Empezó un 2026 que anticipa una transformación "tectónica" del sistema financiero, cuya onda expansiva puede redefinir para siempre cómo los argentinos cobran, pagan y ahorran su dinero.
Lo que históricamente fue una división clara entre el sistema bancario tradicional y el avance tecnológico impulsado por las fintech empieza a converger en una especie de síntesis regulatoria, con una sinergia en la que unas quieren convertirse y otras parecerse.
Mientras los bancos aceleran su "fintechización", muchas fintech, como Mercado Pago, Cocos y Revolut (con planes de expansión en Argentina) avanzan en su proceso de obtener sus licencias y ser entidades bancarias.
Hasta YPF se suma a esta tendencia y busca dar el salto: pasar de tener su app a la posibilidad de ofrecer servicios bancarios, jugando con esa suerte de dualidad de ser una plataforma física para la compra de combustible (y otras prestaciones para conductores, además de gastronomía y productos de kiosco en tiendas) y, al mismo tiempo, ofrecer medios electrónico de pago y ampliarse a muchas otras operaciones.
La evolución de la disputa entre fintech y bancos
Jorge Larravide, especialista en ecosistema financiero, señala a iProUP que "la clásica disputa entre banca y fintech está evolucionando" y que "hoy, dentro de los modelos de negocio" se observan distintos caminos:
- "Aparecen bancos que buscan parecerse a una fintech, sobre todo en términos de agilidad en los procesos y en el desarrollo de productos digitales"
- Fintech que aspiran a convertirse en bancos, "impulsadas por la posibilidad de ampliar el alcance de su negocio"
Sin embargo, aclara que el escenario no se agota ahí y destaca otro modelo: el de quienes mantienen la simultaneidad de ser fintech y tener banco, aprovechando el apalancamiento que genera la sinergia entre ambos mundos, como en los casos de Ualá y Uilo (ex Wilobank, el primer banco digital 100% de la Argentina).
Es que la evolución de una billetera a entidad financiera le permite ofrecer servicios típicos de los bancos, como cuentas sueldo, crédito en mejores condiciones e inversiones más sofisticadas.
Para Christian Balatti, Country Manager de Argentina en Stefanini Group, "las licencias bancarias son menos un fin en sí mismo y más un habilitador estratégico para jugar en serio en la disputa por la relación principal con el usuario".
Aunque, remarca, es un proceso que requiere acuerdos regulatorios de por medio: con CNV, Banco Central y hasta el Poder Ejecutivo y el Congreso en determinados casos. Como no se trata de ajustes menores, sino de cambios estructurales que pueden alterar, de forma permanente, la "arquitectura del dinero" actual de la Argentina.
Por eso, asegura a iProUP que es clave que "el regulador acompañe" para que "2026 sea el punto de inflexión en el que la frontera entre billetera, fintech y banco digital se vuelva mucho más difusa para el usuario común".
Por su parte, el economista e investigador Ignacio E. Carballo afirma que "hay una tendencia detrás de lo que se está viendo en el país: esta idea de challenger banks, fintechs que piden una licencia bancaria, que se vio en Europa hace al menos cinco o seis años".
Explica que la demora se debe a que "en regiones donde la regulación es más fragmentada y, por ende, no hay un plus en tener una licencia en un país para escalar en otro, llega un poco más tarde por términos de maduración de servicios".
Existen situaciones en las que una fintech crece tanto que aparece una necesidad estructural, ligada al desarrollo de productos, de avanzar en una transición hacia convertirse en banco.
Carballo describe este proceso como una progresión ordenada de necesidades financieras. "Básicamente, si uno piensa en una escala de lo que son las necesidades financieras básicas, empieza con pagos, transferencias, ahorros y después va subiendo a otro tipo de servicios financieros", indica.
Ese recorrido se profundiza a medida que los usuarios demandan soluciones más complejas. "Obviamente, del ahorro se pasa a incentivar la inversión; del pago se pasa a la recepción, o sea, la adquirencia, para que los comercios puedan cobrar; luego ingresan los préstamos, el cambio de divisas, etcétera. En ese punto, muchas fintech empiezan a chocar con las limitaciones de su marco regulatorio original", argumenta.
Se trata de un "techo" natural está relacionado con la posibilidad de seguir creciendo y sumar nuevas herramientas, siempre bajo las regulaciones que se les exigen y que también cumplen un rol clave en la protección de los usuarios y su dinero, como el Seguro de SEDESA, que resguarda los ahorros en los bancos ante situaciones como la quiebra de una entidad con cajas de ahorro o cuentas sueldo.
Resistencias y la batalla por las cuentas sueldo
Como suele ocurrir en procesos de cambio y evolución, también aparecieron resistencias. No tanto frente a la idea de que una fintech se convierta en banco (de hecho, Rafael Soto, CEO de MODO, celebró el pedido de licencia bancaria de Mercado Pago en diálogo con iProUP), sino ante la posibilidad de que una billetera sin licencia bancaria esté habilitada a que trabajadores y jubilados cobren allí sus ingresos.
Se trata de un punto sensible que forma parte de la reforma laboral que impulsa el Gobierno Nacional en el Congreso, y que, tras un primer debate en el último mes de diciembre, durante las sesiones extraordinarias, quedó postergado para retomarse en febrero próximo.
En este contexto complejo reflota una idea: "Si no puedes contra ellos, úneteles": en lugar de enfrentar a un adversario que hoy es superior en algunos aspectos, puede ser más efectivo integrarse y superar así las barreras clave que hoy frenan el desarrollo.
Una persona trabajadora con empleo registrado, hoy sólo puede cobrar su salario través de un cuenta CBU. Desde allí, cada uno decide si usa los servicios o envía los fondos a alguna billetera virtual que le ofrezca servicios más convenientes.
De aquí se desprende la estrategia agresiva de MODO y los bancos que nuclea, con descuentos, promociones y cuotas, para tratar de ganar esa "batalla por la principalidad" y evitar, desde el inicio, que el usuario transfiera su plata fuera de la entidad. Si una fintech tuviera la posibilidad de ofrecer el cobro de sueldos, podría dar un paso más para disputar ese lugar como la app principal de uso diario.
Más allá de que muchos especialistas sostienen que dicha batalla está, en parte, "perdida de entrada", ya que los argentinos mueven sus fondos según la plataforma que más les convenga en cada momento, la posibilidad de cobrar el sueldo en una billetera puede llevar a que algunos usuarios directamente prescindan de un banco tradicional.
Esto enciende las alarmas en la banca. Las cámaras no solo advierten sobre la cuestión regulatoria, que consideran mucho más laxa para las fintech, sino también sobre la seguridad. De hecho, la Asociación de Bancos de Argentina (ABA) llegó a señalar a las billeteras como el lugar donde "se filtra, se genera o se perfecciona el fraude".
Esto, sin embargo, no quita que los bancos también hayan tenido casos relevantes de estafas digitales y numerosas denuncias. Como suele ocurrir, se trata de una batalla de intereses, en la que cada parte cuestiona a la otra.
En esa misma línea, desde la Cámara Argentina Fintech sostienen que el argumento de que "solo los bancos pueden brindar seguridad" responde a la defensa de un "negocio cautivo" y que "lo que está en discusión son los privilegios que la banca tradicional quiere mantener y la libertad de elección de millones de personas en la Argentina".
Fintech vs. bancos: por qué las licencias cambian todo en 2026
Balatti plantea que "las fintech que tomen licencias pasarán de ser únicamente competidoras a también ser 'pares regulatorios', lo que habilita acuerdos de corresponsalía, esquemas de banca como servicio y alianzas para la distribución de productos, tanto en Argentina como en otros mercados de la región".
Mientras tanto, "los bancos tradicionales se verían forzados a revisar su postura frente a billeteras y fintech, aun cuando hayan resistido en el debate por el pago de sueldos y jubilaciones". En su visión, esta disputa por la "neo-principalidad" se define en varios frentes: el onboarding digital, la experiencia de uso, las tasas que remuneran el saldo, la oferta de crédito y los beneficios del día a día.
"Lo que se observa en Argentina hoy es un usuario que arma su propio bundle. El comportamiento real es multicuenta y multibilletera: una app para financiar consumos, otra para cobrar, otra para viajar o dolarizar ahorros y, eventualmente, un banco principal como ancla de nómina o crédito hipotecario donde estas figuras existen. Lo que empieza a cambiar con la llegada de nuevos players es que más de esas necesidades pueden resolverse dentro de ecosistemas regulados, con seguro de depósitos, exigencias de capital y estándares de compliance más estrictos", refuerza.
Por su parte, Carballo asegura que "se trata de una evolución natural" en el que "se empieza chico y se va ampliando, y llega un punto en el cual, si realmente querés competir con un ecosistema completo de servicios financieros, necesitás tener una licencia bancaria".
"Me parece valioso destacar que, para el caso de Argentina, hubo regulaciones que, desde mi perspectiva, fueron positivas y favorecieron a las fintech, impulsando un sistema financiero más competitivo. En ese escenario empieza a crecer la masa de clientes y, al crecer, también aumenta el escrutinio público: '¿Es seguro? ¿No es seguro? ¿Qué pasa si hay algún inconveniente? ¿Cuáles son las salvaguardas?'. Entonces, un incentivo de segundo nivel es que las instituciones busquen mostrarse igual de robustas", señala.
Según el experto, "en Argentina se llega tarde a esta tendencia de fintech evolucionando a bancos precisamente porque hubo regulación intermedia que facilitó y abrió mucho el camino al desarrollo de las fintech durante mucho tiempo, sin necesidad la licencia. Entonces, durante muchos años se pudo hacer un negocio con pagos, tarjeta prepaga y cuenta digital", suma.
Por último, Larravide considera que "2026 puede ser un año en el que se sumen pedidos de licencias bancarias, pero también en el que se multipliquen las oportunidades para seguir desarrollando mejores servicios financieros, con mayor inclusión en los segmentos de menor uso, como centennials y adultos mayores, y con una experiencia de cliente superior".
En ese sentido, remarca que "las características y los beneficios de los servicios financieros ya son un commodity", y que "brindar la mejor experiencia de uso a cada cliente es, en definitiva, el factor determinante a la hora de elegir un banco o una fintech".