Puntos importantes
Casi seis de cada diez argentinos tomaron un préstamo, usaron crédito o financiaron gastos con la tarjeta en los últimos meses. El dato exacto es 58%, contra un 39% que no lo hizo y un 3% que no respondió, según el Informe Nacional de agosto de 2026 de la consultora Casa 3, dirigida por Mora Jozami.
El endeudamiento no se distribuye de forma pareja: sube entre mujeres (63%) y, sobre todo, entre los sectores de menores ingresos (65%). El relevamiento también desagrega por comportamiento electoral. Entre quienes votaron a Sergio Massa en las generales de 2023, el endeudamiento trepa al 75%.
El estudio se realizó entre el 10 y el 17 de agosto de 2026 sobre 1.200 casos efectivos en todo el país, con metodología mixta (presencial, telefónica y online), un margen de error de 2,9% y un nivel de confianza del 95,45%.
¿Para qué se usó realmente ese crédito?
Acá está el dato que cambia la lectura de toda la crisis de mora argentina y, hasta ahora, venía siendo motivo de fuertes debates.
El destino principal del crédito no fue la compra de un electrodoméstico, ni un viaje, ni una inversión productiva: fue comprar alimentos (26%). Le sigue cubrir gastos cotidianos del hogar con el 21% y pagar servicios, impuestos u otras obligaciones con el 15%.
Es decir, el 62% del crédito tomado en Argentina se usó para sostener el consumo básico del hogar. El cuarto destino es todavía más revelador sobre la dinámica del problema: el 14% tomó crédito para pagar otras deudas.
Muy por detrás quedan los usos que la teoría económica asocia al crédito al consumo:
- Comprar bienes en cuotas: 7%
- Mejoras o reparaciones en la vivienda: 5%
- Financiar un emprendimiento o actividad laboral: 5%
- Gastos de salud o educación: 3%
- Comprar un vehículo o una vivienda: 2%
Mariana Estévez, economista especializada en consumo y finanzas de los hogares, señala a iProUP por qué esa composición es determinante: "Un crédito tomado para comprar una heladera se cancela porque el bien ya está en la casa y el ingreso sigue disponible para pagar la cuota. Un crédito tomado para comprar el súper compite todos los meses con el súper del mes siguiente".
¿Cuánta gente dejó de pagar y qué dejó de pagar primero?
El 54% de los argentinos dejó de pagar algo o se atrasó por motivos económicos en los últimos meses, contra un 44% que no y un 2% que no respondió.
El orden de lo que se dejó de pagar dibuja la jerarquía real de prioridades de los hogares. Entre quienes se atrasaron:
- Servicios (luz, gas, agua, internet, teléfono): 46%
- Tarjeta de crédito: 36%
- Préstamos o deudas: 33%
- Impuestos: 21%
- Compras fiadas o pagos informales: 18%
- Alquiler: 12%
- Cuotas escolares o universitarias: 12%
- Obra social o prepaga: 9%
El desagregado por nivel socioeconómico muestra la brecha con crudeza: en el estrato bajo, el atraso llega al 72%, en el medio al 43% y en el alto al 30%.
Por edad, el pico está en la franja de 45 a 60 años, con 64%, seguida por la de 30 a 44 con 60%. Los más jóvenes (de los 16 a los 29) registran el menor nivel de atraso con 44%, aunque ese dato tiene una explicación previsible: son también quienes menos acceso al crédito formal tienen.
¿Por qué solo el 36% cree que podrá pagar?
La pregunta sobre la expectativa de pago arroja el resultado más contundente del informe. Un 36% cree que sí podrá saldar sus deudas, el 37% cree que no y un 26% no sabe.
Sumando a quienes creen que no van a poder y a quienes directamente no lo saben, el 63% de los deudores argentinos no tiene certeza de poder cumplir con sus compromisos.
El desagregado por edad revela una fractura generacional marcada. Entre los deudores de 16 a 29 años, el 54% cree que va a poder pagar. Entre los de 30 a 44, ese porcentaje baja al 33%. Entre los de 45 a 60, al 30%. Y entre los mayores de 60, apenas el 25% cree que podrá saldar, mientras el 53% afirma directamente que no.
Por nivel socioeconómico, en el segmento bajo solo el 30% se ve pagando y el 42% cree que no lo logrará. En el medio, el 46% confía en poder pagar. En el alto, el 41%.
Julián Bertolotti, analista de riesgo crediticio, interpreta qué significa ese 26% de indecisos: "La incertidumbre es tan reveladora como el 'no'. Una persona que no sabe si va a poder pagar es alguien cuya capacidad de repago depende de variables que no controla: si el trabajo se sostiene, si la inflación no repunta, si no aparece un gasto imprevisto."
¿Cómo se conecta esto con los datos oficiales de mora?
El estudio de Casa 3 mide percepción y comportamiento declarado. Los datos del Banco Central miden la mora efectivamente registrada. Y ambos apuntan en la misma dirección.
Según el último Informe de Bancos del BCRA, la irregularidad en los créditos a familias se ubicó en 12,8% en junio, con los préstamos personales en 16,3% y las tarjetas en 12,6%. La consultora 1816 anticipó además que la mora habría vuelto a subir en julio, con las familias pasando de 12,77% a 12,94%.
La diferencia entre el 37% que dice que no va a poder pagar y el 12,8% de mora registrada no es una contradicción: es el margen de deterioro potencial que el sistema todavía no incorporó a sus balances.
Estévez lo plantea así: "El dato de mora del BCRA es una foto de lo que ya pasó. El 37% de Casa 3 es una proyección de lo que los propios deudores creen que va a pasar. Si esa expectativa se confirma, aunque sea parcialmente, la mora tiene bastante espacio para seguir subiendo."
¿Qué implica este informe para el debate público?
La discusión sobre la morosidad en Argentina se centró hasta ahora en dos ejes: qué pueden hacer los bancos para refinanciar y si el Estado debe intervenir con topes de tasas o programas de alivio.
Mora Jozami, directora de la consultora Casa 3 que elaboró el informe, advierte a iProUP que "la forma en que una empresa responde cuando su cliente tiene dificultades puede definir el vínculo mucho más que cuando todo funciona bien".
La experta considera que este panorama no abre oportunidades únicamente para la clase política: "Se abre un territorio relevante para las empresas, especialmente para aquellas que forman parte directa de la experiencia del endeudamiento".
"Para bancos, fintech, emisores de tarjetas, compañías de servicios y organizaciones que mantienen relaciones de crédito con sus clientes, la morosidad no debería ser vista únicamente como un problema de recupero", concluye.
Los datos de Casa 3 sugieren que ninguno de esos dos ejes toca el problema de origen. Si el 62% del crédito se usó para alimentos y gastos corrientes del hogar, refinanciar esa deuda a diez años no resuelve la ecuación de fondo. Es decir, el hogar sigue necesitando financiar el consumo básico el mes que viene.
Ese diagnóstico coincide con lo que vienen señalando distintos análisis del sector. La condición para que la mora baje de forma sostenida no es solo mejorar las condiciones de la deuda existente, sino que los ingresos reales recuperen capacidad de cubrir los gastos corrientes sin necesidad de crédito.
Mientras eso no ocurra, el 14% que hoy toma crédito para pagar otras deudas es la señal más clara de que el circuito se retroalimenta.