En el mercado laboral actual, el sueldo ya no es el único factor determinante para la permanencia de un empleado. Según la nueva edición del estudio "Líderes o Jefes" realizado por Bumeran, la relación con el superior inmediato se ha vuelto una pieza crítica: el 49% de los trabajadores en Argentina tiene una percepción negativa de su jefe (26% regular y 23% mala).

Aunque la cifra muestra una leve mejora respecto al 52% registrado en 2025, el malestar sigue siendo profundo. El impacto es directo en la rotación de las empresas: el 73% de los talentos confesó haber pensado en renunciar alguna vez debido exclusivamente a una mala relación con su superior.

Fuente: Bumeran

Por qué falla la relación jefe-empleado

El estudio identifica tres razones principales por las cuales los trabajadores califican negativamente a quienes están al mando:

Por el contrario, las cualidades más valoradas por los argentinos son la capacidad de escucha (64%) y la contribución al crecimiento profesional de los subordinados (60%).

Sin embargo, la brecha es grande: casi 6 de cada 10 talentos no consideran a su superior un "líder", sino simplemente alguien que ocupa un cargo jerárquico.

La visión desde Recursos Humanos

La problemática no pasa desapercibida para las empresas. El 44% de los expertos en RRHH considera que el liderazgo en sus organizaciones es deficiente.

Para los especialistas, la característica fundamental que le falta a los jefes actuales es la capacidad para inspirar y motivar a su equipo (80%).

¿Qué hacen las organizaciones cuando detectan problemas de liderazgo?

Sin embargo, todavía existe una cuenta pendiente: el 66% de los profesionales de RRHH admite que no implementa estrategias concretas para ayudar a las personas en cargos jerárquicos a desarrollar su capacidad de liderazgo.

El deseo de liderar

A pesar de la visión crítica sobre sus propios jefes, el espíritu emprendedor y de crecimiento sigue vigente. 8 de cada 10 trabajadores creen tener las cualidades necesarias para ser líderes.

Lo que más los motiva a aspirar a esos puestos es la posibilidad de contribuir al éxito de la organización y la oportunidad de guiar y desarrollar a otros talentos.

En un contexto donde el bienestar laboral y el "salario emocional" ganan terreno, las empresas enfrentan el desafío de transformar a sus jefes en líderes reales. El costo de no hacerlo es claro: la pérdida constante de sus mejores talentos.

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