El Banco de Pagos Internacionales advirtió que el boom de inversión en inteligencia artificial abre nuevos riesgos para la estabilidad financiera global, por la creciente dependencia de deuda y crédito privado para financiar esa expansión.
La alerta la formuló Pablo Hernández de Cos, director general del organismo con sede en Basilea, durante una intervención en el Global Fintech Fest 2026 que se celebró en Mumbai, India.
El funcionario sostuvo que el gasto en infraestructura de IA ya alcanzó una escala capaz de influir en las condiciones económicas globales, al combinar inversiones masivas, expectativas de rentabilidad y una demanda creciente de equipos especializados.
El fenómeno involucra a empresas tecnológicas, mercados de crédito, cadenas de suministro y autoridades monetarias en simultáneo.
Deuda, crédito privado y estructuras financieras opacas disparan las alertas
El BIS calcula que las cinco mayores tecnológicas del mundo invertirán más de u$s1 billón en IA entre 2025 y 2026. Según las previsiones del sector que cita el organismo, la inversión mundial podría escalar de unos u$s500.000 millones actuales a u$s4 billones en 2030.
Hernández de Cos remarcó que esa expansión depende cada vez más de deuda y crédito privado, en lugar de sostenerse solo con ganancias empresariales, y que buena parte de esas estructuras financieras sigue siendo opaca e interconectada.
El riesgo crece si los ingresos no acompañan el ritmo que esperan los inversores: una desaceleración de la demanda, un encarecimiento del financiamiento o una adopción empresarial más lenta podrían presionar a compañías que ya asumieron compromisos fuertes en centros de datos y equipamiento.
A eso se suman las valoraciones elevadas y la concentración del mercado en un grupo reducido de empresas que controla infraestructura, modelos y proveedores estratégicos. Un ajuste en sus precios podría trasladarse a otros segmentos a través de inversiones cruzadas y crédito privado.
El director general del BIS comparó el momento actual con la expansión ferroviaria del siglo XIX y la burbuja de las puntocom, etapas en las que una innovación genuina convivió con expectativas comerciales que terminaron superando la capacidad real de generar beneficios.
El propio Reporte Económico Anual 2025-2026 del organismo, publicado en junio, ya había trazado ese paralelismo y señalado que los cinco mayores hyperscalers están gastando por encima de sus ganancias y flujo de caja libre, lo que los obliga a emitir deuda para cubrir la diferencia.
Productividad y empleo: ganancias reales pero impacto desigual
Hernández de Cos citó estudios que muestran ganancias de productividad de entre 10% y 65% en tareas puntuales, sobre todo en programación, consultoría y redacción profesional, aunque aclaró que esos resultados no se trasladan automáticamente a la productividad de un país entero.
Las estimaciones del organismo ubican el aporte de la IA al crecimiento de la productividad total de los factores en alrededor de medio punto porcentual anual.
El funcionario también señaló que la tecnología puede reemplazar tareas cognitivas rutinarias, con señales ya visibles en atención al cliente, programación y funciones administrativas, aunque las pérdidas de empleo hasta ahora son limitadas.
Las economías avanzadas, por el peso de sus sectores de servicios, podrían capturar los primeros beneficios, mientras que India tendría una oportunidad concreta para achicar la brecha gracias a su infraestructura digital pública.
Semiconductores: el comercio global que se redibuja al calor de la IA
El auge de la IA también redibuja los flujos comerciales, en especial por la demanda de semiconductores, servidores y equipos especializados. Los siguientes países se beneficiaron con mayores precios de exportación:
- Corea del Sur registró incrementos por chips especializados
- Singapur amplió sus ventas de componentes para infraestructura de IA
- Malasia capturó demanda de servidores y equipos
- Taiwán consolidó su posición en semiconductores avanzados
Sin embargo, esa dependencia también los expone si las expectativas de demanda se enfrían.
Para los bancos centrales, dijo Hernández de Cos, el boom no modifica los mandatos de política monetaria, pero sí complica la lectura de la economía, porque los indicadores tradicionales pueden reflejar con menor precisión qué parte del crecimiento responde a mejoras permanentes y cuál depende de expectativas todavía no comprobadas.