El gobernador del Banco de Inglaterra, Andrew Bailey, encendió una señal de alerta que el mundo cripto no puede ignorar: las stablecoins emitidas en Estados Unidos podrían desestabilizar el sistema financiero del Reino Unido en un momento de crisis. Y lo dijo sin rodeos: "Sabemos lo que pasaría si hubiera una corrida sobre una stablecoin; todos vendrían aquí".
Las declaraciones fueron realizadas el 9 de mayo durante una conferencia de la entidad sobre desequilibrios financieros. Bailey, que además preside el Financial Stability Board (FSB), el organismo que coordina la regulación financiera entre los países del G20, advirtió que la disputa con Washington por los estándares de las stablecoins ya es un hecho consumado: "Va a ser una pelea que se viene con la administración de EE.UU."
Por qué el Reino Unido teme a los dólares cripto
El núcleo de la preocupación de Bailey no es la existencia de las stablecoins en sí misma, sino lo que ocurre cuando los inversores salen corriendo. En un escenario de estrés financiero, los tenedores de tokens emitidos en EE.UU. con mecanismos de redención débiles pueden volcarse masivamente hacia jurisdicciones con mejores garantías de conversión, como el Reino Unido o la Unión Europea.
El problema es técnico pero tiene consecuencias muy concretas. La GENIUS Act, la primera ley federal que regula las stablecoins de pago firmada por Donald Trump en julio de 2025, permite que los emisores extiendan la redención hasta siete días en situaciones de estrés. El marco regulatorio que está construyendo el Reino Unido, en cambio, exige redención 1 a 1 en todo momento, a través de depósitos en el Banco de Inglaterra.
Esa diferencia no es menor. En la práctica, significa que el Reino Unido podría convertirse en la válvula de escape de un sistema diseñado en EE.UU., absorbiendo el riesgo de redención que el marco norteamericano externalizó hacia otras jurisdicciones.
Un frente europeo que se suma al reclamo
Bailey no está solo en esta postura. Las advertencias del gobernador del Banco de Inglaterra se producen en paralelo con las del Banco Central Europeo. Christine Lagarde, presidenta de la institución, también salió a cuestionar públicamente las stablecoins, incluso las denominadas en euros, argumentando que representan una amenaza para la estabilidad financiera y la transmisión de la política monetaria.
Que los dos bancos centrales más importantes de Europa lancen señales de alerta en la misma semana no parece casual. Ambas instituciones comparten una preocupación estructural: cuando una stablecoin opera bajo una misma marca en múltiples jurisdicciones, los tenedores tenderán a redimir en el país donde el proceso sea más sencillo y rápido, consumiendo reservas que fueron dimensionadas solo para los usuarios locales.
El Banco de Inglaterra apunta específicamente a que el Reino Unido y la UE planean hacer la redención más accesible, lo que los vuelve destinos aún más atractivos en un escenario de corrida. Ese efecto de imán es exactamente lo que Bailey quiere evitar.
El modelo regulatorio del Reino Unido
Frente a ese diagnóstico, el Banco de Inglaterra no se quedó en la crítica. El regulador está diseñando activamente su propio marco para stablecoins denominadas en libras esterlinas, con una lógica muy diferente a la de Washington.
El esquema propuesto establece un modelo de doble regulador: las stablecoins consideradas sistémicamente importantes quedarían bajo supervisión conjunta del Banco de Inglaterra y la Financial Conduct Authority (FCA). Pero el punto más significativo es otro: los emisores de stablecoins sistémicas que operen en el Reino Unido tendrían acceso a las facilidades de liquidez del banco central. Es decir, habría un respaldo real detrás de la puerta cuando todos quieran salir al mismo tiempo.
Este enfoque contrasta directamente con el modelo estadounidense, donde la FDIC y la OCC todavía están definiendo las reglas de implementación de la GENIUS Act, con debates abiertos sobre reservas, auditorías y qué activos pueden respaldar una stablecoin.
¿Cuánto poder tiene el FSB para imponer estándares globales?
El doble rol de Bailey como gobernador del Banco de Inglaterra y presidente del FSB le da a sus palabras un peso institucional considerable. Sin embargo, analistas del sector advierten que el FSB no tiene poder de rulemaking formal: su influencia opera a través de la construcción de consenso entre bancos centrales y reguladores del G20, no mediante normas vinculantes.
En la práctica, el mercado mismo podría ser el árbitro más efectivo. El Reino Unido tiene la capacidad de bloquear el acceso de stablecoins estadounidenses no reguladas a sus rieles de pagos regulados. Eso equivale a una barrera de entrada concreta, mucho más difícil de ignorar que una recomendación del FSB.
Pero la maniobra tiene un costo: excluir a los principales tokens de dólar del sistema de pagos británico implica aislar a los usuarios y empresas locales de la infraestructura de pagos globales más líquida del mundo, dominada por USDT de Tether y USDC de Circle, que juntos concentran la gran mayoría del volumen global de stablecoins.
La tensión que describe Bailey apunta a una contradicción de fondo: las stablecoins son inherentemente globales, pero la regulación es local. Ese desfase ya genera fricciones reales entre los principales bloques económicos del mundo.
EE.UU. optó por un marco más permisivo, pensado para incentivar la innovación y consolidar el dominio del dólar digital. Europa y el Reino Unido están construyendo sistemas más conservadores, con foco en la estabilidad sistémica y la soberanía monetaria. La pregunta que todavía no tiene respuesta es quién absorbe el riesgo cuando esos dos modelos colisionan en una crisis. Bailey no tiene dudas sobre la respuesta. Y por eso eligió decirlo en voz alta.