La norma que hoy tensiona al sistema financiero no es nueva. Está plasmada en la Comunicación "A" 6558, emitida por el BCRA en 2018, y durante años funcionó como un mecanismo silencioso, casi invisible para el público. El problema apareció cuando la cantidad de deudores que activan ese mecanismo se multiplicó.
El funcionamiento indica que se deberá recategorizar al deudor cuando exista una discrepancia de más de un nivel entre la clasificación dada por la entidad y las otorgadas por al menos otras dos, fideicomisos financieros o entidades no financieras emisoras de tarjetas de crédito, en categorías inferiores a la asignada por aquella, cuyas acreencias en conjunto representen el 40% o más del total informado por todos los acreedores, según la última información disponible en la Central de Deudores del Sistema Financiero.
Traducido a un caso concreto: si una persona tiene un crédito en un banco al que le paga sin problemas, pero se atrasó en un préstamo de una billetera virtual o de otra entidad que representa el 40% o más de su deuda total, el banco al que le cumple está obligado por norma a bajarle la calificación y tratarlo como moroso.
No importa que con esa entidad específica el cliente esté en regla. La recategorización del deudor se efectúa a partir del mes siguiente al de la puesta a disposición de esa información en la Central de Deudores, es decir, de forma prácticamente automática y sin margen de apelación para la entidad afectada.
La frustración de los bancos con el "efecto arrastre"
La frustración de las entidades financieras no es abstracta. Una de las líderes lo resume a iProUP con un ejemplo textual: si un cliente cayó en mora con otra entidad o con una billetera virtual, el banco "debe proceder a una recategorización obligatoria para replicar la mala nota asignada por esa otra entidad", incluso en casos en los que el propio banco tiene privilegio de cobro sobre el sueldo del cliente, como ocurre con los agentes financieros de provincias que prestan a empleados públicos.
Otra entidad fue más allá al describir el origen del problema y reconocieron haber hecho una evaluación crediticia correcta, pero el cliente, golpeado por la caída del ingreso disponible, tomó en un momento de asfixia financiera un préstamo de emergencia más caro en otra entidad, que luego no pudo pagar. Como ese otro prestador clasificó al cliente en categoría 3 o 4 siguiendo la norma, el banco que sí le cobraba con normalidad también tuvo que hacerlo.
La norma del BCRA que golpea a los usuarios
Ese mecanismo, multiplicado por millones de casos, es lo que los bancos describen como una traba artificial para reactivar el crédito a las familias.
El economista Pablo Ferrari lo resume con un agregado técnico que complica aún más el cuadro: a los criterios del efecto arrastre se suman los esquemas de "pérdidas incurridas" y "pérdidas esperadas" (según se trate de entidades pequeñas o grandes), que impiden normalizar una calificación de manera inmediata.
Esas normas obligan a mejorar la categoría escalón por escalón, exigiendo un mínimo de tres meses consecutivos de cumplimiento para volver a situación 1, y en el caso de las entidades más grandes, previsionar la pérdida estimada de toda la vida residual del crédito si el modelo predictivo detecta un incremento de riesgo.
"Esto implica un período de cura obligatorio de entre 6 y 12 meses antes de salir del estado de sospecha", agrega Ferrari.
El presidente del BCRA, Santiago Bausili, ya había descartado hace casi un mes cualquier plan de flexibilización regulatoria: "No está previsto porque, normativamente, lo único que podríamos hacer es alivianar requerimientos de capital, y hoy a los bancos les sobra capital. Ellos tienen que esperar a que la mora haga un pico y empiece a bajar, porque una reducción del costo de capital no les va a cambiar esa realidad."
Mora récord, cifras 5,3 millones
El contexto en el que se discute esta norma es el de un crédito que lleva un año entero estancado. El stock total desembolsado por bancos pasó de poco más de $73 billones a mediados de junio de 2025 a unos $97,5 billones actualmente, un avance nominal de apenas 33%, prácticamente igual a la inflación acumulada en el período.
La diferencia con el año anterior es marcada. El crédito se expandía a tasas interanuales superiores al 100% hace un año, y ese ritmo se redujo a 1,3% a fin de mayo, con una contracción mensual de 0,8% en junio que llega a 7,6% si se incluye la financiación con tarjetas de crédito.
Los últimos datos disponibles muestran que 5,3 millones de personas ya presentan problemas para pagar sus préstamos, equivalentes al 27% de quienes tienen algún tipo de financiamiento, según un relevamiento de la consultora Analytica, con mayor incidencia entre los menores de 30 años.
Esa cartera de familias representa el 43% del total de préstamos otorgados por los bancos y concentra el grueso de la mora. "Hay poco margen para ilusionarse con una recuperación del crédito bajo las condiciones normativas actuales", resume para iProUP la analista financiera Belén Ferrer.
La experta explica: "El problema del efecto arrastre es que convierte un incumplimiento puntual y acotado en un evento sistémico para el deudor".
"Una persona que tiene tres líneas de crédito y se atrasa en una sola, por una emergencia médica o la pérdida de un ingreso extra, puede quedar inhabilitada en las otras dos aunque las venga pagando sin problema", ejemplifica.
"Eso no solo perjudica al deudor, también le quita a los bancos la posibilidad de diferenciar entre un buen pagador con un tropiezo puntual y alguien con un patrón de incumplimiento generalizado", remarca Ferrer.
Las tasas que no bajan y la asimetría entre empresas y familias
Mientras se discute si la norma agrava artificialmente la foto de la mora, hay un dato que confirma que el costo del crédito sigue capturado por ese mismo problema. Las tasas activas se comportan de manera muy distinta según el segmento.
Los adelantos en cuenta corriente para empresas redujeron su costo en 747 puntos básicos en lo que va del año, hasta promediar una tasa nominal anual de 25,1%. Los préstamos personales, en cambio, apenas bajaron 42 puntos básicos, del 70,5% al 68,6% anual.
Para el economista Pablo Ferrari, "las tasas de los créditos a individuos siguen afectadas por los elevados niveles de mora". El especialista agrega que "la baja de la tasa pasiva a 30 días solo reactiva el financiamiento comercial transitorio (descuento de cheques y adelantos), pero el crédito al consumo exige previsibilidad respecto del costo futuro del fondeo, algo poco probable bajo el esquema actual de control de agregados monetarios y elevados encajes".
Ante ese riesgo de liquidez, sumado al riesgo político de 2027, los bancos mantienen tasas activas muy elevadas para las familias. Belén Ferrer suma una mirada sobre el origen estructural del problema: "La explosión de la mora actual tiene una causa identificable y no es exclusivamente individual. Viene de las tasas de interés que se dispararon en la previa electoral de 2025 y de encajes llevados a niveles muy elevados".
Para la profesional, "si el diagnóstico es que el problema fue sistémico, parece razonable que la salida también contemple ajustes sistémicos en los criterios de clasificación, en lugar de esperar exclusivamente a que el ciclo se revierta solo."
Una norma que pasó de ser excepción a regla masiva
El efecto arrastre no nació para castigar a millones de deudores simultáneamente. Se diseñó en 2018, en un contexto de mora baja, como un mecanismo de control para evitar que entidades complacientes ocultaran el riesgo real de sus carteras. Funcionó bien mientras el problema que debía resolver era marginal.
Hoy, con 5,3 millones de personas en mora y una cartera familiar que concentra el 43% del crédito total, esa misma norma diseñada para excepciones se volvió la regla. Cada deudor que se atrasa en una sola línea arrastra su calificación en todas las demás, multiplicando el número de personas excluidas del sistema formal de crédito mucho más allá de quienes efectivamente representan un riesgo de no pago generalizado.
El BCRA tiene razón en un punto: bajar requerimientos de capital no va a cambiar la realidad de fondo. Pero esa respuesta no toca la pregunta que los propios bancos están haciendo, que no es sobre el capital sino sobre el criterio de clasificación. Mientras esa discusión no se resuelva, cada nuevo deudor que se atrasa en un solo crédito sigue arrastrando, sin poder evitarlo, una mala nota que paga en todos los frentes a la vez.