Brian Armstrong salió al cruce de una preocupación que empieza a instalarse en el mercado cripto: que el auge de la inteligencia artificial podría quitarle mineros a Bitcoin.
La advertencia fue planteada por el inversor Chamath Palihapitiya, quien sostiene que vender energía a empresas de IA puede ser más rentable que utilizarla para minar la criptomoneda. Para el fundador de Social Capital, ese incentivo podría modificar uno de los pilares sobre los que funciona Bitcoin.
Armstrong, sin embargo, sostiene que la red está preparada para absorber la salida de mineros y que el precio de la criptomoneda no depende de la cantidad de participantes conectados. Según Palihapitiya, hoy las criptomonedas enfrentan dos desafíos distintos.
El primero es financiero. Según explicó, parte de la liquidez que antes llegaba a Bitcoin ahora se dirige hacia las acciones y los mercados de predicción, un segmento cuya actividad diaria ya supera habitualmente los u$s300 millones, de acuerdo con los datos citados por el inversor.
Para el inversor, ese fenómeno podría ser pasajero. La mayor preocupación, en cambio, está del lado de la energía.
Su argumento es que un minero puede obtener entre 10 y 20 veces más ingresos si destina su infraestructura energética a compañías de inteligencia artificial en lugar de utilizarla para producir bitcoins.
Ese incentivo económico puede terminar reduciendo la potencia de procesamiento disponible para la red de Bitcoin a medida que crece la demanda de electricidad para entrenar modelos de IA y operar grandes centros de datos.
"El cambio de liquidez es temporal, pero el intercambio de energía es un problema mucho más duradero", explicó.
La respuesta del CEO de Coinbase que tranquilizó al mercado
Armstrong descartó que ese escenario represente un riesgo para Bitcoin y explicó que si parte del hashpower abandona la red, el protocolo ajusta automáticamente la dificultad de minería para mantener el ritmo de validación de bloques.
Aunque haya menos mineros, Bitcoin sigue funcionando prácticamente con la misma normalidad.
"A largo plazo, el precio de Bitcoin depende sobre todo de cuánto teme la gente a la inflación, y parece que no hay fin a la vista para los déficits en democracias de todo el mundo", añadió.
Para el CEO de Coinbase, la evolución del precio de Bitcoin responde mucho más a factores macroeconómicos que a la cantidad de potencia de cálculo que tenga la red en un momento determinado.
Un debate que recién empieza y define el futuro de la minería
El intercambio refleja un debate que empieza a instalarse en la industria. Por un lado, cada vez más empresas vinculadas a la minería exploran acuerdos para suministrar energía e infraestructura a desarrolladores de inteligencia artificial, un negocio con márgenes potencialmente superiores a los de la actividad tradicional.
Por el otro, argumentos como el de Armstrong plantean que esa migración no compromete la seguridad de Bitcoin porque el protocolo fue diseñado justamente para adaptarse cuando cambia la cantidad de mineros que participan de la red.
Finalmente, el núcleo de la discusión no pasa por si habrá menos hashpower, sino por si la inteligencia artificial terminará cambiando el modelo de negocio de los mineros sin afectar el funcionamiento de Bitcoin o si ese proceso tendrá consecuencias más profundas, como anticipa Palihapitiya.