Los datos de agosto de 2026 muestran dos realidades que van en direcciones opuestas. En entidades financieras, la mora de las familias bajó de 12,9% a 12,8%, un descenso marginal que interrumpe un año y medio de presión sostenida.
En entidades no financieras (un universo que abarca desde tarjetas emitidas por comercios hasta billeteras digitales) el incumplimiento volvió a aumentar por vigésimo primer mes consecutivo y alcanzó un pico del 33,9%.
Ese segmento no es marginal. Explica el 17% del crédito total a los hogares, según el informe elaborado por la consultora 1816 a partir de la base de datos de la Central de Deudores del Banco Central.
Para dimensionar la brecha, uno de cada tres pesos prestados fuera del sistema bancario está en situación irregular, contra uno de cada ocho dentro de los bancos. La irregularidad total del crédito privado no financiero se ubicó en 7,7% en agosto, exactamente el mismo nivel de julio. Y la mora de las empresas subió de 3,6% a 3,8%.
Aunque una caída de una décima pueda parecer irrelevante, el informe explica por qué esta vez no lo es. "Una particularidad de la caída marginal de la irregularidad de las familias en agosto es que se explicó por un descenso en términos reales de los saldos en mora, algo que no ocurría para ningún mes desde marzo de 2024", señaló la consultora.
El nuevo mapa de la mora en Argentina (generado con IA)
La distinción importa porque la mora es un cociente. Se calcula dividiendo los saldos irregulares por los saldos totales de financiación. Hasta ahora, cuando el ratio bajaba podía deberse a que crecía el crédito total, no a que mejorara la situación de los deudores. Esta vez ocurrió lo contrario y bajó efectivamente el monto de deuda impaga medido en términos reales.
Para terminar de dimensionar, es la primera vez que eso sucede desde marzo de 2024.
La contracara que el propio informe advierte. La mejora no fue generalizada entre bancos. "Cuando miramos a nivel de entidad, la irregularidad de familias subió en la mayoría", precisó 1816. Según sus cálculos, el ratio aumentó en agosto respecto de julio en 17 de las principales 30 entidades financieras medidas por crédito a hogares.
Dicho de otra forma, el promedio bajó pero más de la mitad de los bancos empeoró.
Para el analista de riesgo Leandro Casabona, "que el agregado mejore mientras 17 de 30 entidades empeoran significa que la baja está concentrada en bancos grandes con carteras muy voluminosas."
"Son los que tienen capacidad operativa para refinanciar a escala. El mediano o el regional no tiene esa estructura, y por eso sigue acumulando mora. El dato promedio esconde una divergencia que importa mucho para el deudor según dónde tomó el crédito", asegura el experto.
Los indicadores que anticipan una posible mejora
El informe identifica dos señales adelantadas que sugieren que la mora bancaria podría empezar a ceder:
- Las refinanciaciones en máximo histórico. El saldo refinanciado por los hogares superó los $2,7 billones. Cada deuda reestructurada deja de computar como irregular una vez que el deudor empieza a cumplir el nuevo esquema, lo que debería contribuir a un descenso de los ratios en los próximos meses
- La caída de la mora temprana. La deuda calificada en Situación 2 (la que registra retrasos de hasta 90 días y todavía no computa formalmente como mora) cayó en agosto al 2,7%, su valor más bajo desde el mismo mes del año pasado.
Ese segundo indicador es el más predictivo de los dos. Históricamente, las contracciones en el tramo de mora temprana anticipan el techo de la irregularidad agregada, porque indican que la entrada de nuevos deudores en dificultades empezó a desacelerarse.
Esa lectura coincide con lo que planteó el superintendente de Entidades Financieras del BCRA, Juan Curutchet, quien sostuvo esta semana que "la caída de situación 1 a situación 2 ya es la mitad que meses atrás" y que el nivel de refinanciaciones de los bancos se ubica en 115.000 clientes por mes.
Un freno que puede retrasar la mejora
Acá está la advertencia más importante del trabajo, y tiene que ver con el denominador del cociente. "La velocidad de caída del ratio de irregularidad dependerá de qué tan rápido se recupere el crédito, que no es otra cosa que el denominador de ese ratio", señaló 1816.
Y el crédito no se está recuperando. La consultora remarcó la débil performance de los préstamos en los últimos quince meses El stock de crédito en pesos al sector privado es en términos reales prácticamente el mismo que había en julio de 2025, cuando el Gobierno eliminó las LEFI.
La consecuencia práctica es que, aunque los deudores regularicen su situación, el ratio puede moverse muy lentamente si el crédito total no crece.
A eso el informe suma una segunda señal de alerta que mira hacia adelante. Si bien reconoce la dificultad de anticipar cómo evolucionarán las tasas en pesos antes de la elección, advierte que el salto de estos días de hasta 20% anual de la tasa forward en dólares entre un AO27 y un AO28 es una clara luz amarilla.
Esa tasa forward mide lo que el mercado espera que cueste el dinero en dólares entre 2027 y 2028. Un salto de esa magnitud indica que los inversores están descontando riesgo adicional para ese período.
La economista Victoria Marchetti traduce qué implica ese combo. "El escenario más probable no es una mejora rápida sino una meseta prolongada. Las refinanciaciones sacan gente de la mora pero no reactivan el crédito, porque el que acaba de reestructurar no vuelve a pedir prestado por un buen tiempo."
"Sin crédito nuevo, el denominador se queda quieto. Podemos pasar varios meses con la mora clavada cerca del 12% aunque la situación de los deudores efectivamente mejore", sentencia.
Las deudas en el segmento no bancario
El segmento no bancario es el que concentra el deterioro y el que menos cobertura recibe. Ese 33,9% implica que más de uno de cada tres pesos prestados por billeteras digitales, fintech y tarjetas de comercios está en situación irregular.
Y lleva 21 meses consecutivos en aumento, sin una sola interrupción de la tendencia. Hay tres factores que explican la brecha con el sistema bancario:
- El perfil de los deudores. Las entidades no financieras atienden a un segmento que en muchos casos ya estaba excluido del crédito bancario tradicional
- El costo del financiamiento. Las tasas que cobran estas entidades duplican en promedio a las de los bancos, según señaló el propio informe del Banco Nación difundido en septiembre
- La capacidad de refinanciación. Los bancos cuentan con estructuras de recupero y programas de refinanciación a escala. El sector no bancario tiene menos herramientas y menos regulación sobre cómo gestionar esa cartera
Esa diferencia tiene consecuencias concretas. Según el Instituto Argentina Grande, 882.173 deudores ya tenían en julio sus deudas transferidas a casas de cobranza, y once entidades entre estudios, fondos y fideicomisos concentran el 15% de los morosos del país.
Tres lecturas prácticas se desprenden de los datos de agosto. Si la deuda es bancaria, el momento es favorable para negociar. Con $2,7 billones refinanciados y 115.000 operaciones mensuales, los bancos están activamente buscando reestructurar carteras. El Banco Nación bajó su tasa al 29% y el Banco Ciudad, al 28%
En caso de que la obligación sea con una billetera o fintech, las opciones son más limitadas. Ese segmento no tiene programas equivalentes ni está alcanzado por los planes provinciales de refinanciación, que se limitan a entidades supervisadas por el BCRA
Por último, la mejora del indicador no equivale a mejora individual. Que el promedio baje una décima no cambia la situación de nadie en particular. El dato relevante para cada deudor es si su propia entidad está entre las que mejoraron o entre las 17 que empeoraron