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Cómo será el futuro de Glovo: su facturación crece un 268%, pero sus pérdidas se elevan un 798%

Cómo será el futuro de Glovo: su facturación crece un 268%, pero sus pérdidas se elevan un 798%
Entre que la empresa tiene 100 veces más 'riders' que empleados, más la situación judicial y laboral de los repartidores, su futuro no está muy claro
07.09.2019 14.35hs Innovación

Glovo presentó los resultados de su balance, y los número sorprendieron: mientras que la facturación subió, mas lo hicieron las pérdidas, en un porcentaje decididamente mayor.

Presente en 200 ciudades de 26 países, Glovo está basando su modelo de negocios en base a rondas de financiación, si haber logrado aún ser rentable.

¿Podrá sostener este modelo mucho tiempo más?: los datos presentan varios elementos de riesgo, como que depende demasiado de la financiación externa, que se gasta mucho más en 'riders' que en empleados, o el riesgo de que los repartidores sean considerados empleados con todos sus derechos

Este es un recorrido a través del negocio de Glovo estos años, su lucha contra los 'riders', la legislación y la justicia y un futuro que, a corto plazo, se presenta alejado de la sostenibilidad financiera.

Suben facturación (+268%) y pérdidas (+798%)

Glovo subió el año pasado su facturación en un 268%, desde los 14,2 millones de euros de 2017 hasta los 52,3 de 2018. Sin embargo, sus gastos han aumentado mucho más: frente a los 23,3 millones de 2017, el año pasado esta cifra se elevó hasta los 96,4. En total, un crecimiento del 313,6% en un año.

Con todo, el balance anual no ha ido más que creciendo en negativo desde el nacimiento de la compañía en 2015: en 2018 Glovo perdió 45,7 millones de euros. Frente a los 5,6 millones perdidos en 2017, el aumento de las pérdidas ha sido de un 798% en doce meses.

¿Cómo se puede soportar ese nivel de pérdidas? Con financiación externa. Desde 2015 la 'startup' ha conseguido u$s322 millones de financiación procedentes, sobre todo, de grandes fondos de inversión que han sufragado su crecimiento y expansión en el mercado a costa de la lucha por la rentabilidad.

Para José Domingo Roselló, economista del Gabinete Técnico de UGT, "este régimen se ancla sobre la competencia desleal. Glovo no se está financiando en el mercado real, sino merced a las rondas de financiación para ir a pérdidas el tiempo que haga falta hasta que se queden solos".

No obstante, Pol Oliver, 'head of global finance' de la compañía, se muestra tajante en conversación con este diario: "Glovo será rentable, por supuesto. Si seguimos con un crecimiento similar al de los últimos años, en dos o tres ejercicios comenzaremos a dar beneficios en varios de los países en los que estamos presentes". ¿Y cómo llegará esa rentabilidad, según la empresa? "Generando negocio en las ciudades donde estamos presentes y accediendo a nuevos mercados".

El directivo considera que la 'startup' está más que respaldada: "Contamos con un claro respaldo del mercado; basta con ver la última ronda de financiación que cerramos en abril de este año, cuando conseguimos 160 millones". Además, "tenemos la confianza de los usuarios (más de 7 millones en todo el mundo y casi 2 millones de ellos en España), de los repartidores (30.000 en activo en todo el mundo, 7.500 de ellos en España) y de los comercios asociados (20.000 partners actualmente)".

Los juicios y la ley, reconocidos como riesgo

Casi desde el comienzo de su actividad, Glovo ha ido acumulando varios procesos judiciales y administrativos que deben dilucidar la naturaleza profesional de sus repartidores. La empresa los consideró autónomos al principio y Trade (Trabajadores Autónomos Dependientes Económicamente) después, pero hay quien no piensa lo mismo y considera que deberían ser empleados de todo derecho. Varios de sus 'riders' han denunciado a la empresa y los resultados, por ahora, son dispares: los Juzgados de lo Social 17 y 39 de Madrid y el 27 de Barcelona consideran que los repartidores deben ser autónomos, pero el Juzgado de lo Social 1 de Vigo, el 29 de Barcelona y el 33 de Madrid entienden que se trata de falsos autónomos que deben ser contratados como empleados.

Además, durante el primer trimestre de este año, la 'startup' ha recibido varias actas de liquidación de la Seguridad Social por importe total de 5,5 millones de euros: 3,8 millones en Barcelona, un millón en Valencia, 380.000 euros en Zaragoza y 271.000 euros en Málaga. Hace apenas un mes la Inspección de Trabajo también le ha instado a incluir como empleados a 180 repartidores de Granada.

La compañía reconoce en sus cuentas los riesgos asociados a estos procesos: "Dichas inspecciones, aunque de manera no firme, han determinado la naturaleza laboral de los repartidores. La falta de regulación normativa y la ausencia de un criterio jurisprudencial firme hace que exista la posibilidad de que la Administración pudiera llegar a considerar a los repartidores como personal laboral de la sociedad". Así, "en caso de que se declarara la laboralidad de la relación con los repartidores, la empresa debería abonar a la Seguridad Social cotizaciones con recargo de estos profesionales, derivándose asimismo contingencias por retenciones de IRPF".

Si juntamos los juicios con 'riders' y las luchas con la Inspección de Trabajo, Glovo reconoce que a día de hoy sus asesores laborales "no pueden estimar de forma fiable si dichos procedimientos concluirán a favor o en contra de la sociedad y consideran como posible el riesgo". En cualquier caso, la compañía espera que dichos procedimientos "se podrán resolver favorablemente en última instancia", es decir, mediante recursos a las decisiones actuales de Trabajo o de los juzgados.

En cualquier caso, Pol Oliver se muestra optimista: "Estamos convencidos de nuestro modelo de negocio y de que la relación que nos une a los repartidores se ajusta plenamente a la legalidad vigente. Hemos tenido ocho sentencias favorables y otras tantas desfavorables, lo que refleja que existe una necesidad de regulación en un sector en auge al que no se pueden aplicar normas o reglas del siglo pasado. Por ello, solicitamos un marco normativo adaptado a las nuevas relaciones laborales derivadas de la digitalización, sin destruir un modelo que se ha mostrado práctico y útil para todas las partes implicadas", asegura.

Gasta 4 veces más en 'riders' que en empleados

El debate sobre los 'riders' y su tratamiento como empleados o como autónomos independientes no solo resulta relevante a nivel legislativo y judicial, sino también financiero. Lo observamos mirando las cuentas de Glovo, que actualmente tiene cerca de 300 empleados y más de 30.000 'riders' (7.500 de ellos en España): ¿cuánto se gasta la compañía en los sueldos de sus empleados y cuánto en las retribuciones a sus repartidores? Es difícil establecer cifras exactas, pero hay aproximaciones bastante cercanas. La empresa cuenta con el epígrafe 'Servicios de profesionales independientes', que, según su propia memoria, "recoge fundamentalmente el gasto correspondiente a los repartidores".

Según la nota de prensa remitida por la 'startup', en 2018 destinó 38,5 millones de euros a pagar a los 'riders', una cifra levemente inferior a los 45,7 millones que aparecen en el epígrafe de servicios de profesionales independientes que muestran sus cuentas. Si tomamos como referencia este segundo dato podemos ver la evolución, y las cifras hablan por sí solas: la 'startup' gasta cuatro veces más en los 'riders' que en los empleados y el coste de los repartidores representa el 47,3% de los gastos totales de la compañía.

La desproporción es evidente: Glovo tiene cien veces más repartidores (30.000) que empleados (300) y se gasta 4,4 veces más en los primeros (38,5 millones) que en los segundos (8,6 millones). ¿Es normal que una empresa tenga más colaboradores autónomos que empleados y que los pagos a los primeros representen casi el 50% de sus gastos? Roselló, de UGT, no lo cree: "La empresa depende totalmente de los repartidores. Aunque Glovo diga que es una empresa tecnológica, en realidad tiene muy poco capital tecnológico, es una empresa de reparto, y la mejor prueba de ello es esa desproporción entre repartidores y empleados. Y que los repartidores sean esenciales es la muestra de que no pueden ser simples autónomos, sino trabajadores".

Además, Rubén Ranz, coordinador del mismo sindicato, vuelve a poner el foco en las condiciones de los 'riders', llevadas a debate, sobre todo, tras la muerte de uno de ellos: "Glovo hace una media de 1.300 euros por 40 horas de trabajo a cada repartidor, pero a nosotros esas cifras no nos cuadran. Para empezar, para llegar a ese dinero el repartidor necesita hacer dos pedidos por hora y eso es imposible, hay muchos ratos muertos sin ningún pedido. Además cada repartidor paga Seguridad Social, el mantenimiento de su vehículo... unos 450 euros mensuales, según las encuestas y los datos que nos dan a nosotros los repartidores".

Deliveroo y Uber, hermanos mellizos

Glovo no es la única 'startup' con un modelo de crecimiento a base de financiación, aumento de las pérdidas y dependencia de trabajadores autónomos que luchan en los tribunales por ser reconocidos como empleados. En una situación muy similar se encuentra Deliveroo, que compite en su mismo sector. La filial española no presenta datos desde 2016, cuando facturó 3,8 millones de euros y perdió 5,6 millones, pero tampoco son unas cifras relevantes, ya que esta filial opera bajo la dependencia de la matriz, que le aporta dinero siempre que lo necesita.

La operativa fiscal central de Deliveroo se encuentra en Londres y su matriz corre una suerte muy similar a la de Glovo: en los últimos años ha ido aumentando su facturación pero también sus pérdidas. En 2017, último año que presentó cuentas, la compañía facturó 277 millones de libras, pero su balance final registró unas pérdidas de 178 millones.

Además, Deliveroo también anda constantemente pendiente de los tribunales. Y su última noticia fue una derrota histórica, la que le infligieron más de 500 repartidores, que fueron catalogados no como autónomos (la figura bajo la que trabajaban), sino como trabajadores totalmente dependientes. Esta victoria llegó merced al intenso trabajo de la inspectora de Trabajo María de Mingo Corral, que lideró las inspecciones contra la empresa y los argumentos a favor de los 'riders' en el macrojuicio.

La situación de Uber también se asimila a la de Glovo y Deliveroo. La compañía depende de autónomos tanto en la conducción de coches como en el reparto de comida a domicilio (Uber Eats). Más allá de juicios con dichos trabajadores, su mayor batalla se libra en el plano legislativo y judicial contra el taxi y las leyes autonómicas, que han supuesto su salida de Barcelona y su limitación en Madrid.

A nivel de negocio, su situación está peor que nunca: la compañía ha recibido más de u$s24.000 millones de financiación, pero no para de perder dinero, sus acciones en Bolsa están bajando y su llegada a beneficios se antoja cada día más difícil. De hecho, la propia compañía incluso reconoce la probabilidad de que llegue la catástrofe: "Es posible que no alcancemos la rentabilidad".

La supervivencia de estas compañías, por tanto, va mucho más allá de sus meras cuentas financieras. En el caso de Glovo, su futuro dependerá de revertir sus pérdidas millonarias, pero también de lo que los juzgados y la Inspección de Trabajo decidan sobre el tratamiento laboral que merecen sus 'riders'. Hasta que ambas situaciones evolucionen en uno u otro sentido, el futuro de la 'startup' española será una incógnita, indicó El Confidencial.

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