La venta de Prisma Medios de Pago al fondo estadounidense Advent International marcó un hito en la historia financiera de Argentina. Fue un proceso complejo que simbolizó la transición de un modelo monopólico liderado por un grupo de bancos locales hacia una apertura del mercado impulsada por regulaciones estatales.
La historia dice que, durante décadas, Prisma fue la empresa dominante en el mercado de pagos electrónicos del país, controlada por 14 entidades bancarias entre las que se encontraban el Santander, Galicia, BBVA, Macro y el Provincia, en sociedad con el gigante Visa International.
La compañía controlaba todo el ecosistema: desde la emisión de tarjetas Visa; el procesamiento de pagos; la red de terminales LaPos y la plataforma de pagos Todo Pago.
En 2016, la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC) inició una investigación por presunto abuso de posición dominante y falta de transparencia. El veredicto fue que los bancos debían desinvertir para fomentar la competencia.
La venta de Prisma
En la decisión oficial jugó fuerte el rol del actual ministro de Desregulación del gobierno libertario. Federico Sturzenegger tuvo un papel agresivo en la venta de Prisma al fondo de inversión Advent International en el 2019.
Su intervención no fue la de un mediador, sino la de un "arquitecto de la desregulación" que utilizó el poder del Banco Central (BCRA) para forzar a los bancos a desprenderse de su joya más preciada. En ese entonces, Sturzenegger era titular del BCRA, cargo que había asumido en 2015 y desde el cual inició una investigación para identificar si el mercado de pagos local estaba "cartelizado".
Según su visión, la estructura de la compañía generaba falta de competencia ya que, al ser dueños de la red, los bancos no competían entre sí por las comisiones. También existía una especie de barrera tecnológica, ya que se frenaba la entrada de nuevos jugadores (como las fintech) para proteger el negocio tradicional de las tarjetas.
Pero, en esos años, Sturzenegger no actuó solo, sino en coordinación con la CNDC, con un único plan: el de atacar a Prisma por dos frentes, el judicial y el monetario. En el 2016, la CNDC inició una investigación por abuso de posición dominante, mientras Sturzenegger presionaba públicamente denunciando que Prisma controlaba desde la emisión hasta el procesamiento de los pagos.
Además y a partir del frente monetario, el BCRA dictó normas para bajar las comisiones que los bancos cobraban a los comercios, lo cual redujo la rentabilidad del negocio para las entidades, "invitándolos" a vender antes de que el valor de la empresa cayera más.
El desembarco de Advent
Este operativo derivó en la venta forzada de Prisma al fondo Advent bajo la amenaza de multas millonarias y cambios regulatorios que iban a desguazar el negocio.
A los bancos no les quedó más opción que aceptar un plan de desinversión a partir del cual en enero del 2019, el fondo norteamericano adquirió el 51% de Prisma por unos u$S700 millones. Se acordó un desembolso inicial de u$s585 millones y un saldo a pagar en un plazo de cinco años.
El mayor legado de Sturzenegger en esta operación no fue solo la venta en sí, sino la ruptura de la exclusividad, teniendo en cuenta que antes, si un comercio quería aceptar Visa, debía contratar a Prisma; si quería Mastercard, a First Data (hoy Fiserv).
Con su rol, el economista forzó que cualquier procesador pudiera operar cualquier tarjeta (adquirencia abierta), lo cual permitió que aparecieran nuevos competidores y dispositivos como los lectores de Mercado Pago o Ualá, bajando drásticamente los costos para los pequeños comercios.
De hecho, en el mercado lo identifican como el ejecutor político que rompió el status quo del sector, utilizando la estructura del Estado para obligar a los bancos locales más poderosos de la Argentina a vender Prisma. El argumento era que la modernización de los pagos electrónicos era imposible mientras los emisores de tarjetas fueran, al mismo tiempo, los dueños de la red de pagos.
Esta medida le valió un enfrentamiento histórico con la cúpula de las cámaras que agrupan a los bancos privados como ABA y ADEBA, que veían en la venta de Prisma una pérdida de soberanía sobre el sistema de cobros.
En este contexto, la llegada de Advent fue vista con buenos ojos por el entonces gobierno de Cambiemos, que entendía que el fondo tenía amplia experiencia en el sector fintech y de pagos (había invertido en empresas como Worldpay y Vantiv), y que buscaba modernizar la infraestructura de pagos en un país donde el efectivo seguía siendo el rey.
Aunque inicialmente los bancos retuvieron el 49% restante, el plan de desinversión dictado por las autoridades de competencia exigía la salida total de las entidades bancarias del capital de la empresa. Así, en febrero de 2022, Advent ejerció su opción de compra y adquirió el 49% restante de Prisma, por otros u$s270 millones, por lo que se estima que que la operación total valoró a Prisma en cerca de u$s1.400 millones.
Con este movimiento, Prisma dejó de ser una empresa "de los bancos" para convertirse en una compañía independiente bajo el mando de un fondo global de capital privado que además cambió las reglas del juego para los consumidores y comercios:
Desde entonces, la empresa transitó un proceso de transformación profunda para convertirse en un gigante tecnológico de pagos, con productos y servicios que en los últimos años se fueron consolidando entre los clientes argentinos.
Salida a la bolsa
El éxito fue tal que Advent considera a Prisma como la columna vertebral del sistema transaccional argentino, tras años de reestructuración interna. Este proceso derivó en la decisión del fondo de encarar un plan para lanzar una Oferta Pública Inicial (IPO), en la ciudad de Nueva, proyectando una valoración que podría alcanzar los u$s5.000 millones.
Este proceso respondía a tres factores estratégicos: la madurez del ecosistema fintech, la recuperación de los activos argentinos y la propia salida de Advent de Prisma, tal como suelen hacer los fondos de inversión luego de una cierta cantidad de años de control.
La primera de las razones se vincula con el auge de las billeteras virtuales y los pagos QR, sectores en los que Prisma tiene una fuerte penetración, manteniendo marcas dominantes como Banelco, PagoMisCuentas y el procesamiento de Visa y Mastercard.
El segundo motivo se observa a medida que el contexto macroeconómico permite una ventana de oportunidad para empresas locales en el exterior, colocando a Prisma como el candidato ideal por su generación de caja constante y su posición líder en ciertos segmentos del procesamiento.
Pero la tercera razón es la más contundente y la que en la actualidad se está analizando, aunque con un cambio en el plan de salida del fondo (exit strategy) que puede abandonar el lanzamiento de la IPO para concretar una venta directa de la mayor parte de las operaciones de Prisma.
En principio, la estrategia bursátil era colocar al menos un 30% del capital de Prisma en Wall Street, con una valuación estimada entre u$s4.000 millones y u$s5.000 millones, lo que la posicionaría automáticamente como uno de los "unicornios" más sólidos de la región, con una infraestructura física y tecnológica masiva que procesa miles de millones de transacciones anualmente.
Cambio de planes
But, desde el fondo estudiaron también ciertos riesgos que se desprenden de un plan de salida a la bolsa como el avance de competidores como Mercado Pago y la interoperabilidad de los códigos QR que desafían el histórico dominio de Prisma en los puntos de venta (POS) y el procesamiento emisor.
También, temas externos vinculados al devenir de la economía local como el Riesgo País, ya que al ser una empresa cuyos ingresos dependen mayoritariamente del consumo interno local, la volatilidad de la moneda y la inflación siguen siendo factores que los inversores en Nueva York miran con lupa.
Por eso, actualmente el fondo negocia su salida pero a través de un millonario acuerdo con Visa Internacional, que ya fue accionista de Prisma cuando los bancos eran sus dueños mayoritarios.
Según pudo saber iProUP, el deal ya estaría acordado y sería oficializado en las próximas semanas, una vez que la empresa "desenganche" ciertos servicios ya que la operación inicialmente incluiría dos de los tres verticales de Prisma.
Ante las consultas de este medio, desde Visa Argentina sostuvieron que "no hacen comentarios sobre rumores o especulaciones", mientras que desde Prisma no hubo respuesta a los constantes llamados.
Términos de la venta
Bajo este formato, Visa pasaría a tomar el control de Newpay y Texpert, la nueva marca de Prisma enfocada en el futuro de los pagos digitales y la gestión de la red Transferencias 3.0, y una de las divisiones de innovación de la empresa que desarrolla soluciones tecnológicas avanzadas para el ecosistema de pagos, conectando bancos, fintechs y consumidores.
Fuera de la operación quedaría Payway que, por ahora, seguiría bajo control de Advent para evitar ciertas sospechas de monopolio por parte de Visa Internacional, como pasó cuando los bancos debieron abandonar Prisma.
Es decir, el fondo norteamericano mantendría bajo su poder la plataforma integral de soluciones de cobro para comercios que centraliza la gestión de medios de pago electrónicos, digitales y QR.
El servicio permite cobrar con tarjetas, billeteras virtuales y apps bancarias; ofrecer cuotas; adelantar fondos y gestionar el negocio desde un portal unificado, todo esto como evolución de los servicios que antes ofrecía Prisma Medios de Pago.
Más allá de estas separaciones técnicas, bajo la gestión de Advent, la empresa inició un proceso de rebranding y modernización del cual la cara visible hacia los comercios es precisamente Payway como plataforma que unificó sus servicios de cobro, buscando competir en un ecosistema mucho más agresivo donde conviven gigantes como Mercado Pago y Getnet.
Legalmente, Prisma tuvo que separar su rol como "adquirente" (quien afilia comercios) de su rol como "procesador" (la infraestructura técnica). Además, debe cumplir con la normativa de defensa de la competencia que suele establecer marcos temporales para estas inversiones de capital privado (private equity).que en el caso de los fondos de Advent suelen tener ciclos de cinco a siete años.
En este sentido, Visa Internacional aparece como el "solucionador" de este proceso o movimiento de desinversión que Advent está negociando y que debe ser notificado y, en muchos casos, autorizado por las autoridades regulatorias locales para asegurar que el nuevo comprador no genere una concentración económica mayor.
También el Banco Central debe analizar el deal, debido a que Prisma es un actor sistémico en el sistema de pagos y compensación del país.
De concretarse la operación, lo paradójico sería que también tendría a Federico Sturzenneger como uno de los protagonistas del cambio que el mismo funcionario obligó a realizar hace casi una década atrás.