Jamie Dimon, CEO de JPMorgan Chase, advirtió que los mercados de acciones y bonos de los Estados Unidos enfrentan riesgos que aún no están completamente incorporados en los precios.
En la presentación de resultados del tercer trimestre, el ejecutivo sostuvo que grandes déficits fiscales, inflación persistente, precios elevados de los activos, tasas de interés en aumento y tensiones geopolíticas siguen "moviéndose bajo la superficie" y producirían disrupciones significativas.
Los cinco riesgos que ve Jamie Dimon en el mercado
Dimon identificó cinco fuerzas que, según su diagnóstico, amenazan la estabilidad de los mercados. La primera es el déficit fiscal, que en el año fiscal 2026 alcanzó u$s1,99 billones y obliga al Tesoro a emitir una cantidad creciente de deuda para financiar el gasto público.
La segunda es la inflación persistente. En septiembre, los precios al consumidor subieron 3,7% interanual, con un salto de 34,2% en el precio de la gasolina, algo que presiona los presupuestos familiares y eleva los costos de las empresas.
Ese escenario reduce el poder de compra de los pagos fijos de los bonos y le da a la Reserva Federal argumentos para mantener tasas altas.
El tercer riesgo son los precios elevados de los activos. Dimon considera que las valuaciones de las acciones, especialmente en el segmento tecnológico, ya reflejan expectativas muy optimistas sobre la inteligencia artificial.
Jamie Dimon, CEO de JPMorgan, lanzó una nueva advertencia sobre las acciones y los bonos de EEUU
El índice Nasdaq retrocedió cerca de 6% desde su máximo de octubre, mientras el STAR 50 chino perdió alrededor de 40% en menos de cuatro meses, señales que el ejecutivo interpreta como un aviso de que la euforia puede corregirse.
La cuarta amenaza es el aumento de las tasas de interés. La FED elevó las tasas en septiembre al rango de 3,75% a 4% y los mercados esperan una pausa este 28 de octubre, seguida de otra suba en diciembre. Tasas más altas encarecen el crédito, presionan los beneficios corporativos y reducen el valor de los bonos existentes.
El quinto riesgo es geopolítico. El conflicto en Medio Oriente empujó el precio del petróleo por encima de u$s100 el barril, algo que agrega presión inflacionaria y obliga a la FED a mantener una postura restrictiva incluso si la actividad económica se debilita. Dimon advirtió que un nuevo shock energético podría amplificar el problema.
Dimon también advirtió sobre un escenario más específico: una presión creciente sobre el crédito corporativo. Según el ejecutivo, la competencia global por capital, combinada con el alto endeudamiento público y la enorme demanda de fondos para la expansión de la inteligencia artificial, elevaría los spreads de crédito y encarecería el refinanciamiento de las empresas.
"En algún momento el mercado pedirá más y más; (mi preocupación es) que ese ajuste se transmita a la deuda corporativa, especialmente a la de grado especulativo, y genere mayores costos de financiamiento, posibles incumplimientos y una contracción de la inversión", sostuvo Dimon en una entrevista con Bloomberg.
Jamie Dimon teme una nueva presión sobre bonos y acciones por el avance de las tasas
La advertencia llega en un contexto de venta global de bonos. El rendimiento del Tesoro a 10 años superó niveles vistos por última vez en 2002, mientras el bono a 30 años alcanzó máximos de 2007. Esa suba refleja que los inversores exigen una mayor compensación por asumir riesgo de duración y por financiar déficits crecientes.
Para Dimon, la combinación de tasas altas y déficits crecientes puede desencadenar una corrección en ambos mercados. En los bonos, el riesgo es que los llamados "vigilantes de la deuda" exijan un mayor premio por mantener Treasuries, algo que empuja los rendimientos al alza y reduce el precio de los títulos existentes.
En las acciones, el efecto se transmite por dos canales. El primero es el aumento del costo de capital, que presiona los múltiplos de valuación, especialmente en compañías de crecimiento y tecnología. El segundo es el deterioro del crédito corporativo, que implica menores beneficios, recortes de inversión y contracción del empleo.
El CEO de JPMorgan no se limitó a advertir. En julio declaró que no compraría acciones ni bonos del Tesoro a largo plazo a los precios vigentes. Sostuvo que, incluso si la inflación volviera al objetivo de 2%, el bono a 10 años debería cotizar entre 4% y 4,5%, un nivel que deja poco margen de apreciación para los precios de los Treasuries largos.
En la presentación de resultados de octubre, Dimon moderó el tono sin retirar la advertencia. Reconoció que los riesgos pueden ser manejables y que la economía estadounidense aún muestra fortaleza en consumo e inversión empresarial, pero aclaró que JPMorgan se prepara para un abanico amplio de escenarios.
La advertencia no es solo teórica. En el tercer trimestre, JPMorgan registró pérdidas por u$s658 millones en su cartera de bonos, una consecuencia directa de la suba de tasas y la caída de los precios de los títulos que la entidad mantiene en su balance.
La caída del valor de los bonos también redujo levemente el colchón de capital del banco, una métrica clave que supervisan los reguladores. Dimon reconoció que la actividad de trading se desaceleró en el trimestre y que la entidad redujo sus recompras de acciones de u$s7.000 millones a u$s1.000 millones, una señal de prudencia frente a la incertidumbre.