Entre marzo de 2024 y mediados de 2025, el crédito vivió en Argentina algo parecido a una euforia. Los préstamos personales y tarjetas combinados crecieron un 130% real en ese período, en un contexto donde los bancos flexibilizaron requisitos. El consumo se reactivó, los balances lucían sanos y el crédito parecía ser el motor de la recuperación económica.
Esa expansión tenía, sin embargo, una lógica frágil. Se otorgaron préstamos a segmentos de la población con capacidad de pago ajustada, muchas veces contra documentación mínima. Cuando el ciclo se cerró, la cuenta llegó de golpe.
La proporción de deuda en mora casi se cuadruplicó en doce meses, pasando del 2,7% en enero de 2025 al 10,6% en enero de 2026. No es un dato aislado, es el decimoquinto mes consecutivo de suba y representa el peor registro desde la salida de la Convertibilidad en 2001.
La otra cifra clave: golpe directo a la rentabilidad
El deterioro de las carteras se tradujo en pérdidas concretas para el sistema. Según un informe de la consultora CML&A que dirige Pablo Curat, ex director del BCRA, la rentabilidad sobre el capital (ROE) cayó del 11% en el segundo semestre de 2024 al 4% en el mismo período de 2025, y el 40% de las 73 entidades analizadas presentó ROE real negativo.
La diferencia entre ganadores y perdedores es brutal. Las financieras de automotrices lideran el ranking de rentabilidad, porque prestan siempre con garantía prendaria. En el extremo opuesto, Ualá, Columbia, CFA, Másventas, VOII y Sucrédito acumularon los peores desempeños:
- Naranja alcanzó una rentabilidad del 68%
- PSA registró 57%
- Rombo obtuvo 50%
- Fiat Logro 46%
Mora récord en billeteras y bancos
Para el economista Pablo Marino, la explicación es estructural: "Quien presta con garantía real cobra. Quien apostó al crédito masivo sin respaldo, hoy absorbe pérdidas".
"Los bancos privados minoristas muestran una cartera en situación anormal del 16,8%, el doble del promedio del sistema", precisa el experto a iProUP.
Las fintech y billeteras, el frente más vulnerable
Si el sistema bancario tradicional muestra señales de estrés, fuera de él la situación es directamente crítica. La consultora EcoGo relevó que la irregularidad en las carteras de crédito no bancario llegó al 23,9% en enero de 2026, casi cuatro veces la irregularidad del crédito total del sistema financiero.
Los números por entidad son más elocuentes aún. Tarjeta Naranja encabeza el listado con 35,7% de préstamos en situación irregular, Cencosud reportó 25,5% y Credicuotas Consumo alcanzó 25,4%. Mercado Libre presentó una tasa del 14,7%.
El problema no es solo de magnitud sino de perfil de deudor. Las fintech y billeteras captaron a sectores que la banca tradicional no tocaba (trabajadores informales, pequeños comerciantes, personas sin historial crediticio) y ahora enfrentan el costo de esa inclusión sin la red prudencial que tienen los bancos. La regularidad de estas carteras cayó de 92,1% a 76,1% entre diciembre de 2024 y enero de 2026.
Los datos macroeconómicos tienen su correlato en la economía doméstica. Una encuesta de la consultora Proyección realizada a 2.000 hogares revela con precisión quirúrgica el nivel de tensión financiera:
- El 20,1% pidió dinero a amigos o familiares para llegar a fin de mes
- El 11,1% pagó la tarjeta de crédito en cuotas mínimas
- El 10,9% recurrió a un banco
- El 9,1% acudió a Mercado Pago o usó cuotas de plataformas digitales
- Solo el 42,9% declaró no haber necesitado endeudarse
En otras palabras, más de la mitad de los hogares argentinos tuvo que apelar a algún mecanismo de financiamiento para sostener su consumo cotidiano. El dato más preocupante es que el "colchón de solidaridad" se está agotando. Es decir, los préstamos entre familiares o amigos representaban el 35,4% de la deuda no bancaria en 2025 y cayeron casi 20 puntos porcentuales. Cuando ese recurso también se agota, no queda mucho margen.
Los argentinos acumulan hoy más de $39 billones en deuda, de los cuales $32,1 billones son bancarios y $6,9 billones son informales.
Mora récord: qué necesita el sistema para estabilizarse
Los especialistas coinciden en que la mora no se resuelve sola. Para el analista financiero Matías Robledo, hay dos únicos mecanismos de alivio. "Generar nuevos préstamos, algo que diluye el índice; o la refinanciación de la deuda en situación irregular".
"Desde mediados de 2025 el crédito dejó de crecer en términos reales, y las señales de refinanciación son escasas", agrega el experto.
El Banco Central intenta influir sobre esas variables. Implementó medidas como el débito automático de cuotas de préstamos y trabaja para bajar las tasas de corto plazo, con el objetivo de generar condiciones para un saneamiento gradual. La lógica es simple y marca que el crédito más barato permite refinanciar deuda cara y sacar a los morosos del pozo.
Moody's estimó que la morosidad continuará en aumento durante el primer semestre de 2026, para comenzar a estabilizarse gradualmente en la segunda mitad del año. El único segmento que escapa a la tendencia es el hipotecario, donde la mora se mantiene en torno al 1%. "Los deudores priorizan el techo sobre cualquier otra obligación", concluye Robledo.
Hay una paradoja en el corazón de este problema. El crédito fue el instrumento que permitió sostener el consumo y la recuperación económica desde 2024. Pero ese mismo crédito, otorgado con criterios laxos y tasas reales elevadas a segmentos vulnerables, se convirtió en el vector del deterioro actual.
Si los ingresos reales no logran alcanzar el nivel de endeudamiento acumulado, el sistema entra en un círculo vicioso: más mora obliga a los bancos a prestar menos y con condiciones más duras, lo que reduce el consumo, lo que deteriora aún más la capacidad de pago. En una economía donde más de la mitad de los hogares depende del financiamiento para llegar a fin de mes, ese escenario no es solo un riesgo bancario. Es un riesgo macroeconómico de primer orden.