En la jerga del Banco Central, "situación 5" significa que un deudor lleva más de un año sin pagar. Es el escalón final antes de que la deuda se venda a un estudio jurídico o se dé por perdida. Se llama "irrecuperable" porque, en la práctica, lo es.
En marzo de 2026, el 10,8% del total prestado por billeteras virtuales y fintech a sus clientes cayó en esa categoría. En pesos, $1,5 billones. En perspectiva histórica, hace exactamente un año, ese porcentaje era del 2,6%. Se cuadruplicó en apenas doce meses.
Ese número es la síntesis más brutal del daño que dejó la combinación de tasas altísimas, inflación que erosionó ingresos y un modelo de crédito que durante 2024 le prestó a todo el mundo con pocas preguntas. El boom crediticio de ese año sembró lo que 2025 y 2026 están cosechando, una generación de deudores que tomó plata a tasas del 100%, 200% o más, y que hoy no puede devolver ni el capital.
Quién le debe a quién: el mapa de un problema que no es de una sola empresa
Las dos entidades con mayor participación en el mercado de crédito no bancario son Naranja X, con el 37,7% del total prestado, y Mercado Pago, con el 14,8%, según datos de la consultora EcoGo basados en la Central de Deudores del BCRA.
El dato de Mercado Pago es el más visible, su porcentaje de morosos irrecuperables es del 2,7%. Para una plataforma de su escala, ese número implica una exposición concreta que la empresa maneja con modelos de scoring dinámico y restricción de crédito a perfiles de alto riesgo. Naranja X, por su parte, afirmó que "la morosidad se mantiene en niveles gestionables y con una resiliencia muy superior al promedio del sistema", y que en marzo detectó una baja en la mora.
Pero el promedio del sistema dice otra cosa. La irregularidad de las carteras de las entidades no bancarias se ubicó en marzo en el 27,5% (más de cuatro veces la morosidad del sistema financiero tradicional). Dicho de otra manera, uno de cada cuatro pesos prestados por una fintech o billetera virtual en Argentina tiene algún nivel de incumplimiento. Uno de cada diez está en la categoría más crítica del sistema.
El diagnóstico que sobrevuela el ecosistema financiero es que esto no fue un problema puntual de una o dos entidades descuidadas, sino que fue sistémico. El presidente del BCRA, Santiago Bausili, reconoció recientemente que "la peor parte ya debería haber pasado". Esa frase, dicha por el máximo regulador, es más reveladora de la profundidad del problema que cualquier estadística.
La señal positiva que nadie quiere celebrar demasiado
En el medio de un panorama que parece uniformemente oscuro, aparecen tres datos que los analistas leen como señales de que el piso podría estar cerca.
El primero indica que por tercer mes consecutivo, los préstamos con riesgo bajo (mora entre 31 y 90 días) no crecen. Incluso caen en el margen. "La cartera en mora media ya muestra signos de degradación, pero el mayor incremento de la morosidad se desplaza hacia la categoría de incobrables", advierte a iProUP el economista Mario Fábrega.
En términos de dinámica de cartera, eso significa que el deterioro se está concentrando en un segmento que ya estaba perdido, mientras los tramos más recuperables dejan de empeorar.
El segundo dato es que la consultora 1816 midió que en marzo la mora con los bancos tradicionales aumentó pero con el menor ritmo de los últimos doce meses (solo 0,3 puntos porcentuales). "Esto permite ilusionarse con que finalmente la morosidad haga su pico en el segundo trimestre", plantearon.
El tercero, tal vez el más relevante para el mediano plazo, indica que el crédito al consumo representaba en octubre de 2025 el 155% del ingreso total de las familias. En marzo ya había caído a 145%. El desapalancamiento está en curso. Los argentinos están, voluntaria o forzosamente, endeudándose menos en relación a lo que ganan.
La conclusión de Fábrega es cautelosamente optimista: "Existen indicios de que la morosidad está alcanzando su techo técnico, lo que sugiere una próxima etapa de alivio o, al menos, un freno en el ingreso de nuevos deudores al sistema".
Por qué las tasas no bajan aunque la inflación sí bajó
Aquí está la paradoja que más afecta al deudor que quiere refinanciarse o al que busca un nuevo crédito. La tasa de préstamos personales de entidades financieras promedió el 68,3% anual en los primeros días de mayo de 2026. Prácticamente lo mismo que en enero y febrero. La inflación bajó. Las tasas, no.
La consultora 1816 identificó dos razones estructurales:
- La primera es directa: "Dada la morosidad, los prestamistas se cubren prestando solamente a tasas elevadas." Si uno de cada cuatro pesos prestados no vuelve a tiempo, la tasa del 75% que sí paga tiene que cubrir la pérdida del 25% que no paga. La matemática es implacable.
- La segunda razón es más técnica pero igual de importante. Las tasas cortas del sistema llevan dos meses y medio sin modificarse, y "al no haberse modificado el régimen monetario" del Banco Central, la tasa más larga (la de los créditos al consumo) se vuelve más imprevisible. Los prestamistas no saben qué va a pasar con el costo del dinero en seis meses. Ante esa incertidumbre, cobran más ahora.
El resultado es una trampa: la morosidad alta genera tasas altas, las tasas altas hacen más difícil pagar, lo que mantiene la morosidad alta. Romper ese ciclo requiere que los salarios reales suban lo suficientemente rápido como para que las cuotas (que ya no se licúan tanto con la inflación) se vuelvan manejables. Eso puede pasar, pero no es automático.
Qué le pasa al moroso "irrecuperable": el destino del 11%
Para quien cayó en la situación 5, el camino es estrecho y está bien definido. En el sistema fintech, los casos de morosidad crítica terminan en uno de dos destinos:
El segundo camino (la vía judicial) aplica para montos donde el recupero tiene sentido económico. Implica embargo de cuentas bancarias, de sueldos en el caso de relación de dependencia registrada, y en casos extremos de bienes registrables. La diferencia con la vía bancaria es que las fintech suelen tener instrumentos de deuda con menor fuerza ejecutiva, necesitan una demanda ordinaria, que es más lenta y cara que el proceso ejecutivo disponible para los bancos.
Lo que ninguno de los dos caminos resuelve es la situación de fondo del deudor, que salió del sistema formal de crédito en el momento en que más lo necesita para navegar un contexto de tasas altas y salarios que tardaron en recuperarse.