La idea de crear empresas manejadas por inteligencia artificial y sin empleados abrió un debate que ya trascendió las fronteras argentinas.

Mientras el Gobierno impulsa una reforma para reconocer legalmente a las llamadas "sociedades automatizadas", el historiador y filósofo Yuval Noah Harari advirtió sobre los riesgos de otorgar personalidad jurídica a sistemas de IA.

La discusión surgió tras la publicación de una columna del presidente Javier Milei en Financial Times, donde defendió un marco regulatorio favorable para el desarrollo de la inteligencia artificial y respaldó el proyecto de reforma de la Ley de Sociedades enviado al Congreso.

La iniciativa incorpora una nueva figura jurídica: las sociedades automatizadas, empresas que pueden operar de manera autónoma mediante algoritmos o inteligencia artificial, sin empleados ni intervención humana en sus tareas habituales.

El proyecto establece que estas empresas tendrán personalidad jurídica propia y responsabilidad limitada. Es decir, podrán realizar actividades comerciales y responder por eventuales daños únicamente con su patrimonio.

La reforma también contempla a las organizaciones autónomas descentralizadas (DAO), estructuras que funcionan sobre tecnología blockchain y utilizan tokens para coordinar sus operaciones.

La apuesta del Gobierno y la crítica de Harari

Según Milei, la propuesta se apoya en tres pilares:

La iniciativa fue elaborada por el Ministerio de Desregulación, el Ministerio de Justicia y la Secretaría Legal y Técnica.

La respuesta de Harari no tardó en llegar. En otra columna publicada en Financial Times, el autor de Nexus sostuvo que otorgar personalidad jurídica a la IA podría abrir la puerta a que agentes no humanos participen de la economía y la política sin enfrentar responsabilidades equivalentes a las de una persona.

Según planteó, estas entidades podrían poseer activos, contratar trabajadores, operar internacionalmente e incluso influir en procesos políticos.

El historiador puso el foco en un punto central: la responsabilidad. Mientras un empresario o directivo enfrenta consecuencias personales por sus decisiones, una IA solo tendría incentivos vinculados a la supervivencia de la organización que administra.

En ese sentido, advirtió que reconocer corporaciones gestionadas por IA podría derivar en formas de organización sin precedentes, con capacidad de acumular influencia económica y política y con mecanismos de control todavía inciertos.

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