El Informe Monetario del Banco Central correspondiente a septiembre de 2026 dejó a la vista que el apretón o ajuste de cinturones continúa. Comparando los saldos a fin de mes, la base monetaria se achicó otros $0,5 billones.
El mecanismo es así, el BCRA adquirió u$s474 millones durante el mes, lo que implica emitir pesos para comprarlos. Pero esa inyección de liquidez fue más que compensada por operaciones de esterilización vía repos y por operaciones de financiamiento del Tesoro, que absorbieron otra tanda de pesos.
Dicho de otra forma, el Central emitió por un lado y retiró por el otro, con saldo neto negativo.
Los agregados monetarios tradicionales (básicamente, son los que miden la cantidad total de dinero que circula en la economía) mostraron movimientos marginales. El M2 privado transaccional creció 0,5% a precios constantes y sin estacionalidad, por la expansión del circulante en poder del público, que aumentó 1,6% real respecto de agosto. El M3 privado, el agregado más amplio, subió 0,7% en términos reales.
Todos estos indicadores acumulan en el año retrocesos reales que van del 2,2% al 5,5%, y se elevan a entre 6,9% y 15,2% en la medición contra septiembre de 2025.
Medidos contra el tamaño de la economía, la estrechez queda todavía más clara. La relación base monetaria sobre PBI cayó del 4,3% al 4% desde fin del año pasado, supuesto punto de partida del plan remonetizador. El M2 Total pasó del 8,6% al 8,1%.
Solo el M3 Total se mantuvo estable, del 16,4% al 16,5%, por el crecimiento del 4,3% que mostraron los depósitos a plazo fijo en pesos.
El plan de remonetización que el BCRA anunció y nunca ejecutó
A fines de 2025, el Banco Central anunció un plan de remonetización de la economía como contracara de su decisión de pasar a acumular reservas.
La lógica era simple: si el Central compra dólares, emite pesos. Esos pesos deberían quedar circulando en la economía, aumentando la cantidad de dinero disponible y habilitando más crédito y más actividad.
Eso no ocurrió. Y el dato que lo demuestra es contundente.
"Los números son muy claros: de los casi $21 billones que lleva emitidos el BCRA para comprar los u$s14.800 millones, se puede decir que no quedó ni $1 suelto en calle, todo lo contrario a lo que se había prometido al anunciar la recompra de reservas", describió el economista Amílcar Collante, de Consultora Profit.
Y explicó la decisión detrás de ese resultado: "La oferta monetaria sigue muy restringida porque se priorizó que la emisión por compra de divisas no vaya a circulante para que no se le desancle la inflación ni el tipo de cambio. Pero todo a costa de una posible reactivación".
Esa última frase resume el canje que hizo el Gobierno, estabilidad de precios y tipo de cambio a cambio de actividad.
La advertencia de Caputo que revela la estrategia oficial
El objetivo declarado del control sobre la oferta monetaria tiene dos patas: sostener la desinflación y mantener limitada la demanda de dólares.
El ministro de Economía, Luis Caputo, lo planteó sin rodeos días atrás: "La cantidad de pesos que hay prácticamente no creció el último año. Y a los que creen que van a salir pesos de algún lado para comprar dólares, les decimos no. Sepan que la cantidad de pesos es limitada".
Semanas antes, al exponer frente a inversores en Nueva York, el presidente Javier Milei había sido todavía más directo: "Los que apuesten contra el peso en 2027 van a terminar quebrados. Es una simple cuestión de números".
Ambas definiciones aluden a una existencia de pesos acotada frente a una posición del BCRA que se fue fortaleciendo, con munición adicional vía repos y swaps para el año electoral.
La contradicción que esas frases dejan expuesta. Tanto el ministro como el Presidente proclaman la necesidad de un Banco Central independiente, y hasta lo plasmaron en un proyecto de ley para modificar su Carta Orgánica. Pero al mismo tiempo le marcan el terreno públicamente, condicionando a la entidad y dejando a la vista que no cuenta con espacio propio para definir su política monetaria.
El economista Esteban Larraburu señala a iProUP por qué esa tensión importa más allá del debate institucional. "Un banco central que anuncia un plan de remonetización y no lo ejecuta durante casi un año pierde capacidad de señalización."
El experto advierte que "el mercado deja de leer sus anuncios como compromisos y empieza a leerlos como expresiones de deseo sujetas a lo que decida el Tesoro. Eso tiene costo, porque la política monetaria funciona en buena medida por expectativas, y las expectativas necesitan credibilidad."
La promesa de crédito que choca con la falta de pesos
Acá está el punto que conecta este informe con el anuncio que el propio BCRA hizo esta semana. La creación secundaria de dinero por la vía del crédito quedó congelada desde hace más de un año, después de haber aportado fuertemente entre mediados de 2024 y mediados de 2025.
La creación secundaria de dinero es el mecanismo por el cual los bancos multiplican la cantidad de dinero en circulación al prestar los depósitos que reciben. Es, en cualquier economía, la principal fuente de expansión monetaria.
Si está congelada, significa que el sistema financiero no está multiplicando el dinero. Y eso explica buena parte de la crisis que enfrentan los sectores productivos y de servicios vinculados al mercado interno.
La contradicción con el anuncio del miércoles. El 8 de octubre de 2026, el director del BCRA, Pedro Inchauspe, detalló los avances del proyecto de finanzas abiertas, que permitirá compartir datos entre bancos, billeteras y organismos públicos, con el objetivo declarado de ampliar la oferta de crédito y reactivar el financiamiento durante 2027.
Es decir, el mismo organismo que mantiene congelada la expansión monetaria promete reactivar el crédito con una herramienta de información.
Las dos cosas pueden convivir, pero conviene entender el orden de magnitud. Las finanzas abiertas mejoran la capacidad de evaluar a quién prestarle. No aumentan la cantidad de pesos disponibles para prestar.
Los datos del sistema confirman esa restricción. Según la consultora LCG, los préstamos en pesos se contrajeron 0,6% real en septiembre y las líneas de consumo acumulan trece meses consecutivos a la baja. El stock de crédito en pesos al sector privado está en términos reales prácticamente en el mismo nivel que en julio de 2025.
Por qué la demanda de pesos sigue sin reaccionar
El diagnóstico oficial sostiene que la oferta restringida evita desequilibrios. Pero hay una pregunta previa que los economistas plantean y que no tiene respuesta clara.
"Mantener una oferta monetaria restrictiva tiene como objetivo evitar cualquier desequilibrio entre oferta y demanda de pesos que se traduzca en más inflación o mayores presiones sobre el tipo de cambio, porque la demanda no lo convalida. ¿Por qué no lo hace? Es difícil establecerlo", explicó Fernando Baer, director de la consultora Quantum.
Una de las interpretaciones posibles apunta a la desconfianza en la supuesta fortaleza del peso. O, visto del otro lado, a un precio del dólar sostenido básicamente en las restricciones a la demanda de empresas que mantiene el Gobierno y en sus intervenciones en los mercados financieros.
El resultado es una economía que funciona a dos velocidades. Los sectores ligados al mercado externo, con acceso a liquidez a partir de la liquidación de divisas, crecen sostenidamente. Los vinculados a la plaza local y expuestos al peso siguen complicados.
Es exactamente la misma divergencia que se ve en el sistema financiero, donde los depósitos en dólares crecieron u$s1.023 millones en septiembre hasta los u$s41.910 millones y el crédito en dólares tocó un récord de u$s26.230 millones, mientras el financiamiento en pesos se contrae.
La dolarización silenciosa que avanza sin anuncio oficial
El planteo más provocador del análisis es de Baer, y apunta a un proceso que ocurre sin que nadie lo declare.
"Hay un aumento importante de los préstamos y depósitos en dólares en el sistema, y regulación que permite a los bancos prestar algo más de esos saldos a sectores no generadores de divisas, el 15% del total de ellos. Es decir, de a poco, la economía se está dolarizando endógenamente", señaló el director de Quantum.
Para él, todo parece ser parte de una apuesta por llegar por la vía larga a lo que Milei había planteado como una opción inmediata: la dolarización de la economía.
Ese dato del 15% merece atención especial. Históricamente, los bancos argentinos solo podían prestar depósitos en dólares a empresas con ingresos genuinos en esa moneda, básicamente exportadores. Ampliar esa posibilidad a sectores que no generan divisas es un cambio regulatorio con consecuencias de fondo.
Implica que una porción creciente del crédito disponible en la economía argentina está denominada en una moneda que el Banco Central no emite.
Tres variables definen si el apretón se mantiene o empieza a aflojar:
- El ritmo de compra de reservas del BCRA. Si el Central acelera las compras y decide no esterilizar, ahí sí habría remonetización efectiva. Los u$s474 millones de septiembre, totalmente esterilizados, muestran que esa decisión todavía no se tomó
- La evolución del crédito en pesos. Trece meses consecutivos de caída en consumo es el indicador más directo del efecto del apretón sobre la economía real
- El calendario electoral. Con las presidenciales de octubre de 2027 en el horizonte, el Gobierno tiene incentivos opuestos: mantener el dólar quieto hasta la elección y, al mismo tiempo, mostrar algo de reactivación
El plan de remonetización que el BCRA anunció hace casi un año sigue siendo, por ahora, un anuncio.