Una pregunta recorre desde las mesas de dinero de la City hasta los pasillos de las PyMES: ¿por qué el país se volvió tan caro en moneda dura? El debate, que hasta hace poco era técnico, se mudó en las últimas horas a X (ex Twitter) con un intercambio entre el empresario Marcos Galperin y el economista Fernando Marull.

Todo comenzó cuando el fundador de Mercado Libre publicó una reflexión sobre el cambio de paradigma en los precios relativos.

Galperin, fiel a su estilo directo, sugirió que la queja por los precios actuales es el síntoma de una "abstinencia" de décadas de subsidios y ficciones cambiarias.

Para el empresario, lo que muchos ven como una "Argentina impagable", es el camino hacia una economía sana y sin atajos.

La publicación de Marcos Galperin en X

Sin embargo, la respuesta de Fernando Marull no tardó en llegar, aportando la frialdad de los números.

El economista advirtió sobre la velocidad de la inflación en dólares y el impacto que este nivel de precios tiene sobre la competitividad real.

El cruce no es solo dialéctico; representa las dos visiones que hoy tensionan el plan económico: la confianza en el largo plazo frente a la urgencia del flujo diario.

Desde la vereda técnica, Marull puso el foco en el tipo de cambio real.

Su diagnóstico sugiere que, si bien la inflación mayorista y minorista ha desacelerado drásticamente, el ritmo de apreciación del peso ha sido tan fuerte que Argentina corre el riesgo de volverse "invivible" para los sectores exportadores que no sean el agro o la energía.

La respuesta de Fernando Marull a Marcos Galperin en X

El fin de la "ficción" y el nuevo piso de costos

Para Galperin, Argentina está atravesando un proceso de sinceramiento.

Su postura es clara: durante años, el país vivió bajo una estructura de costos artificialmente baja, sostenida por déficit fiscal y servicios públicos regalados.

En este nuevo escenario de equilibrio fiscal y emisión cero, los precios locales han comenzado a converger con los internacionales, incluso superándolos en rubros como indumentaria, electrónica y consumo masivo.

A este debate se sumó el economista Roberto Cachanosky, quien aportó una cuota de crudo realismo sobre la estructura que soporta (o no) este nuevo modelo.

Al analizar las métricas de solvencia, Cachanosky fue tajante al aclarar que no se debe confundir la deuda pública con el crédito al sector privado.

Pero, sobre todo, le recordó a Galperin la escala del problema: "Ese gráfico también muestra lo mínimo que es el sistema financiero argentino. Y tiene lógica que sea chico luego de tantas confiscaciones", sentenció el economista.

La respuesta de Roberto Cachanosky a Marcos Galperin (Fuente: X)

El impacto en el bolsillo y la competitividad 4.0

El dilema que plantea el cruce Galperin-Marull-Cachanosky tiene un correlato directo en la economía del conocimiento. En este 2026, las empresas tecnológicas argentinas compiten globalmente por talento. Con una Argentina cara en dólares:

Esta dinámica obliga a las empresas a una reconfiguración total. Ya no se puede competir "por precio" (por ser baratos en dólares), sino que hay que hacerlo por valor agregado y eficiencia extrema. Es allí donde la digitalización de procesos y la IA se vuelven los únicos aliados posibles para mitigar el encarecimiento de la estructura fija.

El mercado parece estar dándole la derecha a Galperin en cuanto a la solvencia financiera. La acumulación de reservas del BCRA y el éxito en el frente judicial de empresas como YPF generan un clima de confianza que sostiene el valor del peso.

Sin embargo, la mirada de Cachanosky sobre el sistema financiero "chico" recuerda que, sin crédito masivo al sector privado, el costo de vida caro en dólares se siente como una carga doble para la clase media y las empresas.

Como dice el economista, la lógica del sistema pequeño es el resultado de décadas de inestabilidad, y reconstruirlo llevará más que solo un ajuste de precios relativos.

El cruce entre el empresario y los economistas resume el gran desafío del segundo trimestre de 2026. Argentina dejó de ser el país de los "saldos" para intentar convertirse en un país normal. El problema es que, en el camino, el costo de esa normalidad está poniendo a prueba la resistencia de todos los sectores productivos.

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