Antes de que SpaceX concretara su desembarco en Wall Street, Elon Musk ya había anticipado su plan para resolver uno de los problemas que más preocupa a la industria de la IA: la creciente demanda de energía.

A principios de junio, difundió algunos detalles de AI1, la versión preliminar del primer satélite concebido para funcionar como un centro de datos orbital, capaz de procesar cargas de IA directamente desde el espacio.

Más que un satélite experimental, el proyecto busca sentar las bases de una nueva infraestructura de cómputo capaz de superar los límites energéticos y físicos que hoy enfrentan los centros de datos tradicionales.

El plan empezó a tomar forma en febrero, cuando SpaceX anunció la adquisición de xAI.

En una entrada publicada en el blog de la compañía, Musk advirtió que la demanda mundial de electricidad para la IA no podrá sostenerse únicamente con infraestructura terrestre y anticipó una solución que parece salida de la ciencia ficción: trasladar parte de la capacidad de procesamiento fuera del planeta mediante una constelación de hasta un millón de satélites.

Y definió la operación como la creación del "motor de innovación verticalmente integrado más ambicioso de la Tierra (y del espacio)", que combina inteligencia artificial, cohetes, internet satelital y comunicaciones globales bajo una misma estructura.

Las ventajas que ofrece el espacio para procesar inteligencia artificial

Según Musk, los futuros centros de datos orbitales podrán aprovechar dos ventajas que el espacio ofrece de manera natural: acceso casi permanente a energía solar y una forma más eficiente de gestionar el calor generado por los procesadores.

Alejandro Cordero, CEO de Innova Space, coincide en que allí está uno de los puntos más fuertes de la propuesta. "La gran ventaja es la energía solar casi infinita y sin permisos de construcción ni limitaciones de red eléctrica", explica.

Además, agrega que el vacío espacial juega a favor de la refrigeración de los equipos, ya que permite disipar calor mediante radiadores sin necesidad de utilizar agua o aire.

Cuando esté completamente desplegado, AI1 tendrá unos 70 metros de punta a punta y 20 metros de altura. SpaceX asegura que podrá alcanzar una potencia de procesamiento de hasta 150 kilovatios, un nivel similar al de los equipos de alto rendimiento que hoy utilizan los centros de datos para entrenar y ejecutar modelos de inteligencia artificial.

AI1 también aprovecha desarrollos de Starlink V3. Según SpaceX, su arquitectura se apoya en apenas tres componentes clave:

Para Cordero, esa es una de las diferencias clave con los satélites tradicionales. "Un satélite normal recibe y envía datos. Este además los procesa. El valor ya no está en la conectividad sino en el cómputo que ocurre a bordo", resume.

Pero la propuesta también enfrenta dificultades. "No podés actualizar el hardware una vez lanzado y un millón de satélites también implica un millón de potenciales residuos espaciales", advierte.

La compañía prometió las primeras pruebas para fines de 2027 y, si todo avanza según lo previsto, un despliegue más amplio a partir de 2028.

El debate sobre la escala del proyecto de Musk divide a la industria

Pero si hay algo que genera debate no es tanto el concepto como la escala del proyecto. "La demanda de IA está saturando los datacenters terrestres. Pero la escala que propone SpaceX es una locura. Entre la ambición y la ejecución hay una distancia enorme", advierte Cordero.

Para el ejecutivo, el principal interrogante no es la física sino el costo del proyecto. "Hoy, con los números actuales, no cierra. Pero si Starship reduce el costo de lanzamiento, la ecuación cambia", sostiene.

Esa cautela también aparece entre algunos de los principales jugadores tecnológicos.

El CEO de Amazon Web Services (AWS), Matt Garman, calificó como poco realista la idea de desplegar hasta un millón de satélites en los próximos años, al considerar que existen costos demasiado altos y limitaciones industriales para sostener un proyecto de semejante escala.

Bezos tampoco descarta los centros de datos en el espacio, pero cree que las primeras instalaciones de gran escala podrían concretarse recién en las próximas dos décadas.

Google también explora esa posibilidad a través del Proyecto Suncatcher, que prevé lanzar dos satélites de prueba en 2027. Sin embargo, Sundar Pichai advirtió que antes de que la computación orbital pueda convertirse en una realidad comercial será necesario resolver importantes desafíos de ingeniería.

Para el analista Enrique Carrier, "el concepto de usar energía solar en el espacio es, al menos en teoría, muy atractivo. En la Tierra, la capacidad de construir centrales eléctricas gigantes es un proceso lento, costoso y poco popular", explica.

Y agrega que en dos o tres años SpaceX podría, "en el mejor de los casos", comenzar con este despliegue, aunque todavía estaría lejos de ofrecer una capacidad significativa.

Así, la discusión ya no pasa tanto por la viabilidad técnica de los centros de datos orbitales, sino por la escala y los plazos que demandará llevarlos del papel a la realidad.

Si Musk tiene razón, los próximos grandes centros de datos no se construirán sobre la Tierra. La incógnita es si esa transición ocurrirá en unos pocos años o si llevará varias décadas más de lo que imagina el fundador de SpaceX.

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