Puntos importantes
Peter Schiff volvió a instalar el debate sobre la seguridad de los bonos estadounidenses tras cuantificar el derrumbe del ETF iShares 20 Year Treasury Bond (TLT), uno de los principales indicadores de la deuda pública de largo plazo.
El fondo cerró el viernes en u$s81,89, marcó un nuevo mínimo de 52 semanas y perdió más de la mitad de su valor desde marzo de 2020.
El refugio tradicional que perdió más valor
El ETF TLT está integrado por bonos del gobierno de Estados Unidos con vencimientos superiores a 20 años, títulos respaldados por el Tesoro cuya probabilidad de default es prácticamente inexistente para los inversores.
Precisamente por esa garantía, el verdadero riesgo nunca fue un incumplimiento de pagos, sino el efecto devastador que las subas de las tasas de interés ejercen sobre el precio de los bonos.
El fondo posee una duración efectiva de 14,9 años, una sensibilidad que implica pérdidas cercanas al 15% del precio cada vez que los rendimientos aumentan un punto porcentual, según datos de iShares.
El deterioro supera incluso la estimación inicial de Schiff: desde el máximo de u$s179,70 registrado en marzo de 2020 cayó 54% y, con una inflación acumulada del 29% según la Oficina de Estadísticas Laborales, la pérdida real de poder adquisitivo ronda el 65%.
El mercado reaccionó al costo de la deuda
El nuevo mínimo del TLT tuvo un detonante concreto: el jueves, el Tesoro estadounidense colocó u$s25.000 millones en bonos a 30 años con un rendimiento de 5,216%.
La operación registró una cobertura de 2,39 veces, un resultado considerado adecuado y consistente con las colocaciones recientes, aunque ese nivel de demanda no evitó que el costo resultara extraordinariamente elevado.
Ese rendimiento fue el segundo más alto entre las 92 subastas de bonos del Tesoro a 30 años realizadas desde 2001, ya que solamente la emisión de febrero de ese año alcanzó 5,46%.
El antecedente resulta revelador porque apenas 9 meses después de aquella colocación el Tesoro dejó de emitir bonos a 30 años, convencido de que los superávits permitirían cancelar la deuda nacional.
La realidad cambió radicalmente en 2006, cuando los superávits fiscales dieron paso a los déficits y Washington debió reintroducir ese instrumento, que hoy cuesta incluso más que durante aquel período excepcional.
Para Schiff, el nuevo mínimo del TLT demuestra que quienes apostaron por los bonos del Tesoro están sufriendo pérdidas significativas, pese a que muchos los consideran el refugio más seguro del mercado.
El analista también sostuvo que el retroceso cercano al 6% durante 2026 y la caída de alrededor del 50% desde el pico de 2020 incluso subestiman el daño, ya que al ajustarlo por inflación las pérdidas resultan considerablemente mayores.
Bitcoin enfrenta otra prueba frente a los bonos
La conexión entre el mercado de bonos y las criptomonedas aparece en el costo de oportunidad, porque un título del gobierno que rinde más del 5% compite directamente con un activo sin rendimiento.
Durante los últimos 30 días, el ETF TLT ofreció un rendimiento de 5,17%, fortaleciendo el atractivo de la deuda pública para los inversores que priorizan ingresos periódicos sobre apreciación del capital.
Al mismo tiempo, Bitcoin se negoció cerca de los u$s62.968 el viernes y acumuló una caída diaria de 3,2%, reflejando la presión que atraviesan los activos considerados de mayor riesgo.
Schiff sostiene desde julio que el próximo gran crash financiero no comenzará en el mercado de las criptomonedas, sino en los bonos estadounidenses de largo plazo, donde observa el principal desequilibrio.
Los holders de Bitcoin interpretan exactamente los mismos datos desde una perspectiva opuesta y argumentan que los costos de endeudamiento, en máximos de 25 años, justifican mantener un activo escaso fuera del sistema bancario.
La próxima prueba llegará el miércoles, cuando el Tesoro venda u$s16.000 millones en bonos a 20 años: una demanda débil elevará los rendimientos y aumentará la presión sobre Bitcoin, mientras una colocación sólida ofrecerá alivio simultáneo a ambos mercados.