La lógica tradicional del sistema financiero frente a la mora es reactiva. Esto es, el cliente deja de pagar, acumula atrasos y recargos, y recién entonces la entidad le ofrece una reestructuración. El tema es que, para entonces, el daño ya está hecho.
Desde el rubro fintech explican que ese modelo tiene un defecto central: cuando se actúa ya es tarde, el cliente ya está más deteriorado y estresado, y con menor capacidad real de ordenar sus finanzas.
Fuentes del sector confirmaron de manera exclusiva a iProUP que, además del rescate a los usuarios en mora, se trabaja en una respuesta conceptualmente distinta.
Las señales que encienden las alertas tempranas
Un empresario del sector fintech define lo que significa una refinanciación preventiva: "Consiste en no esperar a que el cliente ya haya caído en mora formal para recién ahí ofrecerle una salida, sino detectar señales de fragilidad financiera antes del incumplimiento e intervenir en ese momento", revela un ejecutivo fintech a iProUP.
En términos operativos, el cambio es muy fuerte. En lugar de administrar daño consumado, se trata de preservar cartera antes del default. Los promotores de esta novedad creen que, bien ejecutada, esta herramienta no solo es más efectiva para la entidad, sino que también protege al cliente de consecuencias que pueden ser difíciles de revertir: pérdida de capacidad crediticia, acumulación de punitorios y exclusión del sistema financiero formal.
El punto técnico más relevante de la refinanciación preventiva es saber a quién ofrecérsela. Fuentes de la industria advierten que no se trata de abrir campañas masivas de refinanciación para toda la cartera, porque genera un efecto no deseado, como acostumbrar al cliente a pensar que siempre habrá una salida más flexible, aunque todavía esté al día.
La estrategia 'anticaída' de las billeteras
Por eso, explican a iProUP, el enfoque es selectivo y basado en señales concretas. Es decir, una serie de conductas que del lado del usuario pueden pasar inadvertidas, pero para quienes prestan plata no:
- Pagos siempre realizados al límite del vencimiento, lo que puede indicar que el cliente ya no tiene margen de liquidez
- Uso intensivo o casi total de la línea disponible, que sugiere dependencia creciente del crédito
- Solicitud de un segundo préstamo demasiado pronto respecto del anterior, como una forma indirecta de buscar oxígeno financiero
- La elección de la cuota máxima posible, que revela que el tomador está en el borde de su capacidad de pago y no con holgura
- Un aumento visible en las deudas contraídas en el resto del sistema financiero.
Quienes revelan esta estrategia a iProUP aclaran que ninguna de esas variables, tomada en forma aislada, prueba necesariamente un problema. Pero cuando se combinan, forman un patrón que anticipa una mora en gestación. Y ahí es donde intervienen extendiendo plazo, bajando cuota, reorganizando el flujo de pagos o reformulando la obligación de forma que el cliente pueda sostenerla.
Para el experto en consumo Gabriel Meloni, se trata de "un camino lógico que busca no tener que ir siempre detrás de problemas mayores". Para el especialista, "casi nunca el cliente final tiene noción de herramientas que pueden causarle hasta un alivio mental. Que las proponga el prestamista es saludable para todos".
Mora temprana vs. mora tardía
En el universo fintech establecen una distinción que no siempre aparece en el debate público, pero es clave para entender la lógica del modelo. No es lo mismo un cliente con señales de fragilidad que todavía no incumplió, que uno que acumula más de 270 días de atraso.
- Mora temprana: hay señales de fragilidad, pero sin incumplimiento. Todavía hay margen de intervención y el usuario conserva mayor capacidad de normalización. La refinanciación preventiva apunta exactamente a ese estadio
- Mora tardía: deuda de 270 días o más. La situación ya es mucho más deteriorada, con menor recuperabilidad, y la lógica se acerca más a la gestión intensiva e incluso a la acción judicial.
"Lo que se está viendo en los últimos meses es que varios bancos empezaron a ofrecer refinanciaciones a quienes venían con dificultades para sostener el pago de sus créditos, especialmente en tarjetas y préstamos personales", precisa una de las fuentes bancarias consultadas.
En su visión, "la lógica es clara: en lugar de dejar que el crédito entre en mora, se busca reestructurar la deuda bajando la cuota mensual para que el cliente pueda seguir pagando". Desde el sector fintech van un paso más allá: la idea no es solo reestructurar cuando ya hay señales visibles, sino anticiparse a la caída antes de que sea estadística.
La doble racionalidad: qué gana el cliente y qué gana la entidad
La refinanciación preventiva tiene una doble lógica que la distingue de otras herramientas de gestión de cartera. No es solo una decisión de negocios, es también una herramienta de prevención de deterioro crediticio con efectos en ambos lados de la ecuación.
Por un lado, el cliente puede evitar que una dificultad transitoria se transforme en un incumplimiento formal con consecuencias reputacionales, financieras y emocionales. Un atraso registrado en la Central de Deudores del BCRA puede cerrar el acceso al crédito formal durante años. Una reestructuración temprana, en cambio, permite mantener su historial en situación regular y seguir dentro del sistema.
Por otro, cuando un préstamo entra en mora, la entidad tiene que constituir previsiones contables para cubrir potenciales pérdidas, lo que impacta directamente en los resultados. Si la refinanciación logra que el cliente vuelva a pagar con cierta regularidad, el crédito puede mantenerse en una categoría de menor riesgo y la entidad necesita previsionar menos capital.
En términos prácticos, eso evita inmovilizar recursos y permite seguir canalizando crédito. Entre las fintech son explícitos: no se trata de dar más crédito al que está complicado, sino de una reestructuración inteligente y anticipada frente a señales objetivas de tensión.
El sector rechaza la narrativa de las tasas usureras
La refinanciación preventiva aparece en un contexto en que la vereda fintech enfrenta críticas cruzadas. Desde el Congreso se los acusa de tasas abusivas y desde algunos sectores se los señala como responsables directos del boom de mora. Ellos rechazan ambas lecturas.
"Las fintech no tienen capacidad para fijar el precio del dinero, ni por sí mismas ni todas juntas. No son formadoras de precio", se escudan. Argumentan que una tasa alta es el resultado de sumar costo de fondeo, mora esperada, gastos operativos y rentabilidad mínima. Si la mora sube, la tasa sube. No es una decisión arbitraria, es el mercado trasladando el riesgo al precio.
Sobre la mora, las fuentes fintech advierten que detrás de una experiencia digital ágil existe una arquitectura sofisticada de evaluación, prevención y gestión del riesgo, basada en motores de decisión que analizan múltiples variables antes de aprobar, rechazar o reformular una oferta crediticia.
"La mora actual no es culpa de los proveedores no financieros de crédito. Si realmente se quiere solucionar el problema, la discusión tiene que correr por otro carril", exigen.
Con la morosidad en niveles record con un 11% de irregularidad en préstamos familiares (el valor más alto desde la crisis de 2001) y hasta el 27% en el sector no bancario, distinguir al cliente en dificultad transitoria del deudor irrecuperable no es solo una buena práctica de riesgo. Es la diferencia entre sostener el negocio del crédito digital o ver cómo se cierra antes de que la economía termine de estabilizarse.