El desafío está en construir proyectos estructurados como para tener objetivos claros y flexibles como para modificarlos cuando las circunstancias cambian
12.10.2026 • 14:00hs • COLUMNA
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Cómo gestionar proyectos tecnológicos en condiciones inestables
Durante años, la definición de un proyecto exitoso parecía clara: cumplir con el alcance previsto, respetar los tiempos y mantenerse dentro del presupuesto.
Sin embargo, en un contexto de cambios acelerados en los mercados, la tecnología, las regulaciones y hasta las condiciones políticas, esos parámetros ya no alcanzan.
La pregunta central hoy es si el proyecto realmente generó valor para la organización, sus clientes o empleados.
Tres niveles permiten hoy evaluar con mayor precisión: el output, aquello que se entregó; el outcome, lo que cambió como consecuencia del proyecto; y el valor, el beneficio que ese cambio produjo.
El verdadero éxito aparece solo cuando esos tres niveles están alineados. De lo contrario, un proyecto puede estar perfectamente ejecutado y, aun así, no responder a las necesidades reales del negocio.
La irrupción de la inteligencia artificial generativa acentuó esta dinámica. Una solución puede diseñarse considerando dispositivos, sistemas operativos o regulaciones vigentes y encontrarse, pocos meses después, con que varias de esas condiciones cambiaron.
Por eso, la clave no es únicamente ejecutar bien un plan, sino revisar periódicamente si ese plan sigue teniendo sentido. Esto requiere incorporar revisiones de supuestos como la adopción esperada, el comportamiento del mercado, los impactos entre áreas y los riesgos.
El caso de Klarna es ilustrativo. La fintech sueca proyectó ahorros anualizados de unos u$s40 millones gracias a su asistente de IA.
Sin embargo, su CEO reconoció que la sustitución de trabajadores había ido demasiado lejos y retomó la contratación de personal, al comprobar que la calidad del servicio se veía afectada.
La automatización se mantuvo, pero el criterio de éxito debió ampliarse: el ahorro no podía evaluarse de manera aislada de la experiencia del cliente.
Este escenario exige Project Managers con una mirada más estratégica, capaces de comprender la lógica del negocio, construir buenos Business Cases, analizar riesgos y detectar cambios relevantes durante la ejecución.
También demanda organizaciones que permitan admitir errores y cambios de rumbo sin que sean interpretados como fracasos.
El error, lejos de ser lo opuesto a la eficiencia, puede convertirse en una fuente de información valiosa para corregir el camino antes de que el costo sea mayor.
*Por Anahí Weidhaas, Senior PMO & Consultant de Weidhaas.biz.