Los argentinos destinan el 94% del volumen de compra de criptomonedas con pesos a stablecoins vinculadas al dólar, la proporción más alta entre todas las economías monitoreadas a nivel global. El dato confirma que, en la Argentina, comprar criptomonedas equivale en gran medida a dolarizarse por vía digital.
Así lo revela un informe de a16z crypto publicado este lunes, elaborado por los analistas Alejandro Flores y Ryan Holloway con datos de la firma Artemis.
El trabajo destaca que 1 de cada 5 argentinos utiliza criptomonedas, una de las tasas de adopción más elevadas de América Latina. Y lo más llamativo: ese comportamiento no retrocede pese a que la inflación mensual cayó de 25,5% en diciembre de 2023 a 2,1% en julio de 2026, según el INDEC.
Por qué las stablecoins siguen creciendo en Argentina
El informe de a16z muestra que las descargas de la app de Lemon, una de las billeteras cripto más populares del país, crecieron cada trimestre entre 2024 y 2026, un período en el que la presión inflacionaria se fue moderando de manera sostenida.
Esto sugiere que las stablecoins estarían dejando de ser solo una herramienta de cobertura contra la suba de precios para convertirse en un hábito financiero entre los argentinos.
La tendencia se alinea con datos de la plataforma de nóminas Deel, también citados por a16z. La proporción de contratistas argentinos que cobran en USDC creció en paralelo a la inflación interanual, que tocó un pico de 289% en abril de 2024.
Luego, ambos indicadores se moderaron: para julio de 2026, tanto la adopción de pagos en stablecoins como la inflación se ubicaban en torno a un quinto de sus respectivos máximos.
El cepo cambiario como disparador de la adopción cripto en Argentina
La relación entre los argentinos y las stablecoins se consolidó tras la reimposición de los controles cambiarios en 2019, cuando el gobierno limitó la compra de dólares oficiales a u$s200 mensuales por persona y excluyó a amplios segmentos de la población del acceso al mercado de cambios.
En ese contexto, las monedas estables atadas al dólar se transformaron en una vía alternativa para ahorrar sin depender del mercado oficial. Durante 2023, la brecha entre el tipo de cambio oficial y el paralelo superó el 100%, lo que encareció el "dólar cripto" pero no frenó su demanda.
La situación cambió en abril de 2025, cuando el gobierno de Javier Milei eliminó las restricciones cambiarias para personas humanas. Se suprimió el cupo de u$s200 mensuales, la restricción cruzada y las percepciones impositivas sobre la compra de divisas en el mercado oficial. Desde entonces, ambas cotizaciones convergieron: al 28 de agosto de 2026, el dólar digital costaba apenas 4% más que el oficial.
Argentina lidera la adopción global de stablecoins
El caso argentino se inserta en un fenómeno regional más amplio. Según el reporte Geography of Cryptocurrency de Chainalysis, entre julio de 2022 y junio de 2025 la Argentina acumuló transacciones en activos digitales por u$s93.900 millones, el segundo volumen más alto de América Latina detrás de Brasil.
En abril de 2026, un informe de la plataforma DeCard ubicó al país en el primer puesto mundial en uso cotidiano de stablecoins, por encima de otras economías emergentes con alta dolarización como Venezuela y Turquía.
La profundización de ese ecosistema también se refleja en el terreno corporativo. En julio de 2026, la fintech global Jeeves desembarcó en la Argentina con una solución de pagos empresariales basada en stablecoins, con el objetivo de procesar u$s500 millones anuales en dólares digitales. Y la propia Lemon amplió su oferta con productos de inversión en acciones de Wall Street, consolidando su posición como superapp financiera.
El informe de a16z recuerda que la desconfianza argentina hacia el peso tiene raíces que preceden a las criptomonedas: el corralito de 2001, la conversión forzosa de depósitos en dólares a pesos y la pérdida de tres cuartas partes del valor de la moneda tras el fin de la convertibilidad reforzaron la costumbre de ahorrar en billetes verdes fuera del sistema bancario. Las stablecoins, plantean los analistas, son la versión digital de ese mismo instinto.