El último Informe de Estabilidad Financiera del Banco Central describió un escenario de morosidad sin precedentes, donde las familias argentinas destinan, en promedio, el 24,1% de sus salarios formales exclusivamente al pago de deudas.
El relevamiento refleja el impacto combinado del encarecimiento del crédito y la pérdida de poder adquisitivo, factores que incrementaron la presión financiera sobre los hogares y deterioraron la capacidad para afrontar compromisos económicos.
La morosidad escala y golpea distintos sectores sociales
Un análisis elaborado por la consultora Equilibra sobre los datos del Banco Central indicó que la porción del salario destinada al pago de obligaciones financieras prácticamente se triplicó durante los últimos 24 meses respecto de los niveles anteriores.
El estudio precisó que ese esfuerzo representaba menos del 9% de las remuneraciones mensuales hace apenas dos años, mientras actualmente alcanza un promedio del 24,1%, reflejando un deterioro acelerado de las finanzas familiares.
Los especialistas también observaron que la irregularidad en los pagos del sector privado mostró un crecimiento excepcional durante el último año y medio, elevándose desde un mínimo cercano al 2% registrado en noviembre de 2024.
Según el relevamiento, ese indicador alcanzó un preocupante 9,7% en mayo de 2026, consolidando el nivel de morosidad más elevado del período analizado y confirmando el deterioro sostenido de la capacidad de pago.
La cantidad de personas con atrasos severos también avanzó con fuerza, pasando de 2,4 millones hasta alcanzar 5,8 millones de argentinos en situación irregular dentro del sistema financiero formal del país.
Sobre un universo de 20,7 millones de ciudadanos que poseen acceso al financiamiento formal, equivalente a casi el 60% de la población adulta, el 28% presenta actualmente algún nivel de mora.
Los datos también reflejan profundas diferencias entre regiones, ya que las provincias del norte registraron niveles de incumplimiento superiores al 30%, muy por encima de los valores observados en otras zonas del territorio nacional.
La situación resulta especialmente delicada entre los jóvenes de 18 a 29 años, donde solo cuatro de cada diez acceden al crédito formal y, entre ellos, casi el 40% ya mantiene deudas en mora.
La pérdida de ingresos profundiza la crisis del crédito
La consultora Equilibra atribuye este deterioro financiero al retroceso del poder adquisitivo que afectó a unos 14,5 millones de personas durante la gestión de Javier Milei, junto con un mercado laboral cada vez más orientado hacia el cuentapropismo de baja productividad.
Los analistas sostuvieron que este escenario también responde a un cambio de fondo en las condiciones macroeconómicas, que modificó el funcionamiento del crédito y elevó significativamente el costo del financiamiento para los hogares argentinos.
En ese sentido, explicaron: "La tasa de interés real de los créditos a personas se volvió significativamente positiva y dejó de licuarse por efecto de la devaluación o la inflación", describiendo una transformación respecto de los años previos.
De acuerdo con la consultora, el endurecimiento de las políticas crediticias aplicado por la banca tradicional impulsó a numerosos usuarios hacia entidades financieras no bancarias en busca de alternativas para conseguir financiamiento.
Ese desplazamiento terminó concentrando mayores niveles de riesgo, ya que en ese circuito la morosidad alcanzó el 30,3%, mientras que algunos segmentos registran porcentajes de incumplimiento superiores al 50%.
Las dificultades para sostener los pagos ya no se limitan a las tarjetas de crédito ni a los préstamos personales, sino que comenzaron a extenderse hacia otros compromisos habituales vinculados con la economía doméstica.
Los atrasos también crecieron en obligaciones como expensas, cuotas de medicina prepaga y aranceles de clubes sociales, configurando un escenario de fuerte restricción para el consumo que complica una recuperación de la demanda interna en el corto plazo.