Las mineras de Bitcoin están reconvirtiendo su negocio hacia la inteligencia artificial empujadas por el fuerte aumento del costo de producción, que ya ronda u$s79.995 por BTC en algunos casos.
El golpe a la rentabilidad viene por varios frentes. El halving de 2024 redujo a la mitad la recompensa por bloque y, al mismo tiempo, los costos de energía y hardware siguieron subiendo. Esa combinación dejó a muchos jugadores operando con números en rojo.
Y el impacto ya se sintió en la red: en marzo de 2026 la dificultad de minado cayó cerca de 8%, uno de los ajustes bajistas más marcados del año.
La explicación es simple: operadores con márgenes negativos apagaron equipos para frenar pérdidas.
Frente a ese escenario, el sector aceleró un cambio de rumbo. En los últimos doce meses, las principales mineras que cotizan en bolsa firmaron contratos de computación para inteligencia artificial y servicios de alto rendimiento (HPC) por más de u$s70.000 millones.
Empresas como Core Scientific, Riot Platforms e IREN ya están adaptando sus centros de datos para procesar cargas de IA, metiéndose en una negocio que podría representar hasta el 70% de sus ingresos hacia fines de 2026.
Del riesgo a la previsibilidad
Uno de los atractivos clave para estas empresas es la la estabilidad. A diferencia de la minería, donde todo depende del precio del Bitcoin y la dificultad de la red, la IA permite cerrar acuerdos de largo plazo y generar ingresos más previsibles.
Además, las mineras no arrancan de cero, sino que ya cuentan con infraestructura clave como acceso a energía a gran escala, sistemas de refrigeración y operación continua, lo que facilita la reconversión.
Este movimiento marca un cambio de lógica en el negocio. Con costos en alza y márgenes cada vez más ajustados, las empresas buscan monetizar su capacidad energética y convertirse en proveedores de cómputo para una demanda que no para de crecer.