Europa está dando pasos concretos para crear alternativas propias a los gigantes estadounidenses de los pagos digitales, como Visa y Mastercard.

Después de años de depender mayoritariamente de redes extranjeras para las transacciones cotidianas, desde transferencias hasta pagos con tarjeta, se aceleran iniciativas políticas y tecnológicas con el objetivo de devolver a Europa el control de su infraestructura de pagos, reducir costos y proteger su soberanía financiera.

Un impulso político y regulatorio hacia el euro digital

Hace unos días, el Parlamento Europeo aprobó un respaldo clave para el euro digital, una moneda digital emitida directamente por el Banco Central Europeo (BCE) y diseñada para competir con las redes de pago privadas dominantes. La iniciativa podría iniciar pruebas piloto en 2027 y una posible emisión al público en 2029 si se aprueba la legislación necesaria durante 2026.

El euro digital tiene como objetivo no solo ser otro método de pago, sino un nuevo modo de uso del dinero central en forma digital, con el respaldo directo de la autoridad monetaria europea.

Al facilitar pagos tanto en línea como en tiendas físicas sin intermediarios externos, se busca disminuir la dependencia de Visa, Mastercard y otros proveedores foráneos que actualmente procesan la mayoría de las transacciones en Europa.

Sin embargo, lanzar esta infraestructura no será barato: el propio BCE estima que los bancos de la UE podrían incurrir en costos de entre 4.000 y 6.000 millones de euros en cuatro años para adaptar sus sistemas y tecnologías al nuevo esquema del euro digital.

Este impulso político se da en un contexto donde más del 75% de las transacciones de pago en la eurozona todavía depende de redes controladas por empresas norteamericanas, lo que los reguladores europeos consideran un riesgo estratégico y una limitación para la competitividad local.

Iniciativas privadas: Wero y la integración de sistemas europeos

Mientras el euro digital avanza, Europa también desarrolla alternativas privadas e interbancarias para competir con Visa y Mastercard en el terreno de pagos diarios y comercio electrónico.

Destaca en este frente la European Payments Initiative (EPI), un consorcio bancario paneuropeo respaldado por varios de los mayores bancos de la UE, como Deutsche Bank, BNP Paribas, Santander y UniCredit, entre otros.

EPI lanzó en 2024 el monedero digital Wero, concebido como una solución integrada de pagos móviles y en línea que se basa en los pagos instantáneos de cuenta a cuenta del sistema SEPA. A diferencia de las tarjetas tradicionales, Wero permite enviar dinero usando solo un número de teléfono, sin necesidad de tarjeta física o de pasar por una red extranjera para el procesamiento de la transacción.

Los avances de Wero han sido rápidos. En su primer año de operación, la plataforma captó más de 43 millones de usuarios y planea introducir pagos de comercio electrónico en 2026, ampliando su utilidad más allá de las simples transferencias entre personas.

Esta adopción acelerada sugiere que el proyecto podría convertirse en un competidor real para las redes de tarjetas tradicionales, especialmente si logra una integración profunda con los comercios europeos.

Otro movimiento significativo en este campo es la firma de acuerdos interbancarios para crear redes de pagos interoperables entre sistemas nacionales existentes, como Bizum en España, Bancomat en Italia y MB WAY en Portugal, lo que podría facilitar pagos transfronterizos sin necesidad de intermediarios externos. Estas redes interoperables podrían estar operativas a partir de 2026 para pagos entre personas y en 2027 para pagos comerciales.

Por qué se busca una alternativa europea

La dependencia de empresas no europeas para la infraestructura de pagos tiene varias implicancias. En primer lugar, los costos de transacción que cobran estas redes (normalmente entre un 1% y 3% del valor de la compra) benefician a empresas extranjeras en lugar de quedarse en el territorio europeo, afectando la competitividad de comercios locales y reduciendo márgenes de ganancia.

En segundo lugar, la preeminencia de sistemas como Visa y Mastercard implica una transferencia de datos sensibles de pagos fuera de la UE, lo que podría tener consecuencias de privacidad y seguridad frente a posibles presiones geopolíticas.

Reducir esa dependencia es visto por muchos en Bruselas como una pieza más de la estrategia europea para reforzar su autonomía tecnológica y económica en un mundo cada vez más competitivo.

Además, el enfoque en sistemas propios permitiría integrar mejor los pagos con políticas económicas y monetarias de la UE, potenciando la innovación financiera y fomentando una mayor competencia entre proveedores de servicios dentro del bloque.

Desafíos y perspectivas

A pesar de los avances, el camino para desplazar a Visa y Mastercard no es sencillo. La infraestructura global de estas compañías está profundamente arraigada en los hábitos de consumidores y comerciantes, y su red de aceptación es vasta.

Crear alternativas que igualen o superen la cobertura y confianza que los usuarios ponen en las redes estadounidenses requiere tiempo, inversión y cooperación entre múltiples actores dentro de Europa.

Al mismo tiempo, el calendario político y regulatorio es exigente: el euro digital depende de la aprobación de marcos legales adicionales y de la selección de proveedores de servicios de pago antes de que se pueda desplegar a gran escala, mientras que la interoperabilidad de iniciativas privadas requiere superar retos técnicos y de adopción entre bancos de distintos países.

Pese a estos desafíos, la combinación de un activo soberano como el euro digital junto con sistemas de pago paneuropeos como Wero y redes interoperables nacionales representa el esfuerzo más ambicioso de Europa para lograr una alternativa significativa a Visa y Mastercard.

Si estas iniciativas tienen éxito, podrían transformar la forma en que se hacen pagos en la región y reducir la influencia de proveedores no europeos en uno de los aspectos más cotidianos de la economía moderna.

En resumen, el avance hacia un competidor europeo en el campo de los pagos digitales está en marcha y combina esfuerzos regulatorios, políticos y tecnológicos. Aunque el dominio actual de Visa y Mastercard no se revertirá de la noche a la mañana, Europa avanza con pasos firmes hacia una infraestructura de pagos más autónoma, competitiva y alineada con sus intereses económicos.

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