La pandemia sacudió a los mercados mundiales, que vieron como sus economías tambaleaban por la reducción de la actividad económica. Esto repercutió en los PBI de todos los países afectados, así como también en el valor y cotización de las monedas fíat. Un ejemplo es que el dólar es cada vez más débil.

Todo parece indicar que el dólar estadounidense seguirá debilitándose en el 2021. Todavía está muy lejos de su mínimo histórico (71 en el 2008). Sin embargo, está en un 12% por debajo de su máximo de marzo. De hecho, el dólar no había estado así desde la primavera del 2018. Lo que implica que la demanda ha caído considerablemente y los inversores están asumiendo más riesgos.

No por nada la jefa del BCE, Christine Lagarde, advirtió recientemente que sólo tolerará hasta un euro a 1,27 dólares este año antes de tomar medidas. Ya trepó a 1,23 y los analistas lo ven muy cerca de 1,25. Otro tanto acontece con el yuan. Y siendo China, junto con Brasil, los principales socios comerciales de Argentina resulta interesante observar qué está aconteciendo con ambas monedas. No solo por el tema comercial sino también por el impacto sobre las reservas brutas del Banco Central dado que cerca de la mitad está nominada en yuanes vía el swap con China.

Al contrario de lo que pasa en la mayor parte de los países, el Yuan se aprecia, y tiene las mejores chances de aumentar su valor relativo

Al respecto el Banco Popular de China (PBOC por sus siglas en inglés) sorprendió al mercado al elevar el tipo de cambio del yuan a máximos de dos años y medio, en respuesta a la apreciación que experimentó la moneda (que desconcertó al mercado) desde que el ente monetario decidió rebajar el peso del dólar en su índice de divisas. Pero la reacción no se hizo esperar y estos cambios imprimieron una fuerte volatilidad al renminbi ya que su avance contra el dólar disparó una ronda de toma de ganancias.

El banco central ubicó el tipo de cambio medio del yuan contra el dólar en 6,4760 yuanes, es decir, 648 pips, un 1% por encima del anterior de 6,5408 yuanes. Se trata del mayor aumento de un día del yuan desde que China abandonó una paridad con el dólar en 2005. El yuan subió casi un 7% frente al dólar en 2020, impulsado por una amplia ventaja de rendimiento de la deuda china sobre otros mercados desarrollados y la rápida recuperación de la economía al coronavirus.

Como aputa el medio Ámbito, si bien los operadores dicen que esta fortaleza del yuan está dentro de los rangos previstos para este año, reconocen que las expectativas apuntaban a una apreciación constante y gradual. Por lo que este aumento repentino desbarató esas previsiones. El yuan abrió en 6,4601 por dólar y saltó a 6,4292 en la sesión de ayer, su nivel más fuerte desde el 15 de junio de 2018. Mientras que su contraparte en el extranjero (offshore) subió más del 0,6% para superar el nivel de 6,42 yuanes y tocar 6,4127 por dólar, también el cambio más firme desde mediados de junio de 2018. Sin embargo, horas después, las ganancias del yuan se desvanecieron, con la moneda operándose a 6,4622 yuanes, un poco más débil que el cierre anterior. Los analistas indican que la fuerte suba del yuan provocó la toma de ganancias, lo que suscitó al giro a la baja.

Pero la falta de resistencia de los bancos estatales o del PBOC al rally sugiriere que la moneda reanudará su rally. La lectura de los operadores es que probablemente la recuperación económica de China tras la pandemia se mantendría. fuerte mientras que EE.UU y Europa siguen luchando por contener el virus, lo que indica que la senda para la fortaleza del yuan está mucho menos obstaculizada por las preocupaciones de bloqueo de las economías. Según los grandes cambistas la tolerancia implícita del PBOC a un mayor repunte del yuan por debajo de 6,50 por dólar este año sólo reforzó el flujo de compra de renminbi. Cabe recordar que el yuan tocó máximos por encima de los 7 por dólar a mediados del 2020 y luego comenzó a caer. Es un tema a monitorear dada la escasez de reservas del BCRA.

Cuando un latinoamericano escucha el término "debilidad" automáticamente se preocupa, porque se asocia con una indisciplina crónica en la política monetaria, tan característica en su región. En el caso latinoamericano, eso tiende a ser cierto. Una moneda débil en el contexto latinoamericano normalmente significa la destrucción progresiva de la moneda nacional. En este caso, no se está hablando de ciclos o de algunos puntos porcentuales. Por lo general, estos debilitamientos son la destrucción de la moneda debido a un mal manejo por parte del Gobierno y los bancos centrales. El caso venezolano es uno de los ejemplos más dramáticos.

El dólar se ha depreciado, y aunque aún no ha roto aún bajas históricas, crea preocupación en los mercados

Otro tanto ocurre con el real brasileño que en las últimas semanas aceleró su ritmo de depreciación. Desde el 10 de diciembre pasado cuando cotizó a 5,02 por dólar inició un sendero ascendente. Hoy se negocia a 5,28 reales por dólar. Vale recordar que tocó máximos de 5,89 y mínimos de 4,82 a lo largo del año pasado. En el último tiempo, mientras el real se depreció más de un 5,2% el peso argentino lo hizo en poco más de 2,2%. De esta manera el real recuperó algo del terreno perdido en el 2020 frente al peso. Dado que el año pasado el peso se depreció cerca de un 40% y el real menos del 30%. Así y todo la balanza comercial sigue favoreciendo a Brasil de modo que si el tipo de cambio bilateral se tuerce más a favor del real se complicará el comercio bilateral. El BCRA no puede dejar que el peso pierda competitividad pero a la vez no puede alentar que se acelere todavía más la inflación. Otro gran desafío para el BCRA y Economía.

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