La transparencia es una exigencia cada vez más común y sin embargo compleja de lograr.  

Un estudio sobre delitos económicos de la consultora PWC, reveló que el 57% de las 100 empresas encuestadas sufrió algún tipo de fraude durante el 2018, y el 44% manifestó que aumentará sus inversiones para evitar el delito económico.

Las empresas que más delitos económicos reportaron en los últimos dos años pertenecen al rubro de los servicios financieros, retail, energía, servicios públicos y minería.

Numerosas organizaciones optan por destinar un importante porcentaje de sus recursos en tecnología para maximizar los controles para evitar el delito. Sin embargo, cuando se trata de fraude, en particular el que se ejecuta desde adentro, la inversión en tecnología llega a un punto donde no pueden evitar ciertos mecanismos para su evasión, y su rendimiento se vuelve decreciente. A su vez, a nivel mundial está cambiando la mirada sobre la cultura del fraude, y hay cada vez más las organizaciones están empezando a tener una mirada más proactiva para cambiar el foco hacia la prevención.

Punto cero: seleccionar personas íntegras

Las empresas buscan la honestidad como valor decisivo al momento de la contratación. Una encuesta de la Fundación Everis de España de 2017, ubica a la honestidad y al compromiso ético en el primer lugar, dentro de las exigencias y búsquedas de muchas compañías a la hora de reclutar talentos.

La integridad de una persona se expresa en la completa alineación entre lo que piensa, lo que dice y lo que hace. Podríamos extrapolar y decir que la integridad organizacional habla de la coherencia entre lo que la empresa piensa, dice y hace. Esto exige que las acciones, los mensajes, las decisiones y el liderazgo de la organización sean consistentes con sus principios y valores. Además, es necesario que los valores y principios que la persona y la organización sostienen, sean valores éticos positivos.

Básicamente, la integridad organizacional sería la suma de la integridad ética de sus miembros componentes, así como la cualidad y calidad ética de la interacción entre ellos, en el contexto de las actividades, normativas, objetivos y estilos de toma de decisión dentro de una determinada organización.

Guido Palazzo, en su artículo "Organizational Integrity – Understanding the Dimensions of Ethical and Unethical Behavior in Corporations", observa con precisión que toda consideración ética comienza con el rol protagónico del individuo, quien hace u omite de hacer algo. Es por ello que el individuo debe ser considerado el punto inicial de referencia para poder entender la integridad de una organización.

Numerosos estudios han probado que una persona se comporta de modo diferente en distintos contextos, en distintas situaciones. Por ello es tan importante cuidar el contexto en el cual trabajarán e interactuarán los empleados. Ortega y Gasset lo resumió en su famosa frase: "Soy yo y mi circunstancia".

Management del bueno

Obviamente un management ético es un buen principio, pero no es suficiente para que los resultados de la organización sean éticos. Palazzo explica con inteligencia que quitar las manzanas podridas de la bolsa no garantiza que de todos modos algunas se arruinen, o que la bolsa no sea la correcta para almacenarlas, y que no se conserven del modo esperado. Lo que sí es claro, es que debemos identificar y sacar antes que nada las manzanas podridas.

Una vez (o paralelamente) que hemos cuidado la integridad de las personas, debemos analizar la ética de la organización misma, su coherencia, sus sistemas de control y sus valores.

La coherencia de una organización solo será posible si todos sus componentes conocen y comparten los mismos principios y valores éticos. El hecho de escribir y suscribir un Manual de Integridad es un paso de suma importancia. El manual expresa lo que la empresa piensa e invita a sus miembros a comportarse de acuerdo a estos principios. Integridad, decíamos, es la coherencia entre lo que se piensa, se dice y se hace.

El desafío está en lograr que el Manual de Integridad se cumpla, y para ello deben existir claros mecanismos de supervisión, denuncia, control y castigo.

Todo empieza en la persona

El Capital Humano es la mayor ventaja competitiva de las organizaciones. Pero lo contrario es igualmente cierto: los recursos humanos pueden ser el mayor obstáculo para el desarrollo de cualquier organización.

En la era de la Inteligencia Artificial, el Big Data y la comunicación instantánea, es la persona, su creatividad, su empatía e interacción con otros lo que marca la diferencia. Cuidar el ambiente de trabajo, incorporando personas éticas y cuidando un ambiente que no las corrompa es vital para la Integridad de las organizaciones.

En las organizaciones debemos incorporar el análisis de integridad como condición necesaria para el ingreso en los procesos de selección. Se estima que a mayor cantidad de empleados, mayor es la dificultad para transmitir la cultura y los valores de la organización y las actividades de control. No es suficiente con tener más y mejores sistemas de control, sino que se debe cambiar la mirada y ponerla en la prevención, en implementar sistemas de detección de fraude en todos los procesos que impliquen riesgos, pero sobre todo detectar la confiabilidad, integridad y honestidad desde la instancia cero, que es la del reclutamiento del personal.

Gabriel Mysler es managing director de Integrity Meter

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