La mora en créditos y préstamos personales está en niveles récord en más de dos décadas. Mientras en el Congreso se debaten proyectos de ley para aliviar la situación, millones de argentinos se encuentran en situación irregular, buscando una salida para no seguir debiéndole al banco o a la billetera virtual.

La morosidad se disparó en los primeros meses del 2026. Según datos de la consultora 1816, la irregularidad en préstamos a familias trepó al 10,6% en enero y saltó al 11,2% en febrero.

Los índices de deudas impagas subieron en 28 de los 30 principales bancos del país. Y en el ecosistema fintech, el panorama es todavía más crudo: los números superan el 25% y rondan el 27%.

El golpe impacta sobre todo en jóvenes y jubilados, los dos segmentos más castigados. Mientras las cámaras bancarias y las entidades ajustan estrategias para evitar que más personas queden fuera del sistema, otro toman 'el toro por las astas' y buscan alternativas para que los números 'cierren' y puedan seguir accediendo a financiamiento y a herramientas clave para el día a día; algo que se puede dificultar, o directamente volverse imposible, frente a una deuda que se prolonga y termina siendo impagable.

En este sentido, cuando se trata de buscar opciones para ordenar las finanzas y salir de deudas, suelen aparecer dos términos que parecen lo mismo, pero no lo son: refinanciar y reestructurar.

Deudas con bancos y billeteras: diferencias entre refinanciar o reestructurar

Refinanciar una deuda implica cambiar sus condiciones cuando todavía se puede pagar. De esta manera, se vuelve más 'manejable' porque permite acceder a más plazo y cuotas más bajas, aunque siempre con alguna renegociación de tasa.

Esta opción puede ser buena cuando aún se está al día, pero se vislumbra que la situación se puede llegar a complicar más adelante, entonces se actúa con anticipación para evitar que se genere una 'bola de deuda' en un futuro.

"La deuda sigue ahí, intacta, pero adaptada a una nueva capacidad de pago. Es la herramienta que ofrecen bancos y fintech cuando el cliente todavía está dentro del sistema, cuando el problema es de liquidez y no de fondo", indica Diego Kupferberg, analista de Banca & Fintech de Taquion, a iProUP.

Hablar de reestructurar, en cambio, es hablar de otro nivel de intervención: se trata de negociar nuevas condiciones de pago cuando la deuda 'no cierra por ningún lado'.

Esto ocurre cuando hay mora, cuando los intereses 'se comieron' la lógica del crédito original o cuando el ingreso ya no alcanza ni siquiera para sostener una refinanciación.

"Ahí lo que se discute no es cómo pagar, sino cuánto de esa deuda es realmente pagable. Pueden aparecer quitas, nuevos esquemas desde cero o acuerdos más agresivos. Es, en muchos casos, un reset", describe Kupferberg.

Refinanciar o reestructurar: qué opción elegir, según el nivel de deuda

Elegir una u otra opción depende 100% de la situación actual de cada persona o familia.

El experto aclara, en este sentido, que si el problema es 'momentáneo' o si se está al día pero 'se llega con lo justo' a fin de mes, refinanciar "puede dar aire y ser, en definitiva, una salida inteligente".

Ahora bien, si ya no se puede pagar, "reestructurar es el camino" para evitar un problema mayor. Insistir con refinanciaciones, un error común en esos casos, "suele ser solo una forma de patear un problema que ya creció demasiado", advierte el analista.

"El problema es que muchas personas refinancian cuando ya deberían estar reestructurando. Y ahí es donde empieza la trampa. Porque la cuota baja da alivio en el corto plazo, pero muchas veces esconde un costo total más alto y una deuda de la que se vuelve cada vez más difícil salir. Es una ilusión de orden en una situación que, en realidad, ya está desbordada", alerta.

El ejecutivo también hace foco en "quién está del otro lado". En su visión, "los bancos tienden a priorizar la refinanciación para no perder al cliente y cuidar la relación", mientras que "las fintech, más ágiles, ofrecen soluciones rápidas pero no siempre sostenibles en el tiempo".

"Y cuando la deuda pasa a estudios de cobranza, el escenario cambia: como esas carteras suelen comprarse con descuento, aparecen oportunidades reales de negociar y cerrar con quitas", agrega.

Para cerrar, Kupferberg sostiene que en este marco de morosidad en alza, donde al menos una de cada 10 personas en bancos y una de cada 4 en billeteras virtuales tiene una deuda impaga (muchas por consumo de productos básicos como comida, indumentaria, combustible o electrodomésticos), esta diferencia entre refinanciar y reestructurar "deja de ser un detalle financiero" y "pasa a ser una decisión clave para cualquier persona que quiera ordenar sus cuentas".

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