El Banco Central no suele convocar a la prensa. La última vez había sido en diciembre, cuando el organismo anunció el cambio de esquema de bandas cambiarias. Que Santiago Bausili y Vladimir Werning se sentaran a responder preguntas este lunes, posterior al cierre de los mercados, generó la expectativa natural de que algo iba a anunciarse.
No hubo anuncios, pero sí hubo definiciones. Y en el contexto de mora récord que atraviesa el sistema financiero argentino (con el 27,5% de la cartera de las fintech en situación irregular y el 11% directamente en la categoría "irrecuperable"), la definición más importante fue la que nadie quería escuchar.
Consultado por el salto de la morosidad, tanto en bancos como en billeteras virtuales, Bausili fue explícito: el organismo no intervendrá en ninguna forma de rescate para las personas endeudadas. "No vamos a usar recursos del Estado para solucionar la situación de deudores particulares", dijo el presidente del BCRA. El mensaje llegó sin eufemismos y sin hoja de ruta alternativa.
"Los bancos tienen márgenes para absorber": qué significa eso en la práctica
La segunda parte del mensaje oficial es técnicamente cierta pero políticamente incómoda. Bausili destacó que los bancos argentinos tienen márgenes de capital suficientes para absorber las pérdidas de la mora en sus balances sin afectar el equilibrio del sistema financiero. Es decir, el sistema no va a colapsar y las entidades van a aguantar.
Esa afirmación es respaldable con datos. La morosidad en el sistema bancario tradicional es del 9,3% (alta para los estándares históricos argentinos, pero cuatro veces menor que el 27,5% del sistema no bancario). Los indicadores de solvencia de los bancos están por encima de los mínimos regulatorios. No hay riesgo sistémico inmediato.
Pero hay una diferencia importante entre "el sistema aguanta" y "los deudores están bien". Los bancos van a absorber las pérdidas ajustando sus carteras, vendiendo deuda morosa a fondos de recupero y restringiendo el crédito a los segmentos de mayor riesgo.
El costo de esa absorción no lo paga el Estado: lo pagan los deudores que no pueden acceder a refinanciamiento, y los ahorristas que reciben tasas más bajas porque el banco necesita reconstruir márgenes.
El BCRA dijo que el sistema está sano. No dijo que los deudores lo estén.
La mora que el Estado decidió no resolver: quiénes son y cuántos son
El contexto que rodea la decisión oficial no es menor. La mora en el sistema financiero argentino lleva dieciséis meses consecutivos de ascenso y registra sus valores más altos en más de dos décadas. Según datos de la consultora Banco Provincia, el 18,1% de la población adulta (unos 6,3 millones de personas) tiene atrasos en el pago de sus préstamos.
En el segmento fintech y billeteras digitales, el deterioro es más pronunciado: el 10,8% del total prestado ya acumula más de un año de mora (la categoría "irrecuperable" del BCRA), un número que se cuadruplicó en doce meses. Las dos entidades con mayor exposición son Naranja X, con el 37,7% del mercado de crédito no bancario, y Mercado Pago, con el 14,8%.
La raíz del problema tiene fecha: el boom crediticio de 2024, cuando las tasas eran altas pero los salarios subían y el optimismo era real, generó una expansión masiva del crédito hacia sectores que la banca tradicional históricamente no atendía. Cuando la actividad frenó y las tasas subieron todavía más, esos deudores quedaron atrapados.
El propio presidente Milei lo describió sin vueltas hace días: "Se fue la tasa a las nubes, en el rollover te mataron".
Esas personas, las que el presidente describió con esa crudeza y que el BCRA decidió no rescatar, son los 6,3 millones de adultos con atrasos que hoy no tienen ni programa estatal de refinanciación ni alternativa formal de salida.
El cepo para empresas: tampoco hay fecha
La otra definición relevante de la conferencia fue sobre el cepo cambiario para personas jurídicas. Las empresas que esperaban una hoja de ruta concreta hacia la eliminación de las restricciones cruzadas (las reglas que les impiden operar simultáneamente en el mercado cambiario oficial y en el de bonos) no la obtuvieron.
Werning fue claro sobre la lógica del organismo: "La expectativa de abrir y dar más libertad financiera se va dando en la medida que es consistente con los demás objetivos que tiene el programa económico en su conjunto". El objetivo prioritario que mencionó es la baja de la inflación.
Bausili añadió un dato que el organismo lee como señal de que el mercado no está completamente restringido. En lo que va del año, las empresas ya distribuyeron dividendos por u$s1.600 millones, una cifra que consideran extraordinaria para un contexto de salida de crisis. La lógica oficial es que quien tiene urgencia cambiaria genuina ya tiene mecanismos para cubrirse.
"Nadie está hoy imposibilitado de acceder al mercado si tiene la urgencia, pero el acceso al oficial es un privilegio que cuidamos para la producción", deslizó un colaborador del equipo económico a iProUP tras la conferencia.
El mensaje implícito para el mundo empresarial es el mismo que para los deudores individuales: el Estado no va a apurar los tiempos por presión del mercado. La agenda la marca el programa económico, no las necesidades de los actores privados.
Bausili también usó la conferencia para aclarar qué peso tienen los objetivos que el propio BCRA había anunciado en diciembre. Tanto la remonetización de la economía como la acumulación de reservas, dijo, no eran "promesas estrictas".
Sobre las reservas, Bausili reconoció que en el último acuerdo con el FMI aparecen metas claras de acumulación y atesoramiento, pero aclaró que el organismo no tiene un objetivo propio de nivel de reservas más allá de esos compromisos. Son metas del programa, no del banco.
El Estado que eligió no elegir
La conferencia de prensa del BCRA del lunes se puede leer de dos maneras. La primera: el organismo mostró solidez institucional, coherencia con el programa y resistencia a la presión política para hacer excepciones. El sistema financiero está estabilizado, los bancos tienen capital, la mora va a resolverse sola cuando los salarios suban y el crédito madure. No hace falta intervención.
La segunda lectura es más incómoda e indica que 6,3 millones de adultos con atrasos en sus deudas recibieron este lunes la confirmación oficial de que están solos. El Estado no va a ayudarlos a refinanciar, no va a obligar a las entidades a ofrecerles planes accesibles y no va a hacer nada que altere el funcionamiento natural del mercado de crédito.
Ambas lecturas son simultáneamente ciertas. La diferencia entre ellas es una cuestión de perspectiva: si uno mira desde el sistema financiero, el BCRA tomó la decisión correcta. Si uno mira desde el deudor que cayó en situación 5 y no tiene forma de salir, la decisión correcta del sistema es su problema personal.
En un país donde el acceso al crédito formal fue durante décadas un privilegio reservado para pocos, y donde las fintech lo democratizaron con tasas que terminaron destruyendo a quienes no pudieron pagar, esa tensión no se resuelve con una conferencia de prensa. Se resuelve con política, y el BCRA acaba de confirmar que esa no es su función.