Bitcoin nació para escapar de Wall Street. Hoy, buena parte de su precio se define cuando suena la campana en Nueva York.

Una demanda federal presentada en Manhattan reavivó una sospecha que circula hace meses en el mercado cripto: ¿y si el precio no refleja solo oferta y demanda, sino la ingeniería financiera de los grandes creadores de mercado? En el centro de la escena aparece un nombre que ya es sinónimo de sofisticación cuantitativa –y controversia–: Jane Street Capital.

La acusación conecta tres frentes: presunto uso de información privilegiada en el colapso de Terra, un patrón sistemático de ventas de Bitcoin a las 10 en EE.UU. y una gigantesca posición en ETF que puede estar cubierta por un libro de derivados invisible para el público. La pregunta es incómoda y directa: ¿Quién está realmente detrás de la formación de precios?

Todo comienza en mayo de 2022, en la antesala del colapso de Terraform Labs, la empresa detrás de la stablecoin TerraUSD (UST) y el token Luna.

Según la demanda presentada por el administrador de la quiebra, Jane Street habría accedido a información material no pública a través de un chat privado –"Bryce’s Secret"– vinculado a un expasante que pasó de Terraform a la firma de trading.

El 7 de mayo de 2022, Terraform retiró u$s150 millones en UST del pool de Curve. Diez minutos después, una billetera asociada a Jane Street retiró u$s85 millones del mismo pool.

El resultado fue la ruptura del anclaje de UST con el dólar. En días, el mecanismo algorítmico explotó y destruyó cerca de u$s40.000 millones en valor de mercado. Do Kwon hoy cumple condena.

Jane Street rechaza las acusaciones y califica la demanda como infundada. Pero el caso dejó una marca, pues la sospecha de que el acceso privilegiado a información y liquidez puede anticipar –y amplificar– movimientos devastadores.

A fines de 2024 y durante 2025, traders comenzaron a detectar un patrón extraño: cada día hábil, a las 10 hora de Nueva York, cuando abre el mercado bursátil estadounidense, Bitcoin sufría caídas abruptas y precisas.

Los desplomes barrían posiciones largas apalancadas, activaban liquidaciones en cascada y luego revertían. Los analistas on-chain Jan Happel y Yann Allemann, cofundadores de Glassnode, documentaron el fenómeno durante meses: movimientos milimétricos, repetidos, algorítmicos.

Como participante autorizado y market maker en múltiples ETF de Bitcoin, Jane Street posee la infraestructura para operar grandes volúmenes en ventanas de liquidez predecibles. Vender en libros de órdenes delgados al inicio de la rueda puede generar el efecto dominó necesario para forzar liquidaciones y recomprar más abajo.

Lo llamativo fue el timing: los desplomes se detuvieron cuando se hicieron públicos los documentos judiciales del caso Terra. Volvieron cuando la presión legal disminuyó.

En su presentación 13F del cuarto trimestre de 2025, Jane Street declaró 20.315.780 acciones de IBIT, el ETF de Bitcoin de BlackRock, por unos u$s790 millones. En el año, su posición llegó a rozar los u$s2.500 millones. También incrementó 473% su participación en Strategy, la empresa convertida en proxy bursátil de Bitcoin.

A primera vista, suena alcista. Pero el detalle es que Jane Street es uno de los cuatro participantes autorizados para crear y rescatar acciones de IBIT en especie. Es decir, tiene acceso directo al mecanismo que conecta el ETF con Bitcoin físico.

Según analistas especializados en el norte del continente, eso significa que puede mover BTC dentro y fuera del fondo, arbitrar diferencias entre ETF y mercado spot y operar con inventarios que ningún inversor común puede replicar.

Precio de Bitcoin: el análisis de los expertos

Para Iñaki Apezteguia, cofundador de Crossing Capital, asegura a iProUP que Jane Street no es un villano de película que controla Bitcoin porque sí, pero tampoco es inocente.

Señala que su rol como Authorized Participant (AP) clave de los fondos cotizados spot –sobre todo de IBIT– le da una posición estructural privilegiada: "Crea y rescata unidades del ETF, maneja miles de millones en inventario y debe cubrir esas posiciones en el mercado spot o vía derivados".

Apezteguia comenta que desde noviembre de 2025 se vio un patrón clarísimo: "Cada día hábil a las 10, hora del Este, con la apertura de Nueva York, Bitcoin caía 2% o 3% en cuestión de minutos. El retail se asustaba, los apalancados se liquidaban y las ballenas –incluidas las que cubren los ETF– recompraban más barato. Coincidía casi perfecto con el tamaño de la posición reportada en IBIT, que llegó a rozar los u$s2.500 millones", analiza.

El experto recuerda que cuando hace unos días se hizo pública la demanda de Terraform Labs por insider trading vinculada al colapso de Terra/Luna en 2022, el patrón desapareció de golpe y Bitcoin subió entre 7% y 10% en apenas dos ruedas. ¿Casualidad?

"No digo que Jane Street controle el precio a largo plazo –nadie puede ir contra la oferta real y la adopción creciente–, pero sí que tiene herramientas para generar miedo de corto plazo, conseguir liquidez más barata y optimizar sus coberturas. Su negocio son los fees y el spread. Y cuando estás ajustando posiciones por miles de millones, incluso una diferencia del 1% es una fortuna".

José Luis del Palacio, cofundador de Decrypto, comenta que en Estados Unidos, el andamiaje legal está diseñado para proteger a los inversores. "Esa es la base de la profundidad y la credibilidad que tiene su mercado. La regla central es clara: ningún actor puede operar con información privilegiada ni adelantarse al mercado con datos no públicos".

Según su análisis, el punto clave son los instrumentos utilizados. "Si una empresa operó instrumentos regulados bajo jurisdicción estadounidense –por ejemplo, un ETF de Bitcoin que cotiza en Wall Street, contratos de futuros, opciones o cualquier derivado listado– y utilizó información privilegiada o algún mecanismo de anticipación indebida del precio, entonces es plenamente imputable. En ese caso, enfrentará cargos y, si se prueba la conducta, habrá condena", remarca.

Distinto es el escenario si la información se usó para operar en mercados descentralizados o fuera de la jurisdicción de Estados Unidos. "Allí la capacidad de imputación es mucho más limitada. La clave jurídica no es si el activo es Bitcoin, acciones o bonos, sino si la operatoria se realizó con instrumentos alcanzados por la legislación norteamericana".

Precio de Bitcoin: el poder los gigantes de Wall Street

Apezteguía sostiene que el poder de los Authorized Participants es real, pero acotado. "En el corto plazo pueden influir a través de mecánicas de arbitraje y cobertura, aunque eso no implica control absoluto del precio", dice.

Agrega que un AP puede crear unidades del ETF entregando Bitcoin real al custodio –como BlackRock o Fidelity–, lo que absorbe oferta en el mercado spot. "También puede rescatar unidades y recibir BTC; si luego lo vende, inyecta oferta y genera presión bajista", sostiene.

La clave, explica, es que cuentan con exenciones regulatorias que les permiten no comprar o vender BTC spot de forma inmediata. Antes pueden cubrirse con futuros del CME, contratos perpetuos, opciones o swaps OTC. Esa dinámica abre una "ventana gris" de horas o días en la que los flujos del ETF no se traducen de manera directa en movimientos 1:1 sobre el mercado contado.

En ese marco, pueden generar presión compradora o vendedora temporal para mantener el NAV alineado con el precio spot, optimizar spreads o acumular a mejores valores. No fijan el precio, pero sí pueden amplificar movimientos intradiarios o explicar patrones recurrentes, como el llamado efecto de las 10 AM.

Sin embargo, a largo plazo ese poder se diluye. "El precio termina determinado por la oferta estructural –mineros y holders– y por la demanda genuina –ETF institucionales, tesorerías corporativas o incluso Estados–. Si los ingresos netos son masivos, ningún operador puede frenar indefinidamente la convergencia del spot".

Apezteguía resalta que se trata de una influencia táctica y microestructural, no estratégica. La tendencia de fondo no la define el arbitraje, sino el balance real entre oferta y demanda. Al ser consultado sobre si la narrativa de escasez de 21 millones de Bitcoin pierde fuerza si la formación de precios está dominada por oferta sintética, Apezteguía respondió que: "Sí y no. Depende de cómo mires el juego".

En el corto plazo, sí pierde fuerza en la formación diaria del precio. "Hoy entre 70% y 80% del volumen y del descubrimiento de precio ocurre en derivados: futuros del CME, perpetuals en Binance o Bybit, opciones y hasta los propios ETFs como "papel Bitcoin". Un solo BTC on-chain puede respaldar decenas o cientos de unidades sintéticas", dice Apezteguía.

También advierte que cuando el funding rate se descontrola o se activa una cascada de liquidaciones, el spot se mueve por el castillo de naipes del apalancamiento, no por la escasez matemática del protocolo. "La volatilidad ya no refleja únicamente los 21 millones, sino el nivel de deuda, promesas y contratos abiertos flotando sobre ese stock finito", analiza.

Pero en lo estructural y en el largo plazo, no pierde fuerza, considera. "El protocolo no cambió: emisión cada 10 minutos, halving cada cuatro años y tope duro en 21 millones. Los ETF spot absorben Bitcoin real. Ya hay más de 1,28 millones de BTC en custodias institucionales, con tasas de retención del 94% al 95%. Cada nueva creación de unidades implica BTC que sale del mercado líquido y pasa a almacenamiento en frío de gestores como BlackRock o Fidelity. Esa es escasez tangible, no sintética", concluye.

Por su parte, Del Palacio, analiza que muchas de las críticas parten de una comparación equivocada. "Es una opinión estrictamente personal, pero no tiene sentido afirmar que la existencia de derivados 'diluye' el límite de emisión". En los mercados financieros hay múltiples ejemplos, añade.

"El oro, la plata y numerosos commodities no cotizan únicamente en el mercado spot: gran parte de su volumen se negocia en futuros y derivados, donde la cantidad de contratos que pueden crearse es prácticamente ilimitada. Y sin embargo, eso no elimina ni su atractivo ni su valor como activo subyacente", comenta.

Entonces un derivado sobre criptomonedas no altera el límite de 21 millones. "Lo que hace es aportar profundidad, liquidez y herramientas de cobertura. En muchos casos, incluso fortalece la estructura del mercado porque permite arbitraje, gestión de riesgo y formación de precios más eficiente", comenta.

Y concluye que el hecho de que puedan existir contratos equivalentes a varias veces la oferta circulante no implica que se "creen más bitcoins". Son instrumentos financieros con fecha de vencimiento. Tienen un plazo determinado y, al llegar ese momento, se liquidan o desaparecen. Lo que hoy puede multiplicarse en contratos abiertos, mañana se cierra.

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