Hay un número que resume mejor que cualquier otro el estado del sistema financiero argentino en este momento y que preocupa al Gobierno: el crédito bancario en pesos al sector privado, que actualmente representa apenas el 9,2% del PBI. Si se suman los préstamos en moneda extranjera, llega al 12,3%.
Para ponerlo en perspectiva, el promedio de América Latina es del 47%. Brasil supera el 60%. Chile está cerca del 80%. Argentina, con el sistema financiero más antiguo y sofisticado de la región, tiene el nivel de crédito más bajo.
El Banco Central informó los datos de junio y el diagnóstico es que el crédito al consumo no solo no crece, retrocede. Así lo muestra El Informe Monetario Mensual:
- Los préstamos para el consumo registraron una contracción del 0,8% real frente a mayo y la cifra anual es aún peor
- Las financiaciones con tarjeta de crédito cayeron 4,2% interanual
- Los préstamos personales bajaron 1,1%
- Los prendarios (para comprar autos) profundizaron su tendencia descendente con una caída del 0,4% real mensual, esto a pesar de que la venta de vehículos tuvo un leve repunte en junio
Los únicos segmentos de crédito que crecen con fuerza son:
- El hipotecario (63% interanual) sostenido por las líneas UVA y el hecho de que las familias priorizan el pago por encima de cualquier otra obligación
- El crédito en dólares al sector exportador, que subió un 48,7% en el último año con un saldo de u$s23.741 millones
Pero ese es otro mercado, con otra lógica y otros actores.
Mora récord: la reacción de los bancos
La caída del crédito al consumo no es un fenómeno de mercado. Es una decisión estratégica de los bancos, que desde hace varios meses optaron deliberadamente por no empujar la colocación de préstamos. La razón es doble:
- Por lado de la demanda: el consumo privado está estancado y las familias no están pidiendo financiamiento con la misma intensidad que en 2024 o el primer semestre de 2025
- Por el lado de la oferta: los bancos necesitan "limpiar" sus carteras después de que la morosidad trepara al 12,7% en mayo (casi cinco veces el nivel de octubre de 2024)
El avance de la mora en Argentina
Las medidas concretas son visibles para cualquier usuario. Los límites de las tarjetas no se actualizan, los criterios para aprobar un préstamo personal se endurecieron, y las tasas de interés se mantienen altas para limitar el acceso a clientes con menor perfil crediticio.
Ante la ausencia de demanda robusta y la necesidad de sanear balances, las entidades prefieren colocar sus fondos en deuda pública, que ofrece rendimiento sin riesgo de mora.
Belén González, analista financiera especializada en mercados de crédito, lo describe con precisión: "Lo que está haciendo la banca es racional desde la perspectiva del negocio. Si tenés el 12,7% de cartera irregular y no ves señales claras de que el consumo va a recuperarse, preferís comprar LECAP al 2,5% mensual sin riesgo antes que prestarle plata a alguien que puede no devolvértela."
Pero advierte que "el problema es que esa decisión individual correcta, tomada por los 30 bancos más grandes al mismo tiempo, genera un freno sistémico al crédito que el mercado solo no puede resolver".
Hay un mecanismo perverso en la ecuación actual del crédito argentino que el Banco Central explica con claridad en su informe pero que pocos lectores entienden en toda su dimensión.
El ratio de mora se calcula dividiendo el monto de préstamos en situación de retraso sobre el stock total de préstamos otorgados. Eso significa que incluso si la mora empieza a frenarse (gracias a los planes de refinanciación del Banco Nación, Provincia y Ciudad) el indicador seguirá siendo alto mientras el denominador de la ecuación (los nuevos préstamos otorgados) no crezca.
Es un círculo vicioso. La mora alta frena los nuevos préstamos y la falta de nuevos préstamos mantiene el ratio de incumpliento alto. Los planes de refinanciación son necesarios, pero no alcanzan para romper ese ciclo.
Mora récord: el impacto en los argentinos
El panorama es claro pero no imposible de navegar. Hay tres lecturas prácticas para quienes están en alguno de los dos lados de esta ecuación:
- Para quien necesita un crédito para consumo: el momento no es el mejor para encontrar condiciones favorables en la banca tradicional. Los criterios de aprobación son más estrictos, los límites de tarjeta están frenados y las tasas siguen altas. Las opciones pasan por los planes específicos de Banco Nación (hasta 120 cuotas para refinanciar deuda existente), Banco Provincia (hasta 72 meses) o explorar opciones en el segmento fintech, aunque ahí la mora es del 32% y las tasas son mayores
- Para quien tiene deuda de tarjeta paga el mínimo: la caída en el stock de financiación de tarjetas no significa que los bancos estén condonando deudas. Significa que están aprobando menos crédito nuevo. Las deudas existentes siguen corriendo con intereses altos. La recomendación sigue siendo negociar con el banco antes de entrar en mora, no después
- Para el sistema en su conjunto: el stock de crédito al 9,2% del PBI es el dato más importante de este informe y el que más suena a oportunidad perdida. Un sistema financiero que no canaliza ahorro hacia consumo e inversión productiva no cumple su función básica. Y el sector argentino sigue siendo el menos desarrollado de una región que tampoco se distingue por la profundidad de su crédito
Lucrecia Simes, analista financiera con especialización en consumo y crédito bancario, señala el impacto de esta situación sobre las familias: "El endurecimiento de los criterios de calificación bancaria está expulsando del sistema a personas que antes calificaban y hoy no".
"Una persona que pagó siempre, pero tiene un sueldo que no le alcanza desde el mes 20, empieza a perder acceso al crédito formal antes de incumplir un solo pago. El sistema se vuelve más restrictivo justo cuando más se necesita flexibilidad", concluye.