La decisión anunciada este jueves de ampliar el acceso al crédito en dólares para empresas que no necesariamente generan ingresos en moneda extranjera puede convertirse en un cambio relevante para el financiamiento del sector privado argentino.
Hasta ahora, una parte importante de los depósitos en dólares del sistema financiero tenía una capacidad limitada para transformarse en crédito. La regulación buscaba evitar un problema que Argentina ya conoce: empresas endeudadas en dólares pero con ingresos en pesos, expuestas a una devaluación que pudiera comprometer su capacidad de pago.
El nuevo esquema flexibiliza parcialmente esa restricción. Los bancos podrán destinar hasta el 15% de sus depósitos en dólares a financiar empresas que no cuenten necesariamente con ingresos vinculados a moneda extranjera.
La apertura, sin embargo, viene acompañada de condiciones prudenciales más exigentes. Estas financiaciones tendrán un requisito de capital equivalente al 125% del aplicable a créditos comparables y, para los límites de exposición crediticia, computarán por 1,25 veces la exposición correspondiente. Además, las entidades deberán evaluar la capacidad de pago de las empresas frente a distintos escenarios de variación del tipo de cambio.
Es una precaución lógica. La medida busca ampliar el crédito sin ignorar el principal riesgo que aparece cuando una empresa se endeuda en una moneda diferente de aquella en la que genera sus ingresos.
Del ahorro al crédito
Este probablemente sea el punto más interesante de la medida. Argentina tiene una particularidad: existe una importante capacidad de ahorro en dólares, pero históricamente una parte considerable de esos recursos tuvo dificultades para convertirse en crédito productivo.
Los depósitos privados en moneda extranjera superaban los u$s39.000 millones a fines de junio. Al mismo tiempo, los préstamos en dólares al sector privado alcanzaban aproximadamente u$s23.700 millones, después de crecer casi 49% en los últimos doce meses.
Si los bancos pueden ampliar el universo de empresas financiables, una mayor proporción de esos dólares puede comenzar a canalizarse hacia inversión, capital de trabajo y adquisición de bienes de capital.
Sectores como construcción, industria, automotriz o infraestructura podrían encontrar así una fuente alternativa de financiamiento, especialmente en un contexto en el que el costo del crédito en pesos continúa siendo elevado.
El potencial es significativo, aunque no debería confundirse capacidad prestable con crédito efectivamente otorgado. Que exista margen regulatorio para prestar más dólares no significa que todo ese dinero vaya a transformarse inmediatamente en nuevos préstamos.
La demanda de crédito, las tasas ofrecidas, las condiciones de los bancos y, fundamentalmente, la percepción sobre el riesgo cambiario determinarán cuánto financiamiento termina llegando efectivamente a las empresas.
También puede tener impacto sobre el dólar
Hay un segundo efecto que no debería pasar inadvertido. Las empresas que tomen estos créditos deberán liquidar los dólares en el mercado de cambios para obtener pesos. Eso significa que, a medida que se otorguen los préstamos, podría aparecer una nueva fuente de oferta de divisas.
En el corto plazo, ese flujo puede contribuir a aumentar la oferta de dólares y reducir presiones sobre el tipo de cambio. Pero existe una diferencia importante respecto de otros ingresos de divisas: estamos hablando de deuda.
Por eso, este mecanismo no debería interpretarse como generación genuina de dólares por parte de la economía, sino como una nueva fuente de financiamiento que adelanta disponibilidad de divisas a cambio de obligaciones futuras.
El riesgo está en el descalce de monedas
La oportunidad financiera existe, pero también existe un riesgo que Argentina no puede ignorar. Una empresa que factura en pesos y toma deuda en dólares queda expuesta al tipo de cambio. Mientras exista estabilidad cambiaria, la diferencia entre una tasa en dólares y una tasa significativamente más elevada en pesos puede hacer que ese financiamiento resulte atractivo.
El problema aparece si el dólar aumenta significativamente. En ese escenario, la deuda medida en pesos también aumenta, mientras que los ingresos de la empresa pueden tardar mucho más en ajustarse.
Por eso, esta herramienta no debería evaluarse solamente comparando tasas de interés. Antes de tomar un crédito en dólares, una empresa debería analizar su capacidad de generación de caja, su nivel de endeudamiento, el plazo del préstamo, su exposición cambiaria y, especialmente, su capacidad para soportar distintos escenarios de devaluación.
Una tasa más baja puede convertirse rápidamente en un financiamiento caro si existe un descalce importante entre la moneda de los ingresos y la moneda de la deuda.
La propia regulación parece reconocer este problema al exigir mayores niveles de capital a los bancos y evaluaciones específicas de la capacidad de repago frente a movimientos del tipo de cambio.
Una oportunidad para profundizar el crédito
Argentina continúa teniendo un sistema financiero pequeño en relación con el tamaño de su economía. Por eso, ampliar las fuentes disponibles para financiar al sector privado puede contribuir a recuperar inversión, aumentar el crédito y mejorar la intermediación financiera.
Si parte de los dólares depositados comienza a financiar proyectos productivos, el sistema financiero puede cumplir mejor una de sus funciones fundamentales: transformar ahorro en inversión.
La medida puede generar más financiamiento, ampliar la oferta de dólares en el mercado y mejorar las condiciones de acceso al crédito para determinadas empresas.
El desafío será evitar que una herramienta diseñada para profundizar el crédito termine generando descalces de moneda en compañías que no tienen capacidad para absorberlos.
La oportunidad está en movilizar los dólares que ya existen dentro del sistema y convertir una mayor parte de ese ahorro en crédito, inversión y actividad productiva.
El desafío será hacerlo sin repetir viejos desequilibrios. Porque ampliar el crédito puede ser una herramienta para impulsar la economía, pero su éxito no dependerá solamente de cuántos dólares se presten, sino de cómo empresas y bancos administren el riesgo que implica endeudarse en una moneda distinta a la de los ingresos.
*Por Nicolás Parreira, economista y director de Grupo Sigma.