El Fondo Monetario Internacional (FMI) dejó un mensaje incómodo para el Gobierno: bajar la inflación rápido no alcanza.

Según el organismo multilateral de crédito, llevar los precios desde niveles de dos o tres dígitos a una inflación de un solo dígito suele demandar entre tres y cuatro años más de estabilización. La definición aparece en los documentos técnicos difundidos tras la segunda revisión del acuerdo con la Argentina.

El FMI también cuestionó el esquema cambiario actual y propuso avanzar hacia un modelo económico con dólar más flexible y metas de inflación manejadas desde la tasa de interés.

Además hizo foco en las reservas del Banco Central. Según sus cálculos, las reservas cubren apenas el 38% del nivel considerado adecuado, mientras que la deuda externa pública equivale a casi el doble de las exportaciones anuales del país.

Frente a ese escenario, el organismo recomienda abandonar gradualmente el uso del tipo de cambio como principal herramienta antiinflacionaria.

La propuesta apunta a evitar que el peso se aprecie demasiado y termine afectando la competitividad de la economía, especialmente en un contexto donde Vaca Muerta y la minería prometen un fuerte ingreso de divisas, señaló Ámbito.

El riesgo del "mal holandés" que preocupa al organismo

El documento del FMI también advierte sobre un fenómeno conocido como "mal holandés": cuando un boom exportador de recursos naturales fortalece la moneda local y termina perjudicando a otros sectores productivos, como la industria.

Por eso insiste en la necesidad de mantener un tipo de cambio competitivo y con capacidad de absorber shocks externos.

La propuesta incluye:

En particular, el organismo considera que eliminar por completo los derechos de exportación al agro podría generar:

Otro punto donde el Fondo toma distancia de la estrategia oficial es en la política monetaria.

El informe sostiene que, con inflación todavía alta, sostener metas rígidas sobre la cantidad de dinero puede generar más volatilidad en tasas y actividad económica.

Como alternativa, propone migrar hacia un esquema de metas de inflación ("inflation targeting"), donde la tasa de interés del Banco Central funcione como principal instrumento para ordenar expectativas.

Es el modelo que aplican muchos bancos centrales del mundo, aunque varios economistas advierten que suele funcionar mejor en países con inflación baja o moderada, no en economías que todavía conviven con fuertes desequilibrios nominales.

Por eso, dentro del mercado sigue abierto el debate sobre si la Argentina puede abandonar tan rápido el ancla cambiaria sin correr riesgos sobre el dólar y los precios.

La reforma impositiva que imagina el FMI

El paquete del Fondo también incluye una fuerte reestructuración tributaria. El diagnóstico es que la Argentina tiene un sistema "complejo, distorsivo e inestable", con más de 155 impuestos y una presión fiscal apoyada en tributos considerados poco eficientes.

Entre las principales recomendaciones aparecen:

También propone simplificar Ganancias corporativas con una alícuota única del 30%, acompañada por un impuesto mínimo sobre facturación. A eso suma:

El Fondo apunta además contra Ingresos Brutos, uno de los impuestos más cuestionados por el sector privado.

La idea es reemplazarlo gradualmente por un esquema de IVA compartido entre Nación y provincias durante la próxima década, compensando a los gobernadores con una mayor recaudación inmobiliaria.

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