Circle se desplomó un 20% en una sola jornada y fue su peor caída desde que cotiza en bolsa. Coinbase cedió cerca del 10%. Juntas, borraron miles de millones en capitalización de mercado en pocas horas.

El detonante para la caída de los dos gigantes fue un borrador. Más precisamente, la última versión del texto negociado en el Senado de Estados Unidos para la Clarity Act, la ley que busca definir de una vez por todas quién regula qué en el ecosistema de activos digitales.

El mercado no esperó análisis. Vendió primero y preguntó después.

Qué es la Clarity Act y por qué importa tanto

La Digital Asset Market Clarity Act es la legislación más ambiciosa de la historia de Estados Unidos en materia de criptomonedas. Fue aprobada en la Cámara de Representantes en julio de 2025 con respaldo bipartidista (294 votos a favor, 134 en contra) y cuenta con el apoyo de la Casa Blanca.

Su objetivo es dividir la supervisión del mercado cripto entre dos organismos reguladores: la SEC (Comisión de Bolsa y Valores) y la CFTC (Comisión de Comercio de Futuros). En términos simples: quien regula las acciones de una empresa también quiere saber cómo regula a quienes manejan dólares digitales.

Sin embargo, el proyecto quedó frenado en el Comité Bancario del Senado por un punto concreto y explosivo: si las stablecoins pueden o no pagar rendimientos a sus usuarios. Ese debate, que parece técnico, tiene consecuencias millonarias.

El centro del conflicto: los rendimientos pasivos

Una stablecoin es una criptomoneda cuyo valor está atado a una moneda real, generalmente el dólar estadounidense. USDC (emitida por Circle) y USDT (emitida por Tether) son las dos más grandes del mundo. La idea es simple: tener la estabilidad del dólar con la velocidad y accesibilidad de las criptomonedas.

Ahora bien, algunas plataformas empezaron a ofrecer algo más: rendimientos por simplemente tener esas monedas estables guardadas. Es decir, el usuario deposita USDC en su cuenta y la plataforma le paga un interés periódico, como si fuera una caja de ahorro.

Por ejemplo, Coinbase ofrecía hasta un 3,5% anual a los usuarios de su programa Coinbase One por mantener USDC. Ese esquema es exactamente lo que el nuevo borrador de la Clarity Act quiere vedar.

El texto del acuerdo, alcanzado entre los senadores Thom Tillis (republicano) y Angela Alsobrooks (demócrata), prohíbe que las plataformas ofrezcan rendimiento "directa o indirectamente" por mantener stablecoins, ni de ninguna forma que sea "económicamente equivalente a un interés bancario".

JPMorgan, Bank of America, Wells Fargo y otros bancos llevan meses presionando para que esto suceda. Su argumento: si una app de activos virtuales paga intereses por tener dólares digitales, los usuarios van a retirar sus depósitos de los bancos y migrarse al ecosistema cripto. Y eso, dicen, amenaza la base del sistema financiero tradicional.

"El punto técnico clave pasó porque cualquier incentivo estuviera respaldado por reservas líquidas y trazables, evitando estructuras que introdujeran descalces de liquidez", comenta a iProUP Gabriel Campa, Head of Digital Assets at Towerbank International Inc.

"Para nosotros, lo más importante no fue el rendimiento en sí, sino la solidez del resguardo, la transparencia y el cumplimiento normativo", agrega. 

Campa espera que "el consenso avance cuando se logre un punto medio sobre las recompensas, donde el 'cómo' pese tanto como el 'qué': definiciones claras, estándares de reservas y una supervisión coherente".

Los grandes perdedores: Circle y Coinbase

Circle es la empresa detrás de USDC, la segunda stablecoin más grande del mundo. Salió a cotizar en bolsa recientemente y venía de un rally extraordinario: había subido más de 170% desde principios de febrero.

La caída del 20% no fue una corrección técnica, fue una revaluación del modelo de negocio. Según el analista Daniel Bottero, "si la ley prohíbe los rendimientos pasivos, se reduce uno de los principales incentivos para que los usuarios acumulen y retengan USDC". Sin ese atractivo, la moneda pierde su argumento más poderoso más allá de los pagos.

Hay un matiz importante: Circle no paga los rendimientos directamente a los usuarios. Es Coinbase quien lo hace, usando el flujo de intereses que recibe de Circle como socio distribuidor. Pero el efecto es el mismo: si el sistema se prohíbe, el modelo colapsa.

Martín Ferreyra, analista de activos digitales, lo resume de esta forma: "El mercado no castigó a Circle por lo que ganó ayer. La castigó por lo que puede dejar de ganar mañana. Esa es siempre la lógica de la renta variable".

Las leyes cripto de EEUU

Coinbase, por su parte, cayó cerca del 10%, y los números explican por qué la preocupación es legítima. En el cuarto trimestre de 2025, los ingresos vinculados a stablecoins (principalmente USDC) representaron u$s364 millones para la compañía. Es una de las líneas más rentables de su balance.

Además, tiene una posición directa en acciones de Circle y registró una pérdida de u$s395 millones en inversiones estratégicas en ese mismo trimestre. Si Circle cae, Coinbase siente el golpe en dos frentes al mismo tiempo: en sus ingresos operativos y en su hoja de balance.

El ganador inesperado: Tether juega sus cartas en el momento justo

Mientras Circle y Coinbase absorbían el impacto, Tether apareció con una movida que no fue casualidad.

El mismo día en que se conoció el borrador de la Clarity Act, Tether anunció que contrató a una firma del grupo Big Four (las cuatro auditoras más grandes y reconocidas del mundo) para realizar una auditoría completa e independiente de las reservas que respaldan su stablecoin USDT, que hoy representa u$s184.000 millones en circulación.

Este es un movimiento de alto impacto, porque históricamente el talón de Aquiles de Tether fue la desconfianza institucional. USDT es la stablecoin más grande del mundo, pero durante años operó con auditorías parciales o directamente sin auditorías independientes, lo que le generó críticas de reguladores y analistas.

Si la auditoría confirma que las reservas son sólidas, Tether se posiciona como la alternativa confiable justo en el momento en que su principal competidor atraviesa una tormenta regulatoria.

A esto se suma que la compañía lanzó recientemente USAT, una stablecoin específicamente orientada al mercado estadounidense, añadiendo presión directa en el territorio donde Circle tiene su mayor base de usuarios.

Los otros ganadores: Ethereum, Solana y el ecosistema DeFi

La restricción al rendimiento pasivo de las stablecoins no elimina el apetito por el rendimiento, apenas lo desplaza. Si un usuario ya no puede ganar un 3,5% anual por tener USDC en Coinbase, va a buscar ese rendimiento en otro lado. Y ese "otro lado" ya existe: son las redes blockchain que ofrecen staking nativo y los protocolos de finanzas descentralizadas (DeFi).

El staking es, en términos simples, un mecanismo por el cual los usuarios bloquean sus criptomonedas para ayudar a validar transacciones en una red y, a cambio, reciben recompensas. Ethereum y Solana son las redes más relevantes en este esquema, y sus recompensas no dependen del mismo marco regulatorio que hoy persigue a las stablecoins.

Valentina Moreno, especialista en DeFi y consultora independiente, señala que la Clarity Act puede ser, paradójicamente, un catalizador para la adopción de protocolos descentralizados: "Si el capital no puede ganar rendimiento dentro del ecosistema regulado, va a fluir hacia donde no hay restricciones. El DeFi lleva años esperando esa migración".

La normativa incluye de hecho una sección específica que protege las actividades de finanzas descentralizadas de la regulación de valores, lo que refuerza ese escenario.

¿Qué dice el acuerdo en detalle?

El texto no cierra todas las puertas. El borrador permite lo que se llama "recompensas basadas en la actividad": los usuarios podrán recibir incentivos si usan las stablecoins para realizar pagos, hacer trading o participar en plataformas. Lo que no podrán hacer es ganar simplemente por no hacer nada, es decir, por tener el saldo inmovilizado.

La diferencia conceptual es similar a la de las tarjetas de crédito: los bancos pueden dar puntos por usar la tarjeta, pero no pagar intereses por tenerla guardada en el cajón.

El problema, que varios actores de la industria ya señalaron, es que el texto usa la frase "económicamente equivalente a intereses" sin definirla con precisión. Esa ambigüedad va a ser interpretada por reguladores como la SEC, la CFTC y el Departamento del Tesoro, que tendrán un año para establecer los criterios específicos. Hasta entonces, la incertidumbre manda.

El Comité Bancario del Senado tiene previsto revisar el proyecto a fines de abril. Si avanza, el texto pasaría al pleno del Senado y, de aprobarse, llegaría al escritorio de Donald Trump para su firma. El presidente ya calificó la ley como esencial para mantener a Estados Unidos como "capital mundial de las criptomonedas".

Pero el camino no está despejado. Quedan puntos pendientes, entre ellos cómo se regulará el ecosistema DeFi y qué concesiones adicionales se harán a los bancos comunitarios para asegurar su apoyo.

La Clarity Act no es el fin de las stablecoins, parece ser el fin de un modelo específico que usó el rendimiento pasivo como palanca de crecimiento. Las monedas estables seguirán siendo clave para las remesas, los pagos globales y la liquidez del ecosistema. Lo que cambia es el argumento para tenerlas: ya no será "te pago por guardarlas", sino "úsalas para hacer cosas".

Ese cambio de lógica tiene ganadores y perdedores claros en el corto plazo. Pero también abre una nueva etapa para el sector: menos especulativa, más enfocada en la utilidad real. Para muchos inversores institucionales que miraban de lejos, eso puede ser exactamente la señal que estaban esperando.

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