compañía.
Ortiz cree que el mayor diferencial está en la reducción del costo de acceso al espacio gracias a Starship. Explica que hoy el costo ronda los u$s7.000 por kilo en lanzamientos compartidos, pero puede caer hasta un rango de u$s100 o u$s200 si el nuevo sistema cumple sus objetivos.
De concretarse, considera que cambiaría por completo la economía de la industria espacial y abriría un enorme mercado para SpaceX. Incluso estima que una recuperación de la acción hasta u$s200 implicaría un potencial de suba cercano al 33%.
Monnittola también mantiene una visión constructiva sobre la empresa, aunque con una estrategia diferente. Considera que SpaceX puede convertirse en una excelente inversión de largo plazo, pero solo una vez que el mercado termine de ajustar las expectativas, desaparezca el entusiasmo inicial y la valuación encuentre un equilibrio más consistente con sus fundamentos.
Las conclusiones convergen. Para Ortiz, SpaceX sigue siendo una inversión con potencial, aunque apta únicamente para perfiles agresivos capaces de tolerar una elevada volatilidad y un riesgo de ejecución considerable.
Monnittola, en cambio, prefiere esperar. Su recomendación es mantenerse al margen hasta que concluya el proceso de formación de precios, convencido de que el principal riesgo hoy no es perderse la oportunidad, sino pagar una valuación que todavía refleja más expectativas que resultados.