La mora dejó de ser un problema aislado para convertirse en parte del día a día de millones de hogares argentinos. Tarjetas, cuotas, préstamos personales y créditos tomados desde billeteras digitales ya forman parte de una rutina financiera que se volvió permanente.

Según el último Estudio de Medios de Pago de D'Alessio IROL, 6 de cada 10 argentinos tienen actualmente algún tipo de compromiso financiero con bancos, fintech o comercios.

Pero detrás del aumento del endeudamiento aparece un dato que rompe con varios prejuicios: la mayoría no busca dejar de pagar, sino conseguir condiciones que hagan posible salir.

En ese contexto, la discusión ya no pasa solamente por cuánto debe la gente, sino por cómo logra sostener esa deuda sin ahogarse en el intento.

En ese sentido, el relevamiento de D'Alessio IROL pone el foco en una pregunta clave: qué esperan los argentinos endeudados para poder regularizar su situación.

Y lo llamativo es que apenas un 17% menciona una quita parcial como salida y el resto apunta a medidas que alivien la carga financiera y hagan más manejables los pagos. Entre los principales pedidos aparecen:

El dato refleja un cambio importante en la percepción social del endeudamiento. La lógica del cumplimiento sigue vigente, pero empieza a agotarse la tolerancia hacia esquemas financieros que muchos consideran eternos o imposibles de sostener.

Tarjetas y billeteras: el nuevo mapa del endeudamiento argentino

Las tarjetas de crédito bancarias siguen liderando el ranking de obligaciones financieras. El 64% de quienes tienen deudas mantiene saldos pendientes con plásticos emitidos por bancos.

Detrás aparecen:

Ese entramado genera un fenómeno cada vez más frecuente: familias que toman nuevos préstamos para cancelar deudas más caras, especialmente consumos financiados con tarjeta y pagos mínimos acumulados.

Según el informe, la deuda se volvió "doméstica, fragmentada y permanente" y es parte del funcionamiento habitual del hogar.

El propio sistema financiero empezó a impulsar esa dinámica con ofertas de refinanciación y créditos personales a tasas relativamente menores para evitar que la mora siga escalando.

La situación genera además un desgaste emocional. Aunque el 34% cree que eventualmente podrá salir adelante, aun cuando lleve tiempo, otro 22% siente que está estancado y un 18% directamente asegura que la deuda ya lo superó.

La sensación de agotamiento también impacta sobre el vínculo con bancos y fintech. Muchos usuarios sienten que fueron empujados a financiar consumos o aceptar créditos que terminaron excediendo sus posibilidades reales de pago.

El diagnóstico deja una señal de alerta para el sector financiero: la relación con los clientes se deteriora cuando las entidades solo cobran, pero no ofrecen caminos concretos para reorganizar la deuda.

"El sistema financiero, aunque sigue siendo importante, no siempre es percibido como cercano o contenedor. En cambio, se percibe una fuerte sensación de soledad en el proceso de intentar regularizar la situación financiera. Hay un sentimiento de orfandad entre los clientes", explicó Nora D'Alessio.

En ese sentido, el problema no pasa únicamente por refinanciar, sino también por recuperar cercanía y acompañamiento: la personalización de las propuestas y el contacto humano aparecen como factores cada vez más importantes para evitar que la mora siga creciendo.

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