Las sociedades por acciones simplificadas (SAS), que permitían un trámite más flexible y digital (hasta que el actual gobierno se propuso destruirlas) posibilitó la creación de más de 30.000 empresas bajo esa figura desde su creación, en marzo de 2017.

La pregunta que surge entre los emprendedores es qué caminos quedan abiertos a los nuevos proyectos para formalizarse en bajo el esquema de sociedades y comenzar su actividad comercial.

María Laura Cánepa, gerenta de Derecho Societario del estudio Lisicki, Litvin & Asoc, remarca a iProUP que "si a este particular año 2020 algo le faltaba, era la persecución normativa a las SAS para aniquilarlas. Esa figura jurídica fue creada con el principal objetivo de, justamente, contribuir con la industria y apoyar a los emprendedores".

En su visión, "las SAS contaban con un paquete de beneficios comerciales y económicos que facilitaban su constitución y funcionamiento, permitiendo que muchos proyectos pudieran dar a luz".

Entre las principales ventajas, comparadas con otras figuras jurídicas vigentes en la época de la sanción de la ley que las creara, Cánepa señala las siguientes:

Las trabas a las SAS

Desde este año, coincidentemente con la asunción del nuevo titular de la Inspección General de Justicia, Ricardo Nissen, comenzaron los cuestionamientos a las SAS, alegando la falta de seguridad jurídica y otras desventajas que podían producir para el ordenamiento legal.

A esto se sumaron investigaciones cursadas a muchas de sociedades que detentaban inmuebles. Los obstáculos se fueron profundizando, se complejizaron o demoraron las constituciones y, en algunos casos, hasta se restringieron sus presentaciones periódicas.

"Para esto se aprovecharon las suspensiones generales provocadas por el COVID-19 y el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, entre otras maniobras tendientes a debilitarlas, como el último proyecto de ley sancionado por el Senado el 11 de junio", señala Cánepa.

El titular de la IGJ, Ricardo Nissen, uno de los principales detractores de las SAS

El resultado fue la muerte repentina de este esquema societario: "En la actualidad, las SAS se encuentran como una figura no elegida para el inicio de un emprendimiento", remarca Cánepa.

Ante este escenario se plantea como principal interrogante: ¿Qué alternativa podría tomarse en reemplazo? Cánepa precisa que la pregunta vale tanto para aquellas sociedades aún no constituidas como para aquellas SAS que deben abandonar su ropaje jurídico.

Antes de la entrada en vigencia de este formato, las alternativas más utilizadas eran las Sociedades Anónimas (SA) y las de Responsabilidad Limitada (SRL). Cánepa destaca los puntos más sobresalientes de ambas figuras societarias.

Sociedad Anónima

Según Cánepa, las principales características:

Sociedad de Responsabilidad Limitada

En tanto, las SRL se caracterizan por los siguientes puntos claves, según precisa Cánepa:

¿Cuál es la más conveniente?

Cánepa sostiene que las sociedades anónimas son especialmente útiles para proyectos y emprendimientos de gran envergadura en los que se requieran de aportes de capital e inversiones considerables. Por el contrario, los emprendedores con estructura más chicas deben considerar la opción de las SRL.

Según ASEA (Asociación de Emprendedores de Argentina), desde la aprobación de la Ley de Apoyo al Capital Emprendedor (marzo 2017), se originaron más de 30.000 empresas con la figura de la SAS, que generaron más de 47.000 puestos de trabajo registrados.

"Pero, en el mismo lapso, se crearon alrededor de 25.000 sociedades anónimas y unas 49.000 de responsabilidad limitada. Las SRL se mantienen como una de las principales opciones a la hora de emprender un negocio de menor porte", señala el experto.

Javier Panno, socio de Auren Argentina, coincide en que para proyectos pequeños que antes utilizaban SAS, ahora les queda como alternativa una SRL o una SA. "Ambas tienen la ventaja de que la responsabilidad de los socios se limita al capital aportado", comenta Panno.

Sin embargo, aclara que "tienen plazos más largos de inscripción, de aproximadamente 30 días en lugar de las 24 horas de las SAS", precisa Panno.

Según el experto, las SRL requieren inscripción y consenso ante el cambio de socios, mientras las SA exigen presentar balances y pagar la tasa anualmente.

Al no estar disponible la SAS, un proyecto debería reinscribirse como SA, según especialistas

"Si tuviese que recomendar una forma societaria alternativa a la SAS para armar un nuevo proyecto en la ciudad de Buenos Aires, creo que sigue siendo preferente volver a la SA tradicional", asegura a iProUP Juan Pablo Bove, del estudio Tavarone, Rovelli, Salim & Miani.

Según el experto, "sigue siendo el vehículo más ágil y mejor dotado para cualquier proyecto y los costos siguen siendo muy razonables, aunque más altos comparados con los de una SAS".

"Adicionalmente, los tiempos de constitución y su registración en la IGJ siguen siendo muy buenos. Sacarla con CUIT ayuda mucho a tener un vehículo operativo en una o dos semanas", afirma.

Además, el especialista remarca que "si el emprendimiento toma entidad, mediante una mera reforma estatutaria podría migrarse rápidamente a una sociedad unipersonal (en caso de que resulte útil), asumiendo la mayor carga administrativa y necesidad de contar con un síndico al calificar bajo el artículo 299 de la Ley General de Sociedades".

El último recurso

El abogado Carlos Fiorani afirma a iProUP que las SAS eran un vehículo atractivo porque "además de tener limitación de la responsabilidad, se podían constituir en un plazo breve de tiempo y permitían establecer un objeto social múltiple".

"Al retomar Nissen la conducción de la IGJ, uno de los más firmes impulsores de la postura del objeto único, era lógico que por los medios que tuviera a su alcance intentara restringir o complicar la constitución de nuevas SAS", reconoce el experto.

Pero Fiorani advierte un "plan B" para quienes todavía deseen constituir una firma bajo este formato: "En la provincia de Buenos Aires todavía no hay restricciones importantes y por lo tanto todavía es posible utilizarla como vehículo. Es decir, una SAS todavía forma parte del menú de posibilidades de estructuración".

Sin embargo, el experto remarca que este tipo societario "no es una estructura jurídica totalmente transversal a cualquier emprendimiento, porque tiene ciertas limitaciones operativas que uno puede anticipar para el futuro, sobre todo en materia de gobernabilidad de empresas más sofisticadas".

Y concluye: "En líneas generales la premisa es que no hay una estructura deseable en abstracto: debe tenerse en cuenta la proyección del emprendimiento".

*Dolores Olveira - olveiradolores@gmail.com

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