OpenAI fue demandanda por la aseguradora japonesa Nippon Life, que le reclama u$s10 millones por el supuesto asesoramiento legal que ChatGPT brindó a una exclienta, lo que derivó en litigios que ya habían sido cerrados por acuerdo.

La compañía acusa al desarrollador de ChatGPT de haber intervenido de manera ilícita en contratos vigentes y de ejercer la abogacía sin autorización estatal.

Según el escrito, la inteligencia artificial habría inducido a una usuaria a incumplir un acuerdo de conciliación firmado en 2024, lo que generó nuevos procesos judiciales.

La disputa comenzó en 2022, cuando una asegurada reclamó a Nippon Life la suspensión de pagos de su póliza de incapacidad.

Tras varios meses de litigio, ambas partes alcanzaron un acuerdo en enero de 2024, que incluía una compensación económica y el cierre definitivo de cualquier acción judicial.

Sin embargo, la clienta no quedó conforme y, un año más tarde, consultó a ChatGPT sobre la validez del pacto.

El rol de ChatGPT

De acuerdo con la demanda, la usuaria recibió respuestas de ChatGPT que reforzaron su idea de reabrir el caso. Incluso despidió a su equipo legal luego de que la IA respondiera afirmativamente a sus dudas sobre una supuesta manipulación emocional.

En enero de 2025, presentó una moción redactada con ayuda de la IA para anular el acuerdo y demandó nuevamente a Nippon, además de iniciar acciones contra otras entidades vinculadas, como Davies Life & Health y Allsup.

Por su parte, Nippon sostiene que la clienta se apoyó en "argumentos legales erróneos o inventados", conocidos como alucinaciones de la IA, que incluyeron precedentes judiciales inexistentes y citas fuera de contexto.

La aseguradora solicita u$s300.000 en daños compensatorios por los gastos legales derivados de los intentos de reapertura del caso, además de u$s10 millones en daños punitivos y el pago de costas y honorarios.

OpenAI actualizó sus políticas en octubre de 2025, prohibiendo expresamente que ChatGPT ofrezca asesoramiento personalizado en ámbitos médicos, legales y financieros.

Sin embargo, los hechos denunciados ocurrieron antes de esa restricción, lo que abre un debate sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas frente al uso de sus herramientas.

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