Argentina atraviesa un momento bisagra en su mercado inmobiliario. Recientemente, el anuncio del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires sobre créditos hipotecarios para la primera vivienda de la clase media, volvió a poner en agenda una realidad ineludible.
La demanda de hogar propio sigue intacta, pero las herramientas tradicionales de financiamiento todavía no logran cubrir la demanda de quienes no califican para los créditos hipotecarios de los bancos.
Mientras las políticas públicas intentan reacomodar el escenario, miles de familias siguen quedando fuera de la foto. Estoy convencido de que la verdadera solución vendrá de una nueva mentalidad de ahorro e inversión colaborativa que empodere al ciudadano.
Durante décadas, nos enseñaron que el ahorro seguro era el colchón o, en el mejor de los casos, un plazo fijo bancario. Pero en la economía actual, ese ahorro es pasivo y profundamente ineficiente.
Por un lado, tenemos ahorristas que aceptan rentabilidades mínimas por sus dólares; por otro, familias que tienen ahorrado una parte del valor de una propiedad, pero se quedan a mitad de camino porque el sistema financiero tradicional les da la espalda para el tramo final.
El financiamiento colaborativo, o Peer-to-Peer, viene a cerrar esa brecha eliminando al intermediario que más encarece el proceso: el banco.
Al prescindir de la intermediación bancaria tradicional, sucede algo transformador en la economía real: la tasa de equilibrio se vuelve justa para ambas partes.
El solicitante paga menos intereses y el inversor recibe más, alcanzando rentabilidades de hasta el 13.5% anual en dólares, una cifra que duplica lo que ofrece el mercado financiero para riesgos similares.
Este modelo se sostiene sobre una ingeniería de riesgo de hierro donde solo se financia hasta el 35% del valor de la propiedad.
El hecho de que el comprador aporte el 65% restante de su propio capital es el mejor antídoto contra la morosidad, ya que nadie pone en riesgo su patrimonio por una cuota que, por contrato, nunca supera el 40% de sus ingresos.â¨El futuro del crédito inmobiliario en Argentina será digital, será humano y, sobre todo, será colaborativo.
Es hora de dejar de ahorrar en papel y empezar a invertir en ladrillos, no comprando metros cuadrados propios, sino financiando el sueño de otros para hacer crecer el nuestro.
La vivienda está dejando de ser una espera eterna por un crédito bancario para convertirse en una oportunidad directa entre personas.
*Por Hernán Resnicoff, CEO de Lendar.