Vitalik Buterin, el cofundador de Ethereum, publicó un extenso ensayo en el que propone cambiar la forma en que se evalúa el avance de la inteligencia artificial.
Para el programador ruso-canadiense, la pregunta ya no debería ser si la IA es más inteligente que los humanos, sino en cuántas tareas distintas logra superarlos. Y la respuesta, según advierte, crece más rápido de lo que la mayoría percibe.
El planteo, compartido este lunes en la red social X, llega en un momento en que la adopción de IA generativa en la Argentina alcanzó el 68% entre profesionales, según el estudio Talent Trends 2026 de Michael Page, con un crecimiento del 25% respecto al año anterior.
Las tres olas que cambiaron todo
El creador de Ethereum organizó el avance de las máquinas en tres grandes olas históricas:
- La primera fue la Revolución Industrial, que otorgó a las máquinas capacidad de producción física a gran escala
- La segunda llegó con las calculadoras y las computadoras, que permitieron ejecutar tareas mentales gobernadas por reglas lógicas precisas
- La tercera y actual corresponde a los modelos de lenguaje, que adquieren habilidades a través del entrenamiento con enormes volúmenes de datos en lugar de recibir instrucciones explícitas
Lo que diferencia esta tercera ola, según Buterin, es la velocidad con la que expande su alcance. Mientras los molinos de agua y de viento del año 1500 solo superaban a los humanos en aprovechar fuerzas naturales para generar energía, los sistemas actuales ya abarcan programación, investigación, análisis de datos, comunicación y resolución de problemas.
El punto clave es que cada nuevo avance parece aislado, pero la acumulación produce un cambio difícil de dimensionar.
El umbral que nadie quiere cruzar
El cofundador de Ethereum también introdujo una definición provocadora de inteligencia artificial general. Para Buterin, una IA alcanza ese nivel cuando, instalada en un cuerpo robótico tras la desaparición repentina de los humanos, podría sostener la civilización por sí sola.
El momento en que eso ocurra, sostuvo, representaría un punto de no retorno en el que la posición dominante de la humanidad dependería solo de la inercia histórica y no de una ventaja real.
Sin embargo, Buterin no se limita al diagnóstico pesimista. Recordó que en los primeros años de la computación muchos asumieron que una máquina capaz de resolver ecuaciones complejas dominaría rápidamente tareas más simples como el reconocimiento visual, algo que tardó décadas en lograrse.
La pregunta abierta, dijo, es si los modelos de lenguaje actuales terminarán cubriendo todas las capacidades humanas o encontrarán un techo similar al de las tecnologías anteriores.
Cuándo las máquinas encuentran su límite
Si ese techo existe, el escenario que describe es optimista. Buterin escribió que "cada soldado raso se convierte en un gerente y cada gerente se convierte en un general", en referencia a un mundo donde las capacidades estratégicas, creativas y emocionalmente complejas quedarían en manos humanas mientras la IA se encarga de las tareas rutinarias. La abundancia material vendría de la automatización masiva en alimentos, vivienda e incluso medicina.
El dato resuena con fuerza en la Argentina. El Foro Económico Mundial proyecta 85 millones de empleos eliminados y 97 millones creados a nivel global entre 2025 y 2030. A nivel local, un relevamiento de la Universidad Siglo 21 mostró que el 75% de las empresas argentinas ya automatizó tareas con IA, aunque el 39,3% planea ampliar su plantilla en los próximos tres años.
La propuesta más audaz del ensayo es la integración profunda entre humanos y máquinas. Buterin plantea que tecnologías como las interfaces cerebro-computadora podrían mantener la relevancia humana al borrar la frontera binaria entre cognición biológica y artificial.
El ejemplo que ofrece es el del ajedrez: durante años, las asociaciones entre jugadores humanos y computadoras siguieron superando a las máquinas solas, incluso después de que los programas vencieran a los grandes maestros.
El ensayo también funciona como un llamado a la precaución institucional. Buterin expresó su apoyo a mecanismos de desaceleración y a un ecosistema de modelos abiertos que reduzca la concentración del gasto de capital en unos pocos sistemas de frontera.
La advertencia coincide con el reclamo que el secretario general de la ONU, António Guterres, realizó días antes en Ginebra al inaugurar el primer Diálogo Global sobre IA, donde pidió reglas globales urgentes para una tecnología que ya superó la capacidad de regulación de los estados.
Para quienes siguen la industria tech en la Argentina, donde casi 90 nuevas startups alcanzaron el estatus de unicornio en lo que va de 2026 impulsadas en gran parte por la IA, el marco de Buterin ofrece una herramienta útil.
En lugar de preguntarse si la inteligencia artificial reemplazará todo, conviene contar cuántas habilidades nuevas adquiere cada mes. El mapa cambia cada vez más rápido y, según el creador de Ethereum, todavía no dimensionamos del todo cuánto terreno ganó.