Hay una guerra silenciosa que no sale en los titulares, pero muestra la tensión por el uso del dinero en el futuro. De un lado, el Banco Central Europeo (BCE), con su proyecto de euro digital. Del otro el USDC, USDT y una catarata de stablecoins que ya procesan más volumen diario que Visa.
El BCE llegó tarde y lo sabe. El proyecto del euro digital lleva años en discusión y no tiene fecha de lanzamiento. Mientras tanto, las stablecoins en dólares ya están integradas en DeFi, exchanges, carteras de hardware, aplicaciones de remesas y protocolos de pagos cross-border. La infraestructura está construida y suma usuarios por millones.
El Viejo Continente no ignora el problema. Su argumento central es soberanía: si Europa no emite su propio dinero digital, sus ciudadanos europeos terminarán usando dólares tokenizados en el día a día en un futuro no muy lejano. Eso equivale a perder el control monetario, sin que nadie lo vote ni lo decida.
El euro digital
Según el proyecto del BCE, esta nueva divisa estará disponible para ciudadanos y empresas, en coexistencia con los billetes físicos. La promesa es acceso universal, transacciones instantáneas, sin necesidad de cuenta bancaria.
El euro digital es una moneda digital de banco central (CBDC). Es decir, no es una criptomoneda, no tiene blockchain pública, ni mineros, ni emisión descentralizada. Un formato que el propio Donald Trump descartó para el dólar.
El detalle que no reconocen en voz alta es que cada transacción es potencialmente rastreable, ya que una CBDC plantea por diseño que el emisor tenga visibilidad sobre los flujos y sus participantes, algo evitable en las stablecoins descentralizadas. El BCE asegura que habrá privacidad solo para pagos pequeños.
Del otro lado del ring, USDT y USDC combinadas tienen más de u$s200.000 M en circulación. Se usan para abonar fuera del mercado cripto sin salir de él: remesas casi gratuitas, pagos entre empresas, refugio de valor en países con inflación alta. En Argentina, Turquía y Nigeria, los dólares cripto ya reemplazaron funciones que el sistema bancario tradicional no cumple.
El problema estructural: son dólares. Toda la promesa de soberanía monetaria europea choca con la realidad de que el instrumento de facto ya existe, funciona, tiene liquidez y está denominado en la moneda de su principal rival geopolítico. El euro digital tiene un problema de diseño que va más allá de la política. Necesita ser:
- Fácil de usar, rápido y ampliamente aceptado
- Seguro, con un sistema de privacidad creíble
- No competir con los depósitos bancarios para que lo acepten los bancos
- Límites de tenencia por usuario para que el BCE mantenga control
Cada uno de esos requisitos tira en una dirección distinta.
Euro digital vs. Dólar cripto
Mariquena Otermin, CMO de Bitwage, señala en diálogo con iProUP que las stablecoins en dólares "no solo ganan la batalla de adopción, sino que establecieron el estándar de liquidez global".
Asegura que funciona como "unidad de cuenta de facto" dentro del ecosistema cripto y de los mercados transfronterizos emergentes, mientras que el euro digital llega a competir contra un efecto de red ya consolidado.
En ese marco, considera que la verdadera oportunidad del euro digital "no será desplazar al dólar", sino convertirse en una alternativa de liquidación soberana dentro de la eurozona y en acuerdos comerciales que busquen reducir la dependencia de la infraestructura de EE.UU.
"La velocidad de circulación y la facilidad de integración en protocolos descentralizados son más valiosas para la economía digital que la promesa de respaldo de un banco central", afirma. Y esto último, si bien brinda confianza institucional, nace con "limitaciones de privacidad y programabilidad que las stablecoins ya resolvieron".
La experta advierte un nuevo desafío: llegar en dos años limitará aún más sus posibilidades. "Para entonces, la infraestructura global de pagos estará dominada por plataformas que habrán optimizado durante años la experiencia de usuario", señala.
En ese escenario, alerta que el euro digital "corre el riesgo de convertirse en una herramienta de nicho o meramente administrativa" si no logra integrarse de forma nativa con los mercados de activos digitales.
La pelea por el dinero digital
La experta remarca que una stablecoin en euros con escala global "es técnicamente posible, pero financieramente complejo". Asegura que la adopción y liquidez dependen del "rendimiento y la demanda". Cree que una regulación europea agresiva en favor de la tokenización de activos locales puede generar esa masa crítica necesaria.
"EE.UU. comprendió que las stablecoins son el mejor vehículo para exportar la demanda de dólares en la era digital", indica. A su juicio, el marco regulatorio norteamericano busca blindar la hegemonía del dólar permitiendo que empresas privadas expandan el alcance del sistema financiero estadounidense incluso en regiones donde la banca tradicional no logra penetrar.
Rodrigo Durán Guzmán, de Notbank, indica que los dólares cripto "concentran prácticamente la totalidad del mercado global de stablecoins respaldadas por moneda fiat", mientras que los tokens en euros siguen siendo marginales.
Pero aclara que la disputa todavía no está cerrada. "Aunque cualquier nuevo competidor deberá enfrentar una infraestructura ya en funcionamiento: en los flujos reales pesa la usabilidad".
Según dice, traders, fintech y empresas priorizan liquidez, velocidad de liquidación y costos operativos por encima del símbolo monetario. Por eso, considera que las CBDC cargan con la lentitud política y regulatoria, mientras que las stablecoins privadas "ya están integradas en los rieles digitales que el sistema financiero está adoptando".
"Mientras Europa debate, el mercado ya operó", analiza. Pero Durán Guzmán remarca que el BCE tiene a pesos pesados para competir contra Tether y Circle, que ya tienen sus criptoeuros. En este sentido, destaca la iniciativa Qivalis, que reúne a bancos como BNP Paribas, ING, UniCredit y CaixaBank bajo el marco MiCA. "La liquidez se construye con escala, integración y un caso de uso claro frente al dólar. Es un desafío de otra magnitud", añade.
Lo curioso es que EE.UU. viene ganando con las mismas herramientas de la UE: la regulación. "La GENIUS Act de EEUU no es solo una ley técnica: es una declaración de política industrial monetaria", afirma.
Pero con una diferencia clave: "En lugar de competir desde el Estado, el modelo norteamericano delega la expansión digital del dólar al sector privado regulado". Así, transformó al dólar cripto en un arma para fortalecer indirectamente la demanda de deuda pública y expandir el dólar en la economía digital.