Puntos importantes
La verdadera brecha se está dando en empresas que disponen de sistemas y tecnología avanzados y, aún así, siguen operando con procesos obsoletos, estructuras rígidas y personas que no cuentan con las herramientas necesarias para adaptarse.
Y el área de Capital Humano tiene un rol estratégico para abordar este desafío que tiene una base tecnológica, es cierto, pero que además es cultural, organizacional y humano.
Las empresas esperan invertir cifras millonarias en IA y que, mágicamente, eso se traduzca en agilidad operativa absoluta y productividad inmediata. La realidad muestra que, en lugar de eso, suelen sobrevivir procesos obsoletos, mantenidos por pura inercia y costumbre organizativa.
La reducción de esta brecha digital corporativa se apuntala sobre tres dimensiones: la infraestructura, competencias y cultura. Un programa de formación que se enfoque en brindar conocimientos específicos para desempeñar una función determinada es obsoleto; es necesario priorizar la adaptabilidad por encima del conocimiento técnico estático, que caduca muy rápido.
En su reporte The Future of Jobs de este año, el World Economic Forum indicó que casi el 40% de las capacidades requeridas para desempeñar los puestos de trabajo deberán cambiar y que el 63% de los empleadores consideran ese desfase como su principal obstáculo.
Al mismo tiempo, el FMI detalló que el 40% de los puestos de trabajo se verán potenciados, degradados o eliminados por la IA.
En contraposición, la consultora de mercado Gartner advirtió que para 2027 el 50% de las empresas que no hayan desarrollado una estrategia de IA centrada en las personas perderán su mejor talento.
En este escenario, se consolidan estrategias como el upskilling como el reskilling. Ambas estrategias parten de una comprensión concreta del negocio, los procesos y las habilidades que cada equipo necesita desarrollar.
En el camino aparecerá una barrera: la resistencia al cambio, que muchas veces expresa cierto temor a perder relevancia, dificultades para comprender una herramienta o dudas sobre la propia capacidad para adaptarse. La incertidumbre necesita, por lo tanto, una comunicación transparente, empatía y acompañamiento.
Preparar el talento para los nuevos escenarios dinámicos y complejos exige articular capacitación, empresas y desarrollo humano.
Porque cuando hablamos del futuro del trabajo, la tecnología es el motor, es cierto, pero el capital humano es el volante: sin dirección, aceleramos directo hacia la resistencia.
*Por Pablo Limongelli, Director de la carrera Gestión de Capital Humano de la Universidad de Belgrano.