El Fondo Monetario Internacional (FMI) encendió las alarmas sobre dos amenazas que crecen en simultáneo y ponen en riesgo la estabilidad del sistema financiero mundial: los ciberataques sobre instituciones financieras y los riesgos ocultos detrás del boom de inversión en inteligencia artificial.

Los números son contundentes: los ciberataques se más que duplicaron desde la pandemia. El sector financiero concentra cerca de una quinta parte de todos los incidentes registrados a nivel global, y los bancos son el blanco más frecuente.

Las pérdidas directas extremas se cuadruplicaron desde 2017 y llegaron a u$s2.500 millones. Pero el daño real es mayor si se suman las pérdidas indirectas: reputación, clientes y costos de actualización de seguridad.

El caso Equifax lo ilustra con claridad: la agencia estadounidense de informes crediticios pagó más de u$s1.000 millones en multas tras una filtración de datos en 2017 que afectó a unos 150 millones de consumidores.

Lo que más preocupa al FMI no son las pérdidas individuales sino el efecto dominó: un ataque grave a una entidad relevante "podría amenazar las finanzas y la estabilidad económica si erosiona la confianza en el sistema financiero, interrumpe servicios críticos o causa efectos de contagio a otras instituciones".

La dependencia creciente de proveedores tecnológicos externos amplifica ese riesgo: una sola falla en un proveedor compartido puede propagarse a múltiples instituciones al mismo tiempo.

El panorama regulatorio agrava el problema: solo alrededor de la mitad de los países tiene una estrategia de ciberseguridad definida, según una encuesta del FMI entre bancos centrales y supervisores.

La trama opaca detrás del boom en inteligencia artificial

La segunda amenaza es más novedosa. En su informe de abril de 2026, el FMI señaló que la inteligencia artificial se convirtió en una vulnerabilidad sistémica emergente.

El foco está en las grandes tecnológicas (Amazon, Google, Apple, Meta, Microsoft, entre otras), que concentrarían el 70% de los aproximadamente u$s3,4 billones proyectados en gasto de capital en IA hasta 2029.

El organismo detectó lo que llama "financiamiento circular": esas mismas empresas actúan a la vez como clientes, inversoras y financiadoras entre sí, generando una trama opaca que puede inflar artificialmente los ingresos y desconectarlos de los fundamentos reales del negocio.

El FMI estimó que entre septiembre y diciembre de 2025, siete de doce puntos porcentuales de ganancia acumulada en las acciones de esas firmas respondieron a correlación interna, lo que equivale a unos u$s40.000 millones de capitalización artificial. En el peor escenario, la deuda del sector podría trepar de los u$s800.000 millones actuales a más de un billón.

Ante este cuadro, el organismo instó a los reguladores a tratar la ciberseguridad y la concentración en activos de IA como prioridades urgentes de estabilidad financiera, y no como simples cuestiones técnicas.

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