Bitcoin busca recuperar la senda alcista y recuperó los u$s65.000 luego de que Donald Trump anunciara la tregua con Irán, dando por tierra con una vieja promesa de independencia del sistema financiero tradicional
En efecto, el whitepaper liberado en 2008 impulsaba eliminar intermediarios, devolver el control del dinero a los usuarios y construir una red en le que bancos, brokers y gestores de activos dejaran de ser necesarios.
De allí nació un mantra dentro de la comunidad cripto: "Not your keys, not your coins" ("Si no son tus claves, las monedas no soy tuyas"). El mensaje apuntaba a que los inversores custodiaran personalmente sus cripto en billeteras privadas y evitaran depender de terceros.
Sin embargo, apenas dos años después de la aprobación de los fondos cotizados (ETF) spot en Estados Unidos, la realidad del mercado parece haber tomado una dirección completamente distinta. Lejos de un ecosistema dominado por individuos gestionando sus propios activos, Bitcoin se está institucionalizando a una velocidad inédita.
Los grandes ganadores de ese proceso son precisamente dos gigantes de Wall Street: BlackRock y Fidelity. Los datos más recientes muestran que ambos están convirtiendo a los ETF de Bitcoin en un mercado de dos jugadores, concentrando la mayor parte de los nuevos flujos de inversión mientras el resto de los competidores pierde relevancia.
La nueva puerta de entrada a Bitcoin
Cuando la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos (SEC) aprobó los ETF spot de Bitcoin en enero de 2024, el mercado celebró el inicio de una nueva etapa para el activo digital.
Más de una docena de emisores lanzaron productos casi simultáneamente. Entre ellos aparecían nombres históricos de la industria financiera como BlackRock, Fidelity, Franklin Templeton, VanEck, Ark Invest, Bitwise y WisdomTree. La expectativa inicial era que se desarrollara una competencia intensa por captar inversores institucionales y minoristas.
Pero la historia se desarrolló algo diferente. Dieciocho meses después, la mayor parte del dinero nuevo que ingresa a los ETF de Bitcoin termina en solo dos fondos: el iShares Bitcoin Trust (IBIT) de BlackRock y el Wise Origin Bitcoin Fund (FBTC) de Fidelity.
El poder de Blackrock y Fidelity sobre Bitcoin
El 14 de enero, por ejemplo, los ETF spot registraron ingresos netos por u$s840,6 millones. De ese total, IBIT captó u$s648,4 millones, mientras que FBTC recibió otros u$s125,4 millones. Entre ambos concentraron más del 90% de los flujos de la jornada.
La dinámica volvió a repetirse en abril y mayo, cuando los dos fondos absorbieron entre dos tercios y tres cuartos de todo el capital nuevo que ingresó al sector.
El efecto BlackRock en la demanda de Bitcoin
La consolidación de BlackRock no debería sorprender. La firma administra más de u$s10 billones en activos en todo el mundo y posee una red de distribución que alcanza a miles de asesores financieros, bancos privados, fondos de pensión, family offices y plataformas de inversión.
Para un inversor institucional, comprar Bitcoin mediante un ETF de BlackRock suele resultar más sencillo que abrir cuentas en exchanges, gestionar billeteras digitales o implementar sistemas de custodia propios.
La lógica es similar a la que impulsó el crecimiento de los ETF tradicionales durante las últimas décadas: simplicidad operativa, liquidez, regulación y una marca reconocida.
Fidelity cuenta con ventajas comparables. Su presencia histórica en el mercado de inversiones estadounidense le permitió transformarse rápidamente en la segunda gran puerta de entrada institucional hacia Bitcoin. Como resultado, ambos gestores se quedaron con la porción más valiosa del negocio.
La paradoja de Bitcoin
La situación plantea una paradoja difícil de ignorar. El documento fundacional de Satoshi Nakamoto proponía una red descentralizada donde los usuarios pudieran transferir valor sin necesidad de confiar en intermediarios.
Sin embargo, la adopción institucional está generando un nuevo tipo de concentración. En lugar de millones de inversores controlando directamente sus activos, una proporción creciente del suministro circulante de Bitcoin se encuentra bajo custodia de grandes instituciones financieras.
La mayoría de quienes compran ETF ni siquiera interactúan con la blockchain. Obtienen exposición al precio desde una cuenta de inversión tradicional mientras BlackRock, Fidelity u otros custodios almacenan los bitcoins subyacentes.
Para los defensores más puristas del ecosistema, esto representa una contradicción con los principios originales de la industria. Para otros, en cambio, constituye la validación definitiva de Bitcoin como activo financiero global.
La transformación que preocupa a los bitcoiners
Sobre este tema, Iván Bolé, analista de mercados, sostiene que el ingreso de Bitcoin a Wall Street a través de los ETF marcó un punto de inflexión para el ecosistema. "Fue el fin de la garage band de punk rock y el comienzo de una estrella pop", afirma.
Según su visión, el fenómeno es similar al momento en que una banda deja de ser under o cuando alguien saca un auto 0 km de la concesionaria: hay satisfacción por el éxito alcanzado, pero también se pierde parte de la esencia original.
Para Bolé, la llegada de los grandes jugadores era una condición necesaria para que Bitcoin alcanzara valuaciones de seis cifras. "No había volumen para llegar a u$s100.000 con los mismos de siempre, mucho menos a u$s125.000. El mismo que te sube, te baja de un hondazo. Eso es el volumen de los ETF de Bitcoin. No hay la una sin la otra", explica.
El analista plantea además una reflexión sobre el camino que tomó la adopción de Bitcoin. Se pregunta si la revolución imaginada por los primeros bitcoiners consistía en que la criptomoneda fuera promovida por Estados, como ocurrió con El Salvador; empresas, como Strategy, o si era esperable que terminara formando parte de las tesorerías corporativas, los fondos de inversión y las estrategias especulativas de Wall Street. "Claramente no lo era, pero sucede y hay que vivir con eso porque Bitcoin no es de nadie. Y parte de eso es lo genial", dice.
Sin embargo, advierte que existe una diferencia clave que suele pasar desapercibida. Según señala, apenas alrededor del 20% del circulante de Bitcoin se encuentra negociándose en exchanges y ETF, mientras que el 80% permanece fuera del mercado.
"Ese 20% es el que marca el precio", sostiene. En contraste, menciona que en compañías como Apple, Microsoft, Amazon, Tesla, Alphabet, Meta Platforms o Nvidia ocurre lo contrario: entre el 75% y el 80% del capital suele encontrarse disponible para trading.
Desde su perspectiva, la creciente concentración de flujos en los mayores administradores de ETF aporta liquidez y, en teoría, debería contribuir a estabilizar el precio una vez superada la etapa de descubrimiento de valor. "Eso ya ocurrió con el oro tras la llegada de los ETF en 2003", explica. No obstante, remarca que se trata de una lógica propia del mercado financiero tradicional y que buena parte de Bitcoin sigue funcionando bajo dinámicas distintas debido a la enorme proporción de monedas inmovilizadas.
Bolé también cuestiona la costumbre de medir el valor de Bitcoin exclusivamente en dólares, euros, pesos o stablecoins como USDT y USDC. A su juicio, eso refleja cuán temprana sigue siendo la adopción de la criptomoneda. Para quienes mantienen una visión más ideológica del activo, la verdadera adopción llegaría cuando bienes y servicios se valoren directamente en fracciones de Bitcoin, sin necesidad de referencias a monedas emitidas por los Estados.
Por último, advierte sobre el riesgo de las tendencias de mercado. "Nunca conviene ponerse de moda en el verano, porque al siguiente viene otra moda y te tiran a la basura", señala. En ese sentido, considera que parte de ese riesgo hoy aparece en la creciente fascinación de los inversores por la inteligencia artificial, un fenómeno que puede competir por la atención y los flujos de capital que durante los últimos años se dirigieron hacia Bitcoin.
Blackrock y Fidelity: ¿las nuevas ballenas de bitcoin?
Luis Ayala, Managing Director para América Latina en BitGo, considera que el avance de BlackRock y Fidelity dentro del mercado de Bitcoin no representa una contradicción con los principios originales de la criptomoneda, "sino una señal de su madurez".
Según explica, Bitcoin nació con la promesa de permitir que cualquier persona pudiera ser su propio banco, sin depender de terceros, una característica que sigue vigente y continúa al alcance de cualquier usuario".
"Lo que estamos viendo con BlackRock y Fidelity es una señal de que Bitcoin maduró lo suficiente como para atraer a los actores más grandes del sistema financiero tradicional", sostiene. En su visión, la adopción institucional no reemplaza al Bitcoin nativo, sino que amplía su alcance.
"Las instituciones necesitan infraestructura de custodia robusta y regulada, y eso no está reñido con los principios fundacionales de la red. La madurez de un ecosistema se mide por su capacidad de albergar ambos mundos", afirma.
Respecto de la creciente influencia de los ETF, Ayala reconoce que se está produciendo un cambio estructural en la composición de los actores que impulsan el mercado. Durante años, los exchanges y las grandes ballenas fueron quienes concentraban el poder de fuego dentro del ecosistema. "Sin embargo, hoy fondos como IBIT de BlackRock y FBTC de Fidelity canalizan una parte sustancial de la demanda institucional", sostiene.
"BlackRock gestiona más Bitcoin que muchos de esos actores históricos combinados, pero lo hace con una lógica completamente distinta. No especula en el corto plazo, sino que administra mandatos de largo para inversores institucionales y minoristas sofisticados", explica.
No obstante, aclara que este fenómeno no necesariamente implica una mayor concentración del riesgo. A diferencia de otros participantes del mercado, los ETF operan bajo marcos regulatorios definidos y están sujetos a exigencias de transparencia y reportes periódicos. Aun así, advierte que la fuerte dependencia de dos productos merece seguimiento. "Si BlackRock o Fidelity enfrentaran algún problema regulatorio o de liquidez, el impacto sobre el precio puede ser significativo", señala.
Consultado por este medio sobre si la concentración de flujos fortalece o debilita al mercado, Ayala considera que ambas interpretaciones tienen fundamentos válidos. Por un lado, destaca que los ETF aportaron liquidez, ayudaron a reducir la volatilidad en determinados períodos, legitimaron a Bitcoin frente a reguladores y facilitaron el acceso de inversores institucionales que antes no podían participar por cuestiones de compliance. "El mercado hoy es más profundo y más estable en parte gracias a estos flujos", resume.
Sin embargo, también advierte que la concentración de una porción relevante de la demanda institucional en apenas dos jugadores introduce una fragilidad que antes no existía. "Bitcoin fue diseñado para ser resistente a puntos únicos de falla. Si el mercado spot depende en exceso de los flujos de dos ETF, esa resiliencia se ve comprometida en el margen", sostiene.
Para el ejecutivo, la solución no pasa por limitar la adopción institucional, sino por ampliar la competencia y diversificar las fuentes de demanda. "La respuesta es más emisores, más geografías y más productos regulados. La infraestructura de este mercado tiene que ser tan distribuida como el protocolo que lo sostiene", concluye.