Avi Schiffmann se convirtió en una figura conocida del mundo tecnológico antes de alcanzar la mayoría de edad. En 2020, con apenas 17 años, desarrolló un sitio web que se transformó en una de las principales fuentes de información global durante la pandemia de COVID-19.
Aquella experiencia no solo le dio visibilidad internacional, sino que también marcó el inicio de una carrera atravesada por decisiones poco habituales en el ecosistema emprendedor.
Uno de esos hitos fue rechazar una oferta de u$s8 millones por su página web, una cifra que hubiera significado una salida económica inmediata. Años más tarde, ese mismo joven volvió a quedar en el centro de la escena con el lanzamiento de Friend, un dispositivo de inteligencia artificial diseñado para funcionar como compañía permanente.
El creador del sitio más consultado de la pandemia
Durante los primeros meses de la crisis sanitaria global, Schiffmann lanzó nCoV2019.live, una plataforma que recopilaba datos oficiales sobre la evolución del coronavirus en tiempo real. En pocas semanas, el sitio alcanzó decenas de millones de visitas diarias y fue utilizado por medios, investigadores y usuarios de todo el mundo.
El éxito del proyecto despertó el interés de empresas dispuestas a monetizar la audiencia mediante publicidad. Una de ellas le ofreció u$s8 millones para incorporar anuncios, pero Schiffmann decidió rechazar la propuesta. Su argumento fue que no quería comprometer la neutralidad del sitio ni afectar la experiencia de los usuarios.
Esa decisión fue leída como una excepción en un sector acostumbrado a priorizar la monetización temprana. En lugar de capitalizar el tráfico, el joven optó por mantener el sitio sin publicidad, una postura que consolidó su perfil público y le valió reconocimiento institucional y premios.
Luego del impacto del proyecto, Schiffmann ingresó a Harvard. Sin embargo, abandonó la universidad tras un semestre para enfocarse en nuevos desarrollos tecnológicos y en iniciativas vinculadas a crisis humanitarias, como plataformas de ayuda para refugiados.
Avi schiffmann creó Friend, un collar inteligente que escucha y charla todo el día con el usuario
Friend y el debate sobre la inteligencia artificial emocional
Tras sus primeros proyectos de alto impacto social, Schiffmann decidió explorar un terreno distinto: la inteligencia artificial aplicada a la compañía emocional. Así nació Friend, un dispositivo físico que se lleva colgado del cuello y que funciona como un asistente conversacional permanente.
El aparato cuenta con micrófono y conexión al teléfono del usuario. Escucha el entorno y responde mediante mensajes de texto, utilizando modelos avanzados de lenguaje para interpretar contexto y hábitos cotidianos. A diferencia de otros asistentes virtuales, Friend no está pensado para tareas productivas, sino para mantener conversaciones informales.
La magnitud de la apuesta quedó reflejada en una de sus primeras decisiones comerciales: la startup pagó u$s1,8 millones por el dominio friend.com, una cifra que representó gran parte de su capital inicial. El proyecto también consiguió respaldo de inversores vinculados al sector tecnológico.
El lanzamiento fue acompañado por una campaña publicitaria masiva en Nueva York, con miles de anuncios en el sistema de metro. La iniciativa generó una fuerte reacción negativa: varios carteles fueron intervenidos con mensajes críticos y el producto quedó en el centro del debate público.
Las objeciones apuntaron principalmente a la idea de que una inteligencia artificial pueda reemplazar vínculos humanos reales o fomentar relaciones de dependencia. También surgieron cuestionamientos sobre privacidad y el uso de datos personales captados por el dispositivo.
Desde la empresa, Schiffmann sostuvo que la reacción era esperable y que la controversia forma parte de la estrategia para instalar la discusión sobre el rol de la tecnología en la vida cotidiana. Según su visión, la soledad es un problema creciente y la IA puede ofrecer una forma alternativa de interacción.
A los 17 años, creó una web que medía la propagación del COVID. Rechazó u$s8 millones para venderlo
Este debate se da en un contexto más amplio en el que la inteligencia artificial ha ido tomando protagonismo en distintos ámbitos. Por ejemplo, muchas empresas ya utilizan IA en sus negocios, con un 80% de firmas regionales que han incorporado proyectos de este tipo.
Además, existen casos en los que la IA se emplea —y se expone a riesgos— como estafas que buscan engañar a las personas a través de tecnología de voz o suplantación. En paralelo, algunas grandes compañías avanzan en sus propias iniciativas de IA, como Meta con su proyecto de "IA personas", que busca generar experiencias conversacionales similares a la interacción humana.
El recorrido del joven desarrollador resume una de las tensiones centrales del debate tecnológico actual. El mismo creador que rechazó millones para no monetizar un servicio público impulsa hoy un producto que abre interrogantes sobre los límites de la inteligencia artificial. Para algunos, se trata de una innovación legítima; para otros, un experimento social de alto riesgo.