Japón decidió cambiar el guion. Después de años con uno de los regímenes fiscales más duros para cripto del mundo, el regulador se mueve para bajar impuestos, ordenar el mercado y atraer capital.

El resultado potencial puede ser potente: un ecosistema cripto integrado al sistema financiero, con reglas claras y un costo fiscal comparable al de las acciones. Silicon Valley del Este, pero versión blockchain. Algo que los usuarios cripto argentinos comienzan a mirar con recelo.

El corazón de la reforma radica en que la Agencia de Servicios Financieros de Japón (FSA) impulsa que las ganancias de 105 criptomonedas aprobadas dejen de tributar como "ingresos misceláneos", con tasas marginales de hasta 55%, y pasen a pagar 20% sobre ganancias de capital, el mismo trato que la renta variable.

Menos fricción, más previsibilidad. En cripto, eso suele traducirse en más volumen, más inversión minorista y más interés institucional.

La baja impositiva viene con orden. El proyecto incorporaría prohibiciones explícitas de insider trading: quien tenga información no pública (listados, deslistados, problemas del emisor) no podrá operar los tokens afectados. Es el traslado directo de estándares bursátiles al universo cripto. En paralelo, el operador de la Bolsa de Tokio evalúa endurecer controles tras episodios recientes.

Bancos con Bitcoin y la señal que mira el mundo

La FSA también analiza permitir que bancos mantengan Bitcoin con fines de inversión y que grupos bancarios puedan licenciarse como exchanges para ofrecer trading y custodia. Si avanza, Japón sería de los pocos mercados desarrollados donde cripto y banca conviven bajo el mismo techo regulatorio. Infraestructura, escala y confianza, todo junto.

Japón propone algo simple y efectivo: menos castigo, más reglas y mejor integración. En un mundo donde muchos países aún dudan entre prohibir o mirar de costado, Tokio elige atraer. Y cuando un mercado desarrollado baja impuestos y sube estándares, el capital suele seguir el camino más lógico.

Iñaki Apezteguia, cofundador de Crossing Capital, señala a iProUP que la Argentina se encuentra actualmente en una etapa de transición hacia una regulación más formal, impulsada principalmente por la creación del Registro de Proveedores de Servicios de Activos Virtuales (PSAV) bajo la órbita de la Comisión Nacional de Valores (CNV).

Recuerda que, a diferencia del enfoque japonés, que busca integrar las criptomonedas directamente en la Ley de Instrumentos Financieros y Bolsa para tratarlas como acciones, el avance argentino ha sido más reactivo y enfocado en el cumplimiento de estándares internacionales contra el lavado de dinero (GAFI).

Apezteguia destaca que, si bien en la Argentina se debatió la posibilidad de considerar a ciertos criptoactivos como valores negociables, "el marco actual es todavía fragmentado y se centra más en la supervisión de las plataformas que en una reclasificación integral del activo como un 'producto financiero' con todas sus implicancias legales y de protección al inversor".

En este sentido, para el experto, la Argentina se percibe hoy más lejana a la propuesta de Japón, "especialmente en lo que respecta a la armonización fiscal y la transparencia operativa".

Y es que, mientras que Japón planea reducir drásticamente su carga impositiva del 55% al 20% para equipararla con el mercado bursátil y establecer reglas estrictas contra el insider que manejo información privilegiada, "la normativa argentina no tiene aún ese grado de sofisticación y profundidad", dice Apezteguia.

En el ámbito local, la presión impositiva y la falta de una ley de activos digitales integral mantienen al ecosistema en una zona de "gris legal" en comparación con la estructura robusta y previsible que Japón busca consolidar, "donde la criptomoneda deja de ser un activo "diverso" para convertirse en un componente regulado del sistema financiero tradicional", concluyó.

Qué significa para la Argentina el modelo japonés

Por su parte, Rodrigo Durán Guzmán, Director de Comunicaciones Notbank by CryptoMarket, opina que la decisión de Japón de clasificar las criptomonedas como producto financiero y reducir la carga impositiva "marca un punto de inflexión en la consolidación de los activos digitales dentro de la economía formal".

Es que este movimiento entrega certeza jurídica, fortalece la protección al usuario e integra definitivamente al ecosistema cripto en el sistema financiero tradicional, generando un entorno propicio para atraer inversión, innovación y empresas tecnológicas de alcance global.

Para Durán Guzmán, la combinación entre regulación clara e incentivos fiscales posiciona a Japón como un potencial nuevo polo cripto internacional, en un escenario donde la confianza y la estabilidad normativa son factores decisivos para el crecimiento de la industria.

Para la Argentina, dice Durán Guzmán, que ya cuenta con una comunidad cripto desarrollada, alta adopción y talento tecnológico, "el modelo japonés ofrece una referencia valiosa: ordenar el marco legal y revisar la estructura tributaria puede impulsar la innovación sin debilitar la supervisión".

Y advierte: "Lo que debemos entender es simple. En un mercado donde los países compiten por atraer capital tecnológico y financiero, aquellos que logren ofrecer seguridad jurídica, reglas previsibles e incentivos adecuados serán los que lideren la próxima etapa de la economía digital".

Por último, Mariquena Otermin, CMO de Bitwage, advierte a iProUP que este nuevo proceso que Japón proyecta al reconocer  a las criptomonedas como un producto financiero es un modelo "realmente interesante para observar, especialmente considerando la tradición de innovación y tecnología que tiene ese país".

Otermin dice que esto ofrece "un panorama muy interesante sobre el futuro de las criptos. Y desde la Argentina, donde muchos trabajadores ya reciben incluso sus honorarios en cripto, una regulación así podría ofrecer un entorno más claro y confiable para aprovechar aún más las criptomonedas".

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